Elecciones presidenciales en Irán

El candidato Ibrahim Raisi en el momento de votar. (Foto: AFP / EPV)

Fariborz Saremi

Aunque los ciudadanos de Irán sufren los obstáculos de un sistema político defectuoso en el que las elecciones no son limpias ni libres, insisten en seguir un camino pacífico hacia una mayor libertad política y social.

La participación en las elecciones es toda una declaración en sí misma: un 75 por ciento, frente a, por ejemplo, un 56 por ciento de las elecciones de 2016 en Estados Unidos. Su recompensa es que el presidente en funciones, Hasán Rohaní, un reformista moderado, ha obtenido una victoria aplastante, recibiendo el 57 por ciento de los votos.

Si este extraordinario resultado es visto en el contexto regional, resulta ser todavía más notable. En muchos de los otros países de la región no hay elecciones; mucho menos, unas elecciones pacíficas. Incluso en Arabia Saudí, primer puerto de la gira de Trump, hay una ausencia total de democracia.

Ante todo, el pueblo iraní ha sido consistente en su rechazo al candidato que parecía tener el favor del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei.

Además, los iraníes han enviado un claro mensaje a aquellos que trataron de boicotear la resistencia democrática a la coerción del gobierno. Los han marginado y han ignorado a los grupos de la oposición en el exilio, así como a los halcones y neocons de Washington, que pedían el boicot a las elecciones. También han rechazado al candidato de la línea dura, Ibrahim Raisi. Una táctica que había sido diseñada para forzar la confrontación. Claramente, los iraníes han preferido mantenerse fieles a sus propios instintos políticos.

La mayoría de los iraníes ha ignorado las tensiones y presiones externas causadas por las críticas del presidente Trump al acuerdo nuclear firmado por su predecesor. También ha dejado a un lado su decepción y preocupación por la falta de una reducción real de las sanciones y han seguido apoyando las iniciativas diplomáticas, la distensión y la negociación cooperativa. Lo han hecho así a pesar del hecho de que los elementos de la línea dura en el propio gobierno de Irán han hecho campaña por un planteamiento de mayor firmeza en las relaciones internacionales. Es extremadamente raro en estos días que una política de moderación consiga una importante victoria electoral en cualquier parte del mundo.

La población iraní, en alianza con los líderes del Movimiento Verde, ha decidido dar a Rohaní una segunda oportunidad para cumplir con su promesa de mejorar el respeto a los derechos humanos en el país. Estas elecciones le han dado una plataforma sólida para ello. Ya no hay excusas para no cumplir las promesas y está en una clara posición para satisfacer a aquellas personas que han depositado su confianza en él.

El pueblo iraní espera que Rohaní resista las presiones de la línea dura, que sigue viendo las detenciones arbitrarias y las ejecuciones como medios legítimos para controlar a la oposición, y tome medidas decisivas para proteger los derechos humanos y las libertades civiles de los iraníes. Además, les gustaría ver que Teherán mejora sus relaciones internacionales y, gracias a ello, el potencial crecimiento económico.

Ejecuciones públicas en Irán.

Cualquier fallo en el cumplimiento de estas expectativas dañará, inevitablemente, la voluntad del pueblo de ser representado. Podría concluir que los deseos democráticamente expresados no son suficientes para el cambio político y dejar, una vez más, el futuro en manos de los conservadores, a quienes les encantaría volver a una política de confrontación que supondría, una vez más, el aislamiento del país.

Mientras tanto, la Unión Europea (UE), a través de Federica Mogherini, Alta Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, ha felicitado inmediatamente a Rohaní por su victoria. En claro contraste con el presidente Trump, que quiere aislar nuevamente a Irán, la UE ha reiterado su compromiso para hacer que el acuerdo nuclear funcione. La UE ha estado buscando un marco de seguridad más inclusivo para Oriente Medio y, sin duda, seguirá haciéndolo. Conseguir que el acuerdo nuclear con Irán sea un éxito es un elemento clave en esa política. La visita de Trump a Arabia Saudí, que es un destacado rival de Irán, coloca a EEUU en colisión con Teherán y también con sus aliados occidentales en un importante tema de seguridad.

El pueblo iraní se ha manifestado en favor de una política de diálogo. Cree que si Oriente Medio ha de tener un futuro en paz, es necesario menos halcones, menos armas y más diplomacia. Prefiere ver que Washington y Teherán resuelven sus diferencias, por ejemplo, sobre Siria y Yemen en la mesa de negociaciones. La gran cuestión es si el presidente Trump quiere aprovechar esta oportunidad histórica.

Por último, las elecciones han planteado de forma aguda la cuestión de la sucesión del ayatolá Alí Jamenei como Líder Supremo. Su aplastante victoria podría serle útil a Rohaní si decidiera optar a este puesto clave. Las elecciones podrían poner en marcha un cambio importante en la política iraní.


Dr. Fariborz Saremi es analista iraní en temas de estrategia que vive en Hamburgo, Alemania. Colabora habitualmente en Tribun.com, Freepressers.com y Defense & Foreign Affairs.

Publicado originalmente en: Presidential Elections in Iran and the Outcomes, CounterPunch, 24/05/2017

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)

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