Estudio: El saqueo de África

Niños de Etiopía. (Foto: Max Pixel)

Matthew Bramall

En 1943, el presidente estadounidense Roosevelt visitó Gambia. La enorme pobreza le llevó a declarar que aquello fue “lo más horrible que he visto jamás en mi vida”. Cuando volvió a EEUU, hizo algunas sumas: “Los británicos han estado allí unos 20 años; por cada dólar que los británicos han invertido en Gambia, han obtenido cien. Se trata de la explotación pura y dura de esas personas”. Roosevelt tenía razón.

Como muestra el nuevo estudio Honest Accounts 2017, más de 70 años más tarde y a pesar de que el colonialismo terminó y llevamos décadas de “ayuda”, la explotación del continente africano no ha disminuido.

Honest Accounts 2017 se publicó el 24 de mayo por parte de un grupo de activistas, entre los que figura Global Justice Now, y concluye que, cada año, sale más riqueza de los países africanos que la que entra.

En la actualidad, los países africanos reciben 190.000 millones de euros en recursos, incluyendo ayudas, préstamos e inversión extranjera. Pero pierde 235.000 millones de euros a través de flujos financieros ilícitos (o sea, evasión de impuestos), repatriación de beneficios de las compañías transnacionales (por lo que suelen pagar impuestos muy bajos) y los costes impuestos por el cambio climático (que no ha causado África). Tenemos, pues, un déficit anual de 45.000 millones de euros.

Honest Accounts 2017 deja claro que África es un continente rico. El problema es que quienes se benefician de esta riqueza no son los africanos. Si bien los métodos han cambiado, la explotación que horrorizó a Roosevelt sigue vigente. Seguimos tomando con una mano mucho más de lo que damos con la otra.

Las consecuencias de esto para la vida de los africanos son claras. Más del 50 por ciento de la población africana no tiene acceso a las modernas instalaciones sanitarias. Apenas hay 14 profesionales de la salud por cada 10.000 personas: más de siete veces menos que en Europa. La ausencia de servicios médicos financiados de forma adecuada con fondos públicos significa que muchas personas en África no reciben atención médica cuando la necesitan, mientras que 11 millones se hunden en la pobreza cada año por tener que pagar por ella.

Extraer la riqueza

Por muchas de las razones expuestas en Honest Accounts 2017, los gobiernos africanos no tienen frecuentemente los fondos precisos para proporcionar adecuados servicios médicos a sus ciudadanos. Aunque la proporción de los gastos sanitarios en el PIB ha aumentado, sigue siendo baja (y el PIB también sigue siendo bajo, en parte debido a esta extracción de riqueza).

La República Democrática del Congo (RD Congo) es un ejemplo de todo esto. En este país, aproximadamente el 95 por ciento de la población vive con menos de 1,8 euros al día y, en estos momentos, está sufriendo un nuevo brote de Ébola. Los ciudadanos y ciudadanas de la RD Congo están entre los más pobres del mundo, pero su país tiene en sus entrañas unos 21,5 billones de euros en yacimientos minerales. La República Democrática del Congo es un país rico, pero su gente es pobre porque la mayor parte de su riqueza se va fuera, dejando a millones de personas sin acceso a atención médica, educación y agua potable.

En 2013, Global Witness y el Africa Progress Panel, encabezado por Kofi Annan, examinaron cinco grandes ventas de derechos de explotación de minas en la RD Congo entre 2010 y 2012. Descubrieron que las grandes firmas pagaron al menos 1.360 millones de dólares por debajo de su valor, casi el doble de lo que la RD Congo gasta cada año en salud y educación juntos.

En pocas palabras, la RD Congo exporta más dinero que lo que gasta en su propia gente.

Pero esto no es algo que esté más allá de nuestra capacidad de control en Gran Bretaña: cada acuerdo examinado por Global Witness tenía como protagonista a compañías que estaban vinculadas a uno de los paraísos fiscales de Gran Bretaña, las Islas Vírgenes británicas.

El gobierno británico está ampliamente implicado en el robo de los recursos de África, y no solo a través del apoyo tácito a los paraísos fiscales. Las transnacionales británicas se encuentran entre las más activas en el continente. Estamos dando cada vez más ayuda en forma de préstamos, contribuyendo a la imparable crisis de la deuda. Y somos históricamente uno de los mayores responsables del cambio climático, que cuesta al continente 33.000 millones de euros cada año.

La ayuda: una narrativa engañosa

Evidentemente, esto no es colonialismo, pero la explotación de los países africanos continúa. Las formas y los medios son diferentes, y la escala del problema es enorme, pero es una realidad que Roosevelt reconocería de cuando estuvo en Gambia.

Lamentablemente, en lugar de ver la “ayuda” como una forma de compensación por los daños que hemos causado, se ha hecho explícito recientemente en la política británica de ayuda al desarrollo que la “ayuda” debe responder al “interés nacional” y servir a la política exterior y a los intereses comerciales. Esto ignora las causas de la pobreza, que deberían ser abordadas urgentemente.

Entonces, ¿qué deberíamos hacer? No podemos negarlo; no hay atajos. Necesitamos un cambio radical en la forma en que el gobierno de Reino Unido y los demás se comportan con los países africanos.

Lo primero que tenemos que hacer es reconocer esto: la ayuda por sí sola no va a erradicar la pobreza. Este mito imposibilita que tengamos los tipos de conversaciones que debemos tener urgentemente. Si podemos ponernos de acuerdo en esto, entonces podemos empezar a abordar otros asuntos más amplios que facilitan la extracción de la riqueza de África.

Esto significa promover un desarrollo equitativo mediante la negociación de acuerdos comerciales y de inversión que permitan a los países africanos fomentar la industria nacional, abordar el cambio climático y promover el bienestar social y los trabajos decentes. Significa cerrar los paraísos fiscales y garantizar que las compañías transnacionales paguen impuestos justos en los países en los que operan. Significa préstamos más responsables y reestructurar o cancelar la deuda cuando sea necesario. Significa asegurarse que la ayuda es gastada en el desarrollo de servicios públicos para todos. Y significa compensar a los países africanos por el daño causado por el cambio climático.

Alcanzar estos objetivos no será fácil, pero actuar en estos temas es un paso crucial para conseguir que la gente en África pueda beneficiarse de la riqueza de su continente y tenga acceso a la atención médica, la educación y demás servicios públicos que necesitan. Gran Bretaña y los demás países que se benefician a expensas de los ciudadanos y ciudadanas africanas deben dejar de obsesionarse con la cantidad de ayuda que dan y empezar a tomar medidas para combatir las causas de la pobreza, en particular aquellas en las que tenemos alguna responsabilidad.


Matthew Bramall trabaja en Health Poverty Action.

Publicado originalmente en: Billions are being pumped out of Africa every year, research shows, New Internationalist, 24/05/2017

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)