El poder de la persistencia
El último año sentí un ligero estancamiento. Creo que lo comenté en un escrito anterior, pero llegar a un objetivo requiere de tres puntos: tiempo, esfuerzo y concentración. La intersección de estas tres esencias puede lograr en nosotros un equilibrio muy poderoso que, tarde o temprano, nos hará llegar a nuestro objetivo. A veces, como está sucediendo en mi caso, más tarde que temprano.
Hasta hace algunos años, el hecho de perder peso no significaba un proceso traumático. Por el contrario, mis idas y venidas emocionales se traducían, rápidamente, en la balanza: en dos o tres semanas perdía el peso adquirido, y lo recuperaba en el curso del mes. Y por aquél entonces no creía en lo que era para mí un mito: “Con la edad, perder peso se hace más difícil”.
Pero terminó siendo verdad. Ahora esos cinco o seis kilos que quemaba en un mes, me están significando una lucha de casi seis meses. Estuve probando de todo: contar las calorías, reducir el consumo de carbohidratos, ausentarme de las reuniones de fines de semana, ver vídeos motivadores, leer recetas mágicas, huir de la cocina del trabajo los viernes por la mañana ( Carmen, preparas una comida deliciosa ), pero nada había estado dando resultado. El problema, creo yo, no estaba en lo que hacía, sino en la actitud que tomaba.
Es decir, siempre era una actitud de huída. Normalmente, y por el hecho de que somos animales pensantes, pero instintivos en sí, el cuerpo siempre inventa miles de excusas para cambiar un hábito, y este evitar, o huir del asunto se convierte en órdenes irrevocables en el cerebro, que se presentan a modo de excusas. Los pensamientos entrometidos de los que hablé en el anterior post.
Pero, como todo, en estos casos la perseverancia es la que termina por imponerse. Y siento que eso es lo que está pasando en mi caso, porque cada vez estoy más convencido de los pasos que voy dando y el cuerpo, aunque de a pocos, está venciendo ese temor. Son dos cosas que han mejorado estas dos últimas semanas:
- Después de la operación de hace cuatro años, el médico me prohibió que entrenara artes marciales. Y un problema renuente al momento de patear con la pierna izquierda, me hacía pensar, a veces, que tenía razón. Sin embargo seguía con los estiramientos e intentaba disfrutar de ellos, a pesar de que había un poco de dolor. Hace una semana, después de un par de días de descanso, hice una patada con la pierna izquierda y sucedió: la cadera giró sin problemas, no hubo molestia alguna y alcé la pierna más allá de mi cabeza, logrando mantener con cierta comodidad mi pie por más de un segundo a la altura de las circunstancias. Creo, incluso, que lo he hecho mejor de lo que lo había hecho anteriormente, antes de la operación, y allá por mis veinte años, en los entrenamientos.
- He podido controlar las comidas de las noches, evitando los carbohidratos, solo los necesarios para después de un entrenamiento intenso. En general he logrado controlar mejor la alimentación diaria, con excepción de los viernes ( Carmen, ¿ Por qué preparas esos almuerzos tan pecaminosos ? ) y con el siguiente valor agregado: ya no me estoy preocupando mucho por lo que como, porque voy comiendo mejor.
Uno de los artistas marciales que más admiro es Bruce Lee. No solo por su devoción por el arte, sino por la filosofía detrás de su práctica, que tiene raíces taoístas y budistas. Alguna vez, una amiga sonrió porque pronuncié aquella frase tan famosa “Be water, my friend”, porque en su imaginario era dicho por un artista y no por un filósofo. En realidad, la frase tiene un origen taoísta y Lee, antes que actor, era un pensador a tiempo completo y un mejor artista marcial. Y un ejemplo increíble de superación personal. Por eso de todas de sus frases, esta es una de las que más me gusta:
“La derrota es un estado mental. Nadie será derrotado a menos que la derrota sea aceptada como realidad”.

