El periodismo ha muerto …casi

Desde hace unos cuantos años nos hemos visto envueltos en el engorroso debate de pagar o no pagar por los contenidos que consumimos. De repente todas las plataformas comenzaron a cobrar por sus servicios y nosotros, dignos consumidores de la era digital, entramos en pánico, pues no hay nada peor que no obtener lo queremos y cuando lo queremos.

Nombres como Spotify, Apple Music y Netflix comenzaron a volverse el pan de cada día,y fue así como de un día para otro todos estaban pagando por aquello que querían ver o oír. La generación del contenido gratuito iniciaba su fin.

Ahora bien, mi punto no se ha hecho claro todavía, pero iniciaré con una pregunta: Por qué estamos dispuestos a pagar por series, películas, música, aquellos que conocemos en el rubro como contenido on demand, pero no así por la información que adquirimos?

Voy a esperar unos breves minutos para que procesen esta pregunta, pues es la base de todo lo que plantearé a continuación…

La rama periodística es una de las más antiguas del mundo, aquella que durante siglos ha logrado ponerse diferentes máscaras, portando diferentes estandartes y defendiendo diferentes intereses. Ya allá, piensen ustedes en los inicios del siglo XX; tras la llegada del comunismo a la madre Rusia, la primera guerra mundial y la caída del imperio Británico, la industrialización masiva del trabajo, y la creación de sindicatos, la información se comenzó a democratizar! — siendo la democratización, una palabra rimbombante, que no significa más que una liberación del contenido, a la que teóricamente son bienvenidos todos.

Debo sin embargo advertirles que este no fue un proceso espontaneo, por el contrario, fue un maquinaje que echo a andar en 1789 después de la Revolución Francesa de la mano de sus pensadores, quienes creían en la igualdad como uno de sus principios rectores. Así pues, después de la ruptura definitiva de aquel herraje de antaño, las personas del común (léase obreros, granjeros, artesanos) vieron realizado el sueño aquel de “movilidad social”, pudiendo así embarcarse en nuevos oficios, antes restringidos, uno de estos siendo el periodismo.

Nuevas generaciones de comunicadores llenaron las filas durante lo que fue un siglo de vertiginosas transformaciones. La radio y la televisión no dieron tregua a los medios impresos quienes se vieron acechados, nadando en un naciente mar de información que tendría su apogeo con la llegada de la World Wide Web.

El internet llegó como un trasgresor de todo aquello que había sido. Ahora con toda la información a la mano, la democratización tan deseada era tangible; un sueño marxista, una herramienta para todos, proletarios y burgueses. Pero como todos ustedes saben la competencia en nuestro mundo no da espera, el reloj siempre esta corriendo y los diferentes medios en sus diferentes formatos iniciaron una carrera -para no perder o atraer nuevas audiencias- que escaló de manera rápida.

Al inicio de esta competencia podemos rastrear los tabloides: noticias no verificadas, sin la requerida investigación, que ven la luz del mundo con el simple propósito de vender. Nada nuevo a lo que vivimos ahora, pensarán ustedes, y así es, nada es nuevo bajo el sol, pues este es el mismo esquema que cuentas redes sociales como Facebook o Twitter utilizan para ganar visitas, que en el mundo digital se traduce en dinero $.

Las noticias falsas o “fake news” circulan nuestros contenidos diariamente y de diversas maneras. No es una sorpresa entrar a Facebook y encontrarse con una noticia que ha sido compartida por cientos de personas, que no han verificado si aquello que transmiten tiene algo de verdad dentro de sí. (Ustedes sabrán a lo que me refiero si alguna vez vivieron algun tipo de contienda electoral en sus paises: situaciones que ponen a hervir a las redes sociales) Ahora bien, en el titulo de este artículo hablo del fin del periodismo como lo conocemos, y en mi opinión esto deviene de un simple factor: la remuneración.

Desde la llegada de las noticias online, disponibles 24/7 hemos comenzado a creer que de alguna manera tenemos el derecho de recibir todo gratis (incluido el trabajo que realizan otras personas). Esta dinamica puede resultar favorable para algunos que me leen del otro lado de la pantalla, pero quiero comentarles que se convierte en un ciclo tóxico para aquellos que viven, o esperamos vivir del periodismo.

Ahora el trabajo de los que antes se dedicaban a investigar y a crean noticias con contenido, se ha transformado en conseguir sponsors, ubicar anuncios, entablar relaciones con Google ad works y miles de otras maneras de conseguir dinero. Esto nos deja en “la era del click,” que es lo único que se pide de los consumidores.

Así pues, queridos lectores, no quiero extenderme mas porque este post da para un ensayo completo, pero quiero dejarlos partir con la idea de que el periodismo de calidad tiene un costo. No estoy exhortando a que los periódicos y canales cobren fortunas por acceder a sus contenidos, de ninguna manera. Lo que si digo, es que debemos enfrentar la realidad, viendo así que el periodismo es un oficio como cualquier otro. Un periodista necesita tiempo y recursos para llevar a cabo su tarea con precisión y exactitud. Debe tener un salario digno, al igual que otras profesiones, y esto se logra nada más y nada menos con el flujo de dinero que viene de las compras que realizan los usuarios, no importa si son las ediciones impresas u online.

Entonces, dejemos de quejarnos por los malos contenidos, por la trivialización de la información y la circulación de noticias falsas y mejor apoyemos al periodismo serio y de calidad. Dejémonos de sandeces y comencemos a rescatar al moribundo oficio que todavía puede renacer ¡Así que démosle el lugar que se merece!Me despido después de haberlos hecho leer más de lo que esperaban jaja Au revoir.

*Puede iniciar esta revolución suscribiéndose a un periódico o a una revista (local o internacional), con la promesa de que va a ser un dinero bien invertido.

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