La crisis nuclear de Fukushima es una violación de los derechos humanos

Tras la catástrofe de Fukushima, el gobierno japonés ha emprendido una política errática para recuperar el área contaminada y proteger los derechos de las personas afectadas

SHAUN BURNIE

Imagen de satélite que muestra los daños sufridos por la planta nuclear I de Fukushima, en Japón, en marzo de 2011.
Imagen de satélite que muestra los daños sufridos por la planta nuclear I de Fukushima, en Japón, en marzo de 2011.

Desayuno tradicional de madrugada, reunión informativa sobre objetivos, chequeo de equipos y recorrido por los hermosos bosques montañosos de esta región: esta es la rutina diaria que nos permitirá completar nuestra última investigación sobre la situación radiológica en algunas de las áreas más contaminadas de la prefectura de Fukushima.

Pero no hay nada normal en esta rutina.

Casi siete años después de la triple fusión del reactor, esta singular crisis nuclear sigue todavía activa. De los muchos y complejos problemas resultantes de la catástrofe, uno en particular puede que se haya convertido en rutinario, pero es cualquier cosa menos normal: las enormes cantidades de desechos nucleares almacenados y que están siendo transportados a través de la prefectura de Fukushima.

Área de almacenamiento de residuos nucleares en Iitate, en la prefectura de Fukushima, Japón, octubre de 2017.
Área de almacenamiento de residuos nucleares en Iitate, en la prefectura de Fukushima, Japón, octubre de 2017.

Como resultado del accidente de Fukushima Daiichi, los gases y partículas que se propagaron por la atmósfera provocaron una lluvia radiactiva de más de 10.000 becquerels por metro cuadrado, contaminando alrededor del 8 por ciento de la superficie terrestre de Japón, unos 24.000 kilómetros cuadrados. Las concentraciones más altas (más de un millón de becquerels por metro cuadrado) se concentraron en un área de más de 400 kilómetros cuadrados dentro de los límites de la prefectura de Fukushima.

En los años 2013 y 2014, el gobierno japonés inició un programa de descontaminación con el objetivo de poder suspender las órdenes de evacuación en el Área Especial Descontaminada (SDA) de la prefectura de Fukushima. Otras áreas de de esta y otras prefecturas en las que la contaminación fue menor pero también significativa, fueron también objeto de esfuerzos de descontaminación en la denominada Área de Estudio de Contaminación Intensiva (ICSA).

Dos zonas de la SDA en particular, Iitate y Namie, fueron objeto de esfuerzos concentrados entre 2014 y 2016. En estas zonas vivían entre 24.000 y 28.000 personas, que fueron evacuadas en los días y meses posteriores al desastre de marzo de 2011.

El programa de descontaminación consistió en el raspado, labranza inversa y eliminación del suelo superior de las tierras agrícolas, desmontaje y eliminación del suelo de los patios escolares, parques y jardines, poda y tala de árboles y plantas contaminadas en un área de 20 metros alrededor de las casas de los pueblos y otro tanto a lo largo de una franja de 10–15 metros a ambos lados de las carreteras, incluyendo los bosques cercanos.

Vista aérea de la zona de almacenamiento de residuos nucleares en los bosques montañosos de Iitate, prefectura de Fukushima, Japón, en octubre de 2017.
Vista aérea de la zona de almacenamiento de residuos nucleares en los bosques montañosos de Iitate, prefectura de Fukushima, Japón, en octubre de 2017.

Este programa requirió millones de horas de trabajo y decenas de miles de trabajadores (a menudo, ciudadanos de Fukushima desplazados por el terremoto, tsunami y fusión del reactor), muchos de ellos gente sin hogar y reclutados en las calles de las ciudades para ser explotados con un salario de 60 euros al día en largas jornadas laborales y en un entorno contaminado. Todo esto debido a una catástrofe nuclear provocada por el hombre, cuyo costo se ha estimado oficialmente en 21 billones de yenes (156.240 millones de euros). Otras estimaciones hablan de 70 billones de yenes (520.391 millones de euros).

En marzo de 2017, se declaró oficialmente acabado el programa de descontaminación y se levantaron las órdenes de evacuación para las áreas menos contaminadas de Namie e Iitate, la llamada Área 2. Las zonas más contaminadas de Iitate y Namie, o Área 3, donde no se ha llevado a cabo ningún programa de descontaminación, permanecen cerradas.

En términos de eficacia, los niveles de radiación en estas zonas descontaminadas se han reducido en algunas partes, pero hay muchos ejemplos en los que los niveles siguen estando muy por encima de los establecidos por los gobiernos como objetivos a largo plazo. Además de este gran problema, en Iitate y Namie la descontaminación ha creado islas en las que los niveles radiactivos han disminuido, pero que están rodeadas por tierras y montañas boscosas en las que no es posible la descontaminación. Los bosques representan más del 70 por ciento de estas áreas.

En consecuencia, las áreas descontaminadas están siendo recontaminadas debido a procesos climáticos, al agua natural y a los ciclos de vida de árboles y ríos. Dada la vida media del radionucleido de mayor interés (el cesio–137, con 30 años de vida), este será una fuente continua de recontaminación durante quizá 300 años.

Greenpeace está documentando los trabajos de descontaminación radiactiva en el distrito de Iitate, Japón. El área está contaminada desde las explosiones de marzo de 2011 en la central nuclear de Fukushima Daiichi. Julio de 2015.
Greenpeace está documentando los trabajos de descontaminación radiactiva en el distrito de Iitate, Japón. El área está contaminada desde las explosiones de marzo de 2011 en la central nuclear de Fukushima Daiichi. Julio de 2015.

