El fraude de los Cascos Blancos

Hollywood ha vendido otra mentira, pero el establishment político, mediático y cultural no lo denunciará

Philip Giraldi

En realidad, me impuse la obligación de ver el documental The White Helmets (Los Cascos Blancos), que está disponible en Netflix. Dura 40 minutos, es de gran calidad cinematográficamente hablando y cuenta una historia de forma muy convincente y que fue promocionada como “la historia de unos héroes de la vida real y de una esperanza imposible”.

En líneas generales, es una impresionante obra de propaganda, tanto que ha ganado numerosos premios, incluyendo el Óscar al Mejor Documental Corto este año, y los mismos Cascos Blancos, autores y protagonistas del mismo, fueron nominados para el Premio Nobel de la Paz. Es un hecho innegable que el documental ha colaborado a modelar la idea que tiene la gente de lo que está sucediendo en Siria, ofreciendo un cuento maniqueo que presenta a los “rebeldes” como los buenos y a Bashar al Asad y su gobierno como los malos de remate.

Se ha informado de manera fiable que a celebridades como George Clooney, Justin Timberlake y Hillary Clinton les ha gustado el documental de los Cascos Blancos y lo han promocionado como la verdad de lo que sucede en Siria. Pero, evidentemente, no es así. La película, que fue hecha por los propios Cascos Blancos sin ninguna verificación externa de lo que se dice en ella, retrata al grupo como una organización “heroica” e “imparcial” dedicada al rescate de vidas y primeros auxilios.

Ahora bien, en las escenas de heroísmo bajo el fuego no se muestran las relaciones de los Cascos Blancos con el grupo Yabhat al Nusra, afiliado a Al Qaeda, y su participación en las torturas y ejecuciones de opositores “rebeldes”. De hecho, los Cascos Blancos solo están presentes en territorios controlados por los rebeldes, lo cual les permite dar forma a la narrativa sobre quiénes son y qué está pasando en el terreno.

Debido a la creciente conciencia de esta realidad, hay ahora cada vez más voces que están pidiendo a la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas que les retiren el Óscar, ya que el documental es una deliberada y total tergiversación de lo que son realmente los Cascos Blancos.

De hecho, los Cascos Blancos se han convertido en una importante fuente de noticias, con “testigos oculares”, sobre lo que está sucediendo en muchas partes de Siria donde, por temores más que justificados, no hay periodistas europeos y estadounidenses. Todo forma parte de un esfuerzo “rebelde” más amplio y exitoso por fabricar falsas noticias sobre supuestos crímenes de guerra cometidos por el gobierno de Damasco contra la población civil.

Ciertamente, los Cascos Blancos han salvado algunas vidas en circunstancias peligrosas, pero también han exagerado su papel humanitario mientras viajan, con sus equipos de filmación tras ellos, a los lugares donde se han producido bombardeos. Una vez en el lugar, sin observadores independientes, pueden organizar las grabaciones para que se conformen a sus intereses. Han difundido sistemáticamente relatos falsos sobre supuestas atrocidades de las fuerzas gubernamentales contra civiles, con el fin de alentar la intervención militar exterior en Siria y provocar un cambio de régimen en Damasco. Los Cascos Blancos, por ejemplo, fueron quienes propagaron las historias totalmente falsas, pero muy efectivas como propaganda, sobre el uso por parte del gobierno de las llamadas “bombas de barril” contra la población civil.

Los Cascos Blancos fueron, en gran parte, una creación extranjera que adquirieron notoriedad después de los disturbios que se desarrollaron en Siria en 2012 como resultado de la Primavera Árabe. En la actualidad, son financiados en buena parte por varias ONGs y gobiernos, incluyendo al Reino Unido y algunos estados miembros de la Unión Europea. Estados Unidos les ha ayudado directamente con 23 millones de dólares a través de la Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID) a partir de 2016 y, seguramente, con mucho más dinero por vías indirectas. Max Blumenthal ha investigado con cierto detalle varias fuentes de financiación y relaciones que la organización tiene, sobre todo en Europa y Estados Unidos.

