La ocupación israelí de Palestina fue un plan concebido y ejecutado

El proyecto sionista del Gran Israel avanza porque israelíes y comunidad internacional no quieren ver de frente la realidad de la colonización

Refugiados palestinos cruzan a Jordania después de que el puente Allenby, entre Jordania y Cisjordania, fuera bombardeado el 8 de junio, cuarto día de la guerra de 1967. (Foto: UNRWA)
Refugiados palestinos cruzan a Jordania después de que el puente Allenby, entre Jordania y Cisjordania, fuera bombardeado el 8 de junio, cuarto día de la guerra de 1967. (Foto: UNRWA)

Ilan Pappé

En junio de 1967, tenía 12 años. Recuerdo haber ayudado a llenar los sacos de arena para fortificar la entrada a nuestra casa de Haifa, en preparación para la guerra. El ejército ya estaba listo y las autoridades israelíes aterrorizaron a su propia sociedad y a sus partidarios de todo el mundo, como hicieron los líderes sionistas en 1948, con advertencias de un nuevo holocausto.

Recientemente, he terminado de escribir un libro sobre este periodo: The Biggest Prison on Earth: A History of the Occupied Territories.

Cuando trabajaba en este libro, me di cuenta de que la manipulación israelí del miedo judío en 1967 fue incluso más cínico que en 1948, cuando los líderes judíos no podían prever los resultados de su decisión de limpiar étnicamente Palestina.

Las reuniones del gabinete revelan la existencia de un grupo de políticos y generales que, desde 1948, buscaban una forma de rectificar lo que consideraban el más grave error de la triunfante “guerra de independencia”: la decisión de no ocupar Cisjordania.

En 1948, Cisjordania había quedado bajo administración jordana debido a un acuerdo tácito entre el liderazgo sionista y la monarquía hachemita, elocuentemente descrito por el historiador Avi Shlaim en su libro Collusion Across the Jordan.

El lobby proocupación

Hubo un grupo de presión o lobby en Israel que presionó al gobierno en diferentes coyunturas históricas para que buscara un pretexto con el fin de ocupar y anexionarse Cisjordania. Estaba compuesto de ideólogos que consideraban que Cisjordania era el corazón de la antigua patria judía, sin la cual no podría sobrevivir, y de estrategas que creían firmemente que el río Jordán era la línea de defensa natural frente a los ejércitos invasores procedentes del este.

Casi lo lograron en dos ocasiones antes de 1967. En 1958, el pretexto fue la posible “radicalización” de Jordania. Pero EEUU se opuso a la operación. En 1960, las amenazas israelíes contra Siria y las continuas fricciones en el norte crearon una cadena de acontecimientos que ofrecieron otra oportunidad.

El complot se desarrolló en 1960, al igual que lo hizo en 1967. La tensión en el norte condujo al presidente egipcio Gamal Abdel Naser a reaccionar enviando fuerzas al Sinaí y cerrando la ruta marítima a Eilat, que discurre por el estrecho del Golfo de Akaba.

En 1960, fue el primer ministro israelí, David Ben Gurión, quien evitó que esa crisis se convirtiera en una guerra o un pretexto para ocupar Cisjordania; después de haber dirigido la expulsión de más de 750.000 palestinos en 1948, no tenía ningún deseo de incorporar otro millón y medio más a Israel.

Una guerra evitable

Ben Gurión fue apartado de la vida política significativa en 1963. Ese año, se intensificaron los preparativos para una posible ocupación de Cisjordania y la Franja de Gaza. En los cuatro años siguientes, el ejército elaboró planes detallados para la eventual conquista de esos territorios.

No hemos tenido acceso a los planes militares, pero sí a los planes legales que se redactaron a partir de 1963, en los que se detallaba cómo se había de gobernar las vidas de millones de palestinos: jueces militares, asesores legales, gobernadores y jefes militares, así como toda una infraestructura jurídica para controlar la vida desde el primer momento de la ocupación. Se recogió información de inteligencia sobre la posible resistencia y sus líderes, de forma que la ocupación se llevara a efecto con rapidez desde el primer momento.

Y el momento no tardó en llegar. La retórica israelí y las acciones contra Siria se intensificaron en 1966 y 1967.

La inevitable crisis se desarrolló en mayo de 1967. El lobby del Gran Israel, en el que figuraban la mayoría de los generales del ejército hebreo y los jóvenes ministros del Partido Laborista, estaba decidido a no dejar pasar esa oportunidad. Como en cualquier conflicto, había muchas opciones para no escalar la crisis. Naser siguió en 1967 la misma política que había adoptado en 1960. Él y la URSS, con la que estaba aliado, tomaron en serio las amenazas israelíes de atacar Siria y quiso reabrir la cuestión palestina.

