¿Cuestionar o no cuestionar? Es el dilema

Convengamos, lector, que vivimos en un mundo digital, un mundo que va a toda velocidad, un mundo que no duerme, que se vive a través de pantallas, sean estas de teléfonos, computadoras o una que otra Smartv. Y aquel que quiera negar esta realidad debe vivir en un mundo paralelo.

Consumir contenidos todos los días a través de las redes sociales, el internet y la publicidad; ser bombardeados por infinidades de mensajes en forma de imágenes, contenidos fáciles de consumir, que no requieren análisis profundo; ser consumidores ya sea activos o pasivos; son cosas que definen el espíritu de la época. Dentro de este panoráma, se vislumbran dos caminos: en primer lugar, podemos darnos el lujo de seleccionar y curar aquellos contenidos que absorbemos y mimetizamos diariamente, en el segundo, estamos condenados a un infierno Dantesco, a una espiral de información incontrolable, junto al canservero digital, a saber, las imágenes, los símbolos y los signos, que llegan para poblar nuestra psiquis.

Sin ánimo de ser apocalíptica, ni catastrofísta (dejemos esas manías a los Frankfurtianos crípticos, bien familiares con el tema) lo que quiero es invitarlos a reflexionar qué contenidos digitales consumimos, de qué maneras pasamos nuestro tiempo y cómo lo utilizamos. Un ejemplo canónico es aquel del adolescente que decide pasar horas y horas de su día “surfeando” los feeds de su Instagram, Twitter y hasta Facebook cuando está muy aburrido. Ahora hagamos una pregunta hipotética ¿Piensan ustedes que todas las imágenes con las que son bombardeados, todos los videos cortos que desaparecen para ser reemplazados por otros y los pensamientos de 140 caractéres, tienen como trasfondo contenidos útiles, informacionales, reflexivos y que nutren su formación? Dejaremos la pregunta al aire y que cada uno de ustedes la responda como prefiera.

Somos los dueños de lo que vemos todos los días. Debemos llenar nuestra realidad digital de contenidos que refuerzen aquello que nos mueve, aquello que aporta, aquello que transgrede de la manera que preferamos. Además pensemos que si vamos a estar encadenados a la tecnología por el resto de nuestras vidas, debemos hacer que valga la pena. Subyuguemos aquello que por algún tiempo nos ha hecho sus esclavos. Domemos la tecnología y no dejemos que suceda lo contrario ¡A la carga!

Con estas reflexiones me despido, saludos, vayan por la sombra…

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