Scott Ritter, que ha sido inspector de armas de la ONU, ha explicado que los Cascos Blancos no están entrenados para hacer los complicados trabajos de rescate que se muestran en sus vídeos y que han contribuido a crearles una reputación, tales como los rescates de civiles atrapados bajo los escombros de edificios bombardeados y la atención médica de emergencia necesaria para salvar vidas. Como experto en el manejo de materiales peligrosos con el equipo New York Force 2 USAR, Ritter dice que “estos vídeos son, de hecho, pruebas de una peligrosa incompetencia o, lo que sería aún peor, de un fraude […] El pan de cada día al que se debe la reputación autoconstruida de los Cascos Blancos es el rescate de una víctima — generalmente un niño o niña — de debajo de un montón de escombros, normalmente de hormigón armado […] Las técnicas empleadas por los Cascos Blancos no son solo técnicamente incorrectas, sino peligrosas para quienes supuestamente están atrapados […] En mi opinión, los vídeos son puro teatro, realizados para impresionar a una audiencia no precavida o efectuados con total desprecio para la vida y la seguridad de una víctima real”.

Ritter también menciona la falta de preparación para el manejo de productos químicos, tal como puede observarse en los vídeos realizados por los Cascos Blancos sobre su actividad el 4 de abril en Jan Sheijun. Señala que “al igual que en los casos de sus ‘rescates’ de víctimas en estructuras bombardeadas, creo que los trabajos de rescate de los Cascos Blancos en Jan Sheijun son mero teatro, concebido para impresionar a personas ignorantes y mal informadas […] A través de sus acciones […] los Cascos Blancos fueron capaces de dar vida a la narrativa general sobre un ataque con armas químicas, desviando la atención del hecho de que no hubo ningún arma real […]”.

Pero quizá la acusación más seria formulada contra los Cascos Blancos consiste en que hay evidencias de que han participado activamente en atrocidades, como torturas y asesinatos, cometidas por sus patrocinadores de Al Nusra. Hay numerosas fotografías de los Cascos Blancos junto con terroristas armados y también celebrando la ejecución de víctimas y los asesinatos de soldados iraquíes. El grupo tiene una excelente relación de trabajo con varios afiliados yihadistas y es considerado por estos como compañeros muyahidines y “soldados de la revolución”.

Hay que tratar por todos los medios que se revoque el Óscar concedido a los Cascos Blancos debido a la tergiversación y el fraude. Incluso podría servir como una llamada de atención para George Clooney y sus amigos de campanillas. Pero la lección más importante de este cuento de los Cascos Blancos es comprobar cómo un crédulo gobierno estadounidense ha repetido lamentablemente el engaño, destrozando Oriente Medio mientras los ciudadanos norteamericanos son cada vez más pobres y están menos seguros. Un grupo de “moderados”, en este caso sus propagandistas, es apoyado con armas y dinero para derrocar a un gobierno con el que EEUU no tiene ninguna disputa real; pero resulta que los “moderados” son en realidad unos extremistas.

Si consiguen cambiar el régimen de Damasco, entonces comenzarán las verdaderas pesadillas para las minorías dentro de Siria y para toda la región, incluyendo Israel y Arabia Saudí, que parecen querer tumbar a Bashar al Asad. Y el hecho verdaderamente desafortunado es que los israelíes y los saudíes han convencido, aparentemente, a un ignorante Donald Trump de que ese es el camino a seguir, por lo que la situación empeorará y, a menos que haya una corrección de dicho curso de acción, Washington volverá a ser merecedor de la mayor parte de la culpa.


Philip Giraldi fue oficial de la CIA y de los servicios de inteligencia del ejército de EEUU, y pasó 20 años en Europa y Oriente Medio trabajando en casos de terrorismo. Es licenciado con honores por la Universidad de Chicago y tiene el doctorado en Historia Moderna por la Universidad de Londres. En la actualidad, es director ejecutivo del Consejo de Interés Nacional.

Publicado originalmente en: The Fraud of The White Helmets, The Unz Review, 4/07/2017

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)