Por desgracia, como en 1948, la retórica de la guerra egipcia no coincidía con su capacidad ni con sus preparativos militares. Pero todavía peor era la situación del rey Husein de Jordania. Cuando Israel atacó a la fuerza aérea egipcia en la mañana del 5 de junio de 1967, todavía esperaba que una represalia simbólica (a la que se había comprometido en virtud de sus acuerdos de defensa con Egipto y Siria) le exoneraría del cargo de traición y salvaría a Cisjordania. Estaba equivocado en ambos aspectos.

La guerra era evitable. Sin embargo, la elite militar y política israelí se aseguró de que toda opción de resolución pacífica del conflicto quedara obstruida y nadie se interpusiera en el camino de la realización del proyecto sionista de judaización de toda la Palestina histórica.

Plan cumplido

El colapso total de los ejércitos árabes que permitió a Israel llegar hasta el Canal de Suez y casi ocupar Damasco fue un logro extra que los israelíes no habían contemplado. Pero la ocupación de Cisjordania y la Franja de Gaza fue un plan cumplido: no fue el resultado imprevisto de una guerra exitosa.

Los planes de ocupación elaborados hicieron posible que Israel instalara su control militar en Cisjordania y Gaza inmediatamente después de la guerra. El sistema ya se había impuesto con éxito a la minoría palestina en Israel, los palestinos que sobrevivieron a la limpieza étnica de 1948 y permanecieron dentro del “estado judío”.

Ahora, el sistema y la gente que lo manejaba fueron ampliados para dominar un nuevo territorio palestino y a su gente. La nueva versión era todavía peor: fue construida sobre el control absoluto del ejército israelí de todos los aspectos de las vidas de los palestinos, violando los derechos humanos y civiles más fundamentales.

Los medios para mantener ese control han cambiado, pero el sistema sigue intacto y no hay la menor intención de ponerle fin.

Este año, otra generación de esta malvada burocracia comienza su mandato al frente del sistema. Los palestinos han opuesto su resistencia, incluso con levantamientos o intifadas, que comenzaron en 1987 y 2000, y seguirán luchando. Pero el sistema internacional no ha condenado suficientemente la ocupación para acabar con ella.

Unidos en la ocupación

En cuanto terminó la guerra, Moisés Dayan, ministro israelí de defensa, abrió Cisjordania a los judíos.

Nos unimos como una familia. Nuestros guías procedían de la Sociedad de Exploración Israelí, fundada en 1913 en un intento de justificar la reivindicación sionista de Palestina con hallazgos arqueológicos.

Con semejantes guías turísticos, podía verse lo que supuestamente había allí hace miles de años, pero no lo que había en el presente. Se contemplaban ruinas antiguas, pero se ignoraba a la humanidad que había en torno a ellas. Los primeros sionistas, antes de la creación del estado judío, hicieron una gira similar cuando llegaron a la “tierra sin pueblo”.

El año 1967 supuso el cierre de 1882, fecha de la primera colonia sionista en Palestina. Pero ahora había una colonización de lujo, financiada por un poderoso y rico estado judío.

La destrucción de Kalkilia, la expulsión de los refugiados de los campamentos arrasados en el área de Jericó y la limpieza étnica de Jerusalén eran acontecimientos de los que solo me enteraría más tarde, aunque eran visibles para nosotros cuando marchamos a través de Cisjordania como un ejército de turistas “redimiendo” nuestra antigua patria.

Ya en junio de 1967, la elite política y militar de Israel, fuera de izquierda o de derecha, consideraba que Cisjordania — y algunos incluso la Franja de Gaza — era parte integral del futuro Israel. La cuestión era cómo lograrlo sin incurrir en el repudio internacional y, sobre todo, de EEUU, y sin conceder la ciudadanía a los millones de palestinos que vivían allí.

Esta es la razón por la que la colonización de Cisjordania y la Franja de Gaza comenzó muy pronto, permitiendo que Israel se anexionara de facto de partes crecientes del anhelado territorio. Esta anexión se llevó a cabo mediante la confiscación de tierras palestinas y, cuando era necesario, expulsando a su gente.

Las charadas de Israel

Se montaron dos charadas para hipnotizar al mundo y pasar por alto la estrategia israelí. Como adolescente, tomé parte en la primera y como estudiante jugué un papel activo en la segunda.

