Edde de dado

Te hacen daño y encima hay que pagar.

Acabo de llegar del dentista y pocas palabras puedo pronunciar en condiciones, sobre todo las ‘r’ que son las que más requieren de la lengua al parecer. Hablo de una manera un tanto rara, como con dejadez, parece que o bien no sé hablar o que me he tomado tres litros de vino. Raro, raro, raro. Como aquí no tengo que hablar puedo contar sin problemas estos últimos días que creía sinceramente que podría escribir blogs.. pero se ve que no.

Estos días la verdad han sido un poco raros, por las mañanas he estado como siempre currando, que si JavaScript por aquí, que si node.js por allí, un poco de PHP y más consultas de mongodb. La verdad es que no me quejo, me gusta mi trabajo y todo lo que implica. Aunque no todo sea bonito como el nuevo desarrollo pero bueno, siempre se puede tomar como “nuevo desarrollo” algún parche que otro. Las tardes las he dedicado a ir haciendo cosas de casa, algún ratillo de Guild Wars 2 y algún otro de un League of Legends de rapideo. Las noches sí han sido un poco más raras porque me he dedicado a ver con mi novia Stranger Things y puedo decir que me ha hecho ilusión que se haya enganchado a una serie conmigo. He de decir que la serie es bastante predecible en cada paso que da pero mi novia es demasiado buena previendo cosas y ¡lo adivinaba todo la tía!. No voy a hablar más de la serie porque no quiero hacer spoilers pero bueno, ya te contaré.

Mi visita al dentista ha sido rápida pero intensa. He de decir que he ido con mi madre, y no me arrepiento, ha hecho que vaya más tranquilo. He ido al dentista, que yo recuerde, dos veces en mi vida: una de pequeño para un mini-empaste en una muela de leche y otra hoy. Hoy tenía cita por una caries que me he visto hace unos días y no quería que fuese a más. Al llegar he pasado directamente a una de las muchas salas que había en la clínica. Por fuera no parece ni un quinto de lo que es por dentro, me ha dejado de piedra. Me he sentado en el típico asiento de cliente de dentista. Muchas herramientas por todos sitios, un vasito de agua y una luz que parecía el sol. Hasta he sudado.

Me ha empezado a abrir la boca como si fuese una gomilla que te quieres poner en la muñeca y ha empezado a mirar con el mini-espejo y a rallar dientes con otro utensilio puntiagudo de dentista. Cuando mi boca ya tenía la goma pasada y parecía que había dado de sí, el dentista se aparta un poco y me dice que tengo tres caries, una más chunga y las otras dos más superficiales. “¿Por dónde empezamos?” pregunta. Claramente le respondo que hoy sólo trabajará con la más chunga y las otras tendrán que esperar a la siguiente semana.

Me dice que va a poner un poquito de anestesia, un poquito. Me dice que lo más doloroso de lo que iba a hacer era el pinchazo de la anestesia así que yo me esperaba que eso me iba a pinchar como lo inimaginable, todos sabemos que la boca es delicada. Antes de que hayas terminado de leer esta frase dice: “¿Lo has notado?”. Ya me había colocado la anestesia. Se ponen a hablar unos minutos mientras yo siento como se me derrite media cara. Hormiguea y se siente como acartonada — vamos, ahora me siento más o menos igual — . Cuando decide oportuno comienza el tema. Saca el mini-taladro y comienza a taladrar mi muela a mansalva. Yo veía y saboreaba mi propio molar en polvo. Eso es otra, tragar.. poco. Cuando termina toda la minería me adjunta todo lo relativo a lo que es un empaste, no soy dentista pero asumo que hace falta una pasta y algo de calor para que cuaje. Para mi sorpresa la herramienta de “secado de pasta” es parecida a un termómetro de esos que se ponen en el oído e irradia ultravioletas al parecer ¡Ah! y suena como si te estuviese tomando la temperatura con perfectos piii de termómetro. Me he enjuagado mi media boca y he soltado todas las babas que albergaba en mi garganta en un pequeño lavadero que había a mi izquierda y me he ido a la entrada a pagar y a hacer la próxima cita.

Te hacen daño y encima hay que pagar. Hay que ver. No sólo eso, sino que te hacen sentir como que tienes que ir más, como si fuese divertido o te enganchase como otra especie de droja. En fin, eso ha sido todo, a ver qué hago ahora porque todavía tengo la boca dormida y al parecer hasta que no se me pase más no puedo comer nada. Tampoco puedo comer nada duro ahora. Si es que hay que ver, te prohíben más cosas que las madres.

Bueno, lo dejo por hoy y próximamente más. ¡Hasta la próxima!