Así pues, aparte de la descontaminación que no cubre las mayores áreas de contaminación significativa en las montañas boscosas de Fukushima y que, en realidad, solo ha afectado a una pequeña parte del total de las áreas contaminadas, el programa ha generado ingentes cantidades de desechos nucleares. Según un informe del ministerio japonés de medio ambiente publicado en septiembre de este año, un total de 7,5 millones de bolsas de residuos nucleares (equivalentes a 8,4 millones de metros cúbicos) procedentes del interior de la SDA estaban almacenadas en Fukushima.

Además, se han generado otros seis millones de metros cúbicos de residuos en la ICSA de la prefectura de Fukushima (sin incluir los desechos producidos en una ICSA más amplia que se extiende desde la prefectura de Iwati, en el norte, hasta Chiba, en el sur y en las afueras de Tokio). En total, los residuos nucleares generados por la descontaminación se almacenan en más de mil emplazamientos de almacenamiento temporal (TSS) y otros 141.000 depósitos repartidos por Fukushima.

El gobierno prevé la generación de un total de 30 millones de metros cúbicos de residuos, de los cuales 10 millones serán incinerados, creándose un millón de metros cúbicos de cenizas altamente contaminadas. Se está estudiando activamente la posibilidad de utilizar algunos de los residuos menos contaminados en la construcción de muros y carreteras.

La política del gobierno es que todos estos residuos se depositen en dos emplazamientos situados al norte de la planta de Fukushima Daiichi, en Okuma y Futaba. Estas dos áreas están cerradas al asentamiento humano en la actualidad, pero se quiere permitir un establecimiento limitado en ellas a partir de 2021. Aunque las instalaciones no están terminadas aún, se supone que solo estarán en funcionamiento durante 30 años, tras los cuales los residuos se almacenarán en un emplazamiento permanente. Lo cierto es que no hay ninguna perspectiva de que estos residuos sean trasladados a otro sitio permanente en otro lugar de Japón.

Mientras realizamos nuestros trabajos de estudio de la radiación en Fukushima en septiembre y octubre de 2017, era imposible no ser testigos de la gran escala de las zonas de almacenamiento de residuos y del volumen de transportes nucleares que ahora se están llevando a cabo. Los datos son escalofriantes.

Vista aérea de una incineradora de residuos nucleares en Namie, en la prefectura de Fukushima, Japón, septiembre de 2017.
Vista aérea de una incineradora de residuos nucleares en Namie, en la prefectura de Fukushima, Japón, septiembre de 2017.

En el espacio de una hora, parados en una calle principal del pueblo de Iitate, pasaron seis camiones con desechos nucleares. No es de extrañar, ya que entre enero y octubre de 2017 más de 34.000 camiones han trasladado desechos nucleares a través de Fukushima a Okuma y Futaba. La idea es trasladar a estos sitios 500.000 metros cúbicos de residuos radiactivos en 2017. Y esto es solo el comienzo. Para 2020, el gobierno tiene previsto transportar 6,5 millones de metros cúbicos de residuos nucleares a los emplazamientos de Futaba y Okuma. Esto significaría, grosso modo, más de un millón de transportes nucleares en 2020.

Mírese como se mire, esto es una locura. A pesar de ello, los miles de ciudadanos que formalmente vivían en Namie e Iitate están siendo presionados por el gobierno japonés para que regresen a sus hogares.

Demolición de una casa contaminada en Namie, prefectura de Fukushima, septiembre de 2017.
Demolición de una casa contaminada en Namie, prefectura de Fukushima, septiembre de 2017.

Tal vez una de las experiencias más impactantes de nuestra visita a Fukushima fue presenciar un vasto complejo de incineración escondido en los bosques del sur de Iitate y una gran zona de almacenamiento cercana con decenas de miles de bolsas de desechos rodeadas por todos los lados por la espesura del bosque. La trágica ironía de una política de descontaminación multimillonaria y finalmente fracasada, que ha expuesto innecesariamente a la radiación a miles de trabajadores mal protegidos y desesperados, y que ha dado como resultado un enorme vertedero nuclear rodeado por un bosque radiactivo que nunca podrá ser descontaminado.

Todo esto es ilógico, a menos que usted tenga un negocio de transportes o incineración y, por supuesto, sea el gobierno japonés, desesperado por crear el mito de la recuperación después del desastre de Fukushima. Todas las evidencias indican que no hay un “después”, sino solo un “para siempre”.

Este desastre es el resultado directo de la triple fusión de un reactor nuclear y de una cínica política gubernamental que ha priorizado la irrealizable fantasía de una descontaminación radiactiva efectiva, a la vez que desatiende la seguridad, la salud y el bienestar de los habitantes de Fukushima.

La crisis de los residuos nucleares de Fukushima es solo una de las muchas razones por las que el gobierno japonés fue investigado por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU de Ginebra el mes pasado. Los gobiernos de Austria, México, Portugal y Alemania presentaron sus recomendaciones a la ONU, en las que se pide al gobierno japonés que adopte nuevas medidas para apoyar a las personas evacuadas de Fukushima, en particular a las mujeres y los niños.

El gobierno de Tokio debe anunciar su decisión y dejar claro si acepta o rechaza estas recomendaciones en la reunión de la ONU de marzo de 2018. Greenpeace, junto con otros grupos de derechos humanos y la sociedad civil de Japón, ha pedido al gobierno que reconozca que no ha defendido los derechos de sus ciudadanos y que ponga en marcha medidas correctivas de inmediato.