La primera fue la farsa de un debate interno israelí entre los denominados “redentores” y los “custodios”, también conocidos como la derecha y la izquierda de la sociedad israelí, respectivamente. La derecha decía que Cisjordania y la Franja de Gaza fueron “redimidas” y debían ser anexionadas; la izquierda sostenía que debían permanecer bajo custodia hasta que se concluyera la paz.

Hasta entonces, los dos campos estuvieron de acuerdo en la “unificación de Jerusalén” — una ciudad cuyos límites expandió Israel adentrándose en Cisjordania al tiempo que ampliaba su colonización — así como en la necesidad de colonizar el valle del Jordán y mantener a los palestinos bajo dominio militar.

Cuando era joven, como tantos otros en el mundo que deberían haber conocido mejor la situación, creía sinceramente que este era un debate ideológico sobre la guerra y la paz.

También me tragué la segunda charada, que fue manipulada desde arriba: el “proceso de paz”. El principal mensaje de Israel era que sus acciones eran temporales, a pesar de que estaba colonizando grandes áreas de los territorios ocupados, y que sus violaciones de los derechos humanos fundamentales eran necesidades a corto plazo que terminarían en cuanto se alcanzara la paz.

El proceso no fue a ninguna parte y cuando se tradujo en algo, como fue en 1993, con el “avance” de los acuerdos de Oslo entre Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), fue en realidad un retroceso.

Sin embargo, proporcionó a Israel tiempo e inmunidad para consolidar la estrategia de colonización progresiva con hechos consumados sobre el terreno.

Los ingenuos “custodios” como yo éramos enviados al extranjero para vender el “proceso”. Llegué incluso a representar a Paz Ahora, el principal movimiento “custodio” extraparlamentario de la izquierda, mientras seguía mis estudios de doctorado en Reino Unido (aunque fui expulsado del grupo muy pronto por reunirme abiertamente con representantes de la OLP en Londres en un momento en que esto estaba prohibido).

Estas reuniones me ayudaron a descubrir los contextos histórico e ideológico más amplios de las acciones de Israel en 1967 y después. Irónicamente, en el extranjero era mucho más fácil mirar directamente la inhumanidad sionista y el sufrimiento causado a los palestinos. Fue mi adiós a la izquierda sionista israelí.

Una pregunta amable

Cincuenta años después, la izquierda sionista es, lamentablemente, la fuerza de la que depende la comunidad internacional oficial para lograr la paz. Sin embargo, la mayoría de los israelíes han dejado de jugar la primera charada de izquierda y derecha, cada uno con su propia excusa o explicación.

Y muchos creen también que ya no hay necesidad de jugar la segunda farsa. El Israel oficial ya no está preocupado por las reprimendas internacionales.

El genocidio gradual de los palestinos de Gaza no conmovió a las potencias existentes y la colonización en marcha de Cisjordania, así como el bloqueo de Gaza, han seguido siendo los mejores medios que tiene Israel para realizar su idea del Gran Israel. Mientras los dirigentes israelíes no sufran las consecuencias de sus políticas, seguirán trabajando para realizar el Gran Israel.

Si este proyecto puede ser desarrollado a través de la partición de Cisjordania en bantustanes — guetos al estilo del apartheid sudafricano donde los palestinos tendrían una autonomía nominal, pero no un verdadero control — , también será aceptable para la mayoría del electorado judío. (Esta es la razón por la que los optimistas de la solución de dos estados pueden citar una y otra vez los elevados porcentajes de israelíes que creen en esa “solución” y, no obstante, votan principalmente a los partidos que se oponen a la misma.)

Entonces, ¿por qué la comunidad internacional sigue jugando esta bufonada? Para los lectores habituales de esta publicación, las respuestas son claras y no hay necesidad de repetirlas.

Pero en este momento de conmemoración, queremos acercarnos a esas personas que consideramos decentes y amigas nuestras — esas amigas y camaradas que todavía hablan de la solución de dos estados, el “campo de la paz” israelí y la “paz de los valientes” — y preguntarles amablemente cuánto tiempo más van a seguir jugando a esta pantomima, mientras la colonización y la opresión siguen avanzando día tras día. Solo se detendrán cuando el mayor número de personas posible acepte la verdad.


Ilan Pappé es profesor de historia y director del Centro Europeo de Estudios Palestinos en la Universidad de Exeter. Ha publicado numerosos libros.

Publicado originalmente en: Israel’s occupation was a plan fulfilled, The Electronic Intifada, 6/06/2017

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)