Sana que sana colita de rana

Illustración de Pinterest

Queridos lectores,
 Mi post de hoy inicia, en realidad, el día de ayer, por lo que me veo obligada a retroceder en el tiempo para explicarles mi compulsivo deseo de escribir sobre el tema (paciencia, ya en contadas lineas abordaré el meollo del asunto, pero antes…)

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 En horas de la tarde, scrolleando mi feed de Facebook, aburrida y consumida por el contenido repetitivo y familiar que suele ser el sino del medio, un post capturó mi atención.

Para mis lectores hispanohablantes, la imagen lee algo como:

Patricio: ¿La cobertura de la salud es un derecho?

Calamardo: No Patricio, la cobertura de la salud no es un derecho. Tú no tienes derecho a reclamar nada del trabajo de otras personas.

… no Patricio, el acceso a Internet tampoco es un derecho.

Ahora bien, este post llamó mi atención no por sus colores, ni por sus personajes sino porque deja entrever una verdad que se propaga como yerba mala en nuestra sociedad. Cuál, se preguntará el lector incauto. Pues bien, aquella que reza que el Estado no debe garantizar el derecho a la salud de sus ciudadanos.

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Iniciemos con una breve mención a una de las variantes de la teoría del estado, propuesta por el autor contractualista Jean-Jacques Rousseau, que explica porqué vivimos bajo la sombra de este gran actor social (i.g. el Estado). Según el autor francés, el estado natural de los hombres es el salvajismo, la barbarie y el desorden, sin embargo, decidimos someternos a la voluntad de un Estado gracias a un contrato social implícito que nos obliga a todos a vivir bajo ciertas norma y reglas. Siguiendo esta linea, es pertinente decir que este sometimiento, como es natural, debe significar algún beneficio para aquellos individuos que hacen parte del contrato, y la verdad es que sí: cosas como la seguridad, el cuidado, el orden y la regulación de las relaciones entre personas hacen que el contrato sea atractivo para los adquirientes.

De acuerdo con esta visión, el sometimiento mencionado implica que es deber del Estado, cualquiera que este sea, cuidar de sus ciudadanos. El cuidado del ciudadano, además de lo mencionado arriba, también engloba el derecho a la salud y al bienestar.

Pero hay un factor que juega en contra: la economía mundial que se rige bajo los principios del Liberalismo o Neoliberalismo — teoría interesantísima, cuya comprensión es vital para cualquier ciudadano moderno, por lo cual les recomiendo revisarla por su cuenta, en caso de que no la hayan estudiado con anterioridad, porque el espacio en el blog es restringido — que gira alrededor del interés de los privados. Este interés, vale la pena recalcar, es meramente económico y no tiene interés en los individuos per se, viéndolos como meros actores cuya voluntad es su único atributo rescatable.

¿En qué momento dejamos que el mercado rigiera las leyes de nuestros Estados? ¿En qué momento empezó a importar más el interés de unos pocos por sobre el de la mayoría?

En el neoliberalismo se postula a la salud como un “commodity” y no como un derecho, lo que significa que aquellos que pueden acceder a ella por sus propios medios están a salvo, mientras que aquellos que no, deben y son dejados a la deriva. Aquel que promulgue que en nuestras economías y Estados todos están en capacidad de acceder al sistema de salud por su cuenta, tal como se postula en la teoría, es un ciego irremediable, porque no hay nada más alejado de la verdad. Para hacer uso de ese pintoresco refrán popular: del dicho al hecho, hay mucho trecho.

“La salud y el cuidado de esta no existen para mover la economía. Están dentro de las metas sociales para las cuales existe la economía” dice el Dr. Alex Benoss portavoz de Physicians for a national health program, postulado con el que, dicho sea de paso, no dudo en comulgar.

Las economías nacionales generan riqueza, pero alguna vez pensaron ¿Qué se hace con ella? ¿En qué se invierte; en el beneficio de unos pocos o en metas más amplias como la salud de aquellos ciudadanos que cuentan con ese Estado como único protector?

No, queridos lectores, no se dejen engañar, la inequidad y la injusticia social existen. La competencia libre, la igualdad de oportunidades son meras utopías, por lo que mientras estos problemas sigan existiendo va a ser el deber de ese Estado, cuidar de aquellos más vulnerables, sabiendo que para eso deben ser usados los recursos.

Con esta breve catársis me despido, en verás de encontrar más de este tipo de contenidos en mis redes sociales, que me permiten tratar algunos de los temas más controversiales de la actualidad, así que respóndanme con sus comentarios, los leo.

Como un caramelito antes de que se vayan les dejo este video del genio Noam Chomsky defendiendo de salud y la educación pública.

https://www.youtube.com/watch?v=HdI55qd-Ri0

Vayan por la sombra…

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