Así sería leer las noticias en el futuro de Hanna-Barbera (1962)

2015, el año del futuro.

O al menos lo era para Marty McFly. En mis tiempos de primaria, los libros decían que en el 2000 los coches iban a volar. Después me emocionaba con el retro-futurismo de Hollywood y la televisión: Volver al Futuro, Los Simpson, El Quinto Elemento, Inspector Gadget, Los Supersónicos… Cada quien proyectando su propia visión de cómo sería vivir en el futuro.

Ya es 2015 y no tenemos coches voladores, ni siquiera patinetas. Pero, hace veinte o treinta años, ¿quién iba pensar que podrías leer las noticias fuera del papel? ¿O ver en tiempo real a la persona al otro lado del teléfono? Pues hubo quienes se dedicaron a imaginarlo y, más tarde, quienes se dedicaron a crearlo: a diseñar el futuro.

¿Y en verdad son las películas las que influencian el diseño del futuro? Predicciones, coincidencias, utopías… Podemos llamarlo de muchas maneras. Lo cierto es que imaginar el futuro te acerca a él. Una vez que piensas cómo sería, se vuelve una profecía que se cumple a sí misma.

El diseñador es por naturaleza un futurista. Tiene el poder de encaminar el futuro, pero sobre todo de predecirlo. De pensar, no en cómo son las cosas, sino cómo deberían ser y trabajar para hacerlas realidad.

Todos los días el futuro está aquí. La comunicación, el trabajo, la moda, el transporte y prácticamente todo lo que nos rodea depende en menor o mayor medida, de la tecnología que alguna vez fue soñada.

Tal vez en pleno 2015 “el futuro” de algunas películas y series sea lejano a la realidad. Pero si algo nos han enseñado, es que lo que tenemos, es gracias a los soñadores. Aquellos que plantean versiones del futuro y cómo lograrlas con las herramientas que tenemos en el presente. Experimentar, simular, asumir soluciones para los problemas que aquejan a la humanidad. Explorar todas las posibilidades y pensar más allá del “hoy”, es lo que da alma, sentido y dirección al diseño.