Estados Unidos conspira abiertamente contra Venezuela

Estados Unidos está promoviendo la desestabilización económica y política del régimen venezolano y favoreciendo un “cambio de régimen” mediante el apoyo a partidos políticos y ONGs de la derecha venezolana

Tony Cartalucci

Los medios de comunicación de EEUU han estado prestando cada vez más atención a la crisis que está atravesando Venezuela. Y como han hecho con otros países, están intentando presentar dicha crisis como una consecuencia de la lucha de una dictadura corrupta contra una oposición “democrática”.

En realidad, se trata de una repetición de un cambio de régimen promovido por Washington, dirigido a acabar con las instituciones estatales independientes y reemplazarlas con otras creadas por y para los intereses especiales de Estados Unidos.

La “oposición” se compone de partidos políticos apoyados por EEUU y ONGs financiadas desde EEUU, muchas de las cuales están incluidas en una lista del sitio web de la Fundación Nacional para la Democracia (NED) del Departamento de Estado.

En un artículo titulado “Venezuela accuses US of plotting coup as Washington warns of ‘imminent collapse’”, publicado por el periódico británico Independent, se puede leer lo siguiente:

[…] los observadores de la región señalan que EEUU tiene un largo historial de intervenciones en la política de Venezuela, así como en otros países de América Latina.
Además de apoyar a quienes derrocaron al Sr. Chávez en 2002, EEUU ha repartido centenares de miles de dólares a sus oponentes a través de la denominada Fundación Nacional para la Democracia.

Para entender el verdadero papel de EEUU en la crisis venezolana actual, hay que leer los documentos políticos producidos por ciertos think tanks (centros de estudios) que diseñan y promueven políticas de Estados Unidos.

La Institución Brookings es uno de esos think tanks, financiado por Fortune 500. Está integrado por políticos que representan las aspiraciones colectivas de algunos de los intereses financieros y corporativos más poderosos del mundo, como es el caso de las grandes compañías petrolíferas, el establishment de la defensa, los monopolios agrícolas, las corporaciones farmacéuticas, los grandes medios de comunicación, etcétera.

Algunos de los patrocinadores de la Institución Brookings.

La Institución Brookings y otros think tanks similares han producido regularmente directrices políticas y mediáticas que, posteriormente, se han difundido por los medios de comunicación y los parlamentos occidentales a través de firmas de relaciones públicas y grupos de presión. Los think tanks son los círculos en los que se deciden y promueven realmente las políticas occidentales.

Un reciente artículo aparecido en el sitio web de la Institución Brookings titulado “Venezuela: A path out of crisis” propone un plan de cinco puntos para el país sudamericano (énfasis añadido):

1. Estados Unidos podría ampliar su asistencia a los países que hasta ahora han sido dependientes del petróleo venezolano, como un medio para reducir el apoyo regional al — y la dependencia del — gobierno de Maduro.
2. Estados Unidos podría aumentar la ayuda económica a organizaciones no gubernamentales y organizaciones de la sociedad civil creíbles capaces de distribuir alimentos y medicinas a los venezolanos. De esta forma, EEUU dejaría claro que la presión internacional tiene como objetivo apoyar la democracia y no castigar al pueblo venezolano.
3. Estados Unidos podría apoyar los esfuerzos de la oposición en Venezuela para crear una “rampa de salida” que separara a los elementos moderados del gobierno de aquellos pertenecientes a la línea dura, animando a los primeros a aceptar una transición a la democracia mediante la reducción de los costes que acarrearía su salida del gobierno.
4. Estados Unidos podría coordinarse con instituciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) para ofrecer incentivos financieros para la celebración de elecciones libres y limpias en 2018 y para que la oposición se unifique y compita en esas elecciones. Esa coordinación podría implicar, también, el desarrollo y la publicitación de un plan creíble para reanimar la economía venezolana.
5. Como último recurso, Estados Unidos podría considerar elevar los costes económicos del gobierno a través de un régimen de sanciones que tenga como objetivo limitar las ganancias venezolanas obtenidas de las exportaciones de petróleo y bloquear otros ingresos. Esta política es arriesgada, pues el gobierno de Maduro podría desplazar de forma convincente la responsabilidad de la crisis económica a Estados Unidos; por tanto, debería ir acompañada de esfuerzos bien publicitados para proporcionar ayuda humanitaria a través de ONGs y organizaciones de la sociedad civil fiables.

Esto es una receta para el aislamiento económico y la subversión política financiados por EEUU y, con su referencia a una “transición a la democracia”, una llamada oblicua al cambio de régimen.

Los medios de comunicación de EEUU, sobre todo las organizaciones que operan bajo el amparo de la derecha, han retratado la crisis económica de Venezuela como una consecuencia del “socialismo” y la corrupción. En realidad, los factores que han obstaculizado el progreso económico de Venezuela han sido deliberadamente promovidos a través de las sanciones de EEUU, el sabotaje económico y la subversión política, que han precipitado la actual crisis humanitaria y socioeconómica.

Venezuela no es el primer país sudamericano que ha sido objetivo de desestabilización económica por parte de Washington.

La Agencia Central de Inteligencia (CIA) así lo reconoce en sus propios archivos que están accesibles en línea en una sección titulada “Actividades de la CIA en Chile” (énfasis añadido):

Según el informe del Comité Church, en su reunión con el director de la CIA Richard Helms y el fiscal general John Mitchell el 15 de septiembre de 1970, el presidente Nixon y su consejero de seguridad nacional Henry Kissinger instruyeron a la CIA para que impidiera que Allende asumiera el poder. “No estaban preocupados por los riesgos implicados”, según las notas de Helms. Además de la acción política, Nixon y Kissinger, según las notas de Helms, ordenaron tomar medidas para “asfixiar la economía”.
Estas actitudes de Guerra Fría se mantuvieron en la era Pinochet. Después de que Pinochet tomara el poder, los políticos de alto nivel se mostraron reacios a criticar las violaciones de los derechos humanos, instando a los diplomáticos de EEUU para que prestaran una mayor atención al problema. La ayuda militar de EEUU y las ventas crecieron de forma significativa durante los años de mayores abusos de los derechos humanos. Según un Memorándum de Conversación previamente publicado, en junio de 1976 Kissinger indicó a Pinochet que el gobierno de EEUU simpatizaba con su régimen, aunque le aconsejó que hiciera algún progreso en materia de derechos humanos con el fin de mejorar la imagen de Chile en el Congreso de Estados Unidos.

Con una mayor violencia en las calles de Venezuela y el empleo de muchas de las tácticas retóricas empleadas en Libia y Siria dirigidas a favorecer el cambio de régimen y la catástrofe humanitaria para derribar al gobierno de Caracas, el mundo debería hacer frente a la propaganda y empezar a desenmascarar esta conspiración contra otro país soberano.

El sistema político venezolano debe ser decidido por el pueblo venezolano, sin injerencias de Estados Unidos. Un gobierno dominado por los miembros de la oposición apoyados por Washington convertiría a Venezuela en un apéndice de los intereses especiales corporativo-financieros de Estados Unidos. Y esto solo serviría para alentar nuevos abusos de estos intereses, no solo en América del Sur, sino en todo el mundo (por ejemplo, Afganistán, Siria, Irak, Yemen, Libia y Ucrania) donde la riqueza y la influencia de EEUU están sembrando inestabilidad, conflictos y catástrofes.

Publicado originalmente en: Land Destroyer: US Policymakers Openly Plot Against Venezuela, Land Destroyer Report, 24/05/2017

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)


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