Los secretos de la guerra de Siria: El factor israelí

La actual situación de Siria plantea a Israel una serie de dilemas de difícil resolución

Javier Villate
Jul 30, 2017 · 6 min read

Dimitri Minin

En los últimos días, Israel ha intensificado sus bombardeos contra posiciones del ejército sirio en la zona fronteriza de la provincia de Kuneitra. Esto sugiere que el estado judío podría haber decidido hacer un “último esfuerzo” para influir en el resultado de la guerra civil siria. Considerando que todas las tropas estadounidenses en la región han sido puestas en estado de alerta y que están buscando activamente una excusa para atacar al ejército de Bashar al Asad, no se puede descartar la idea de que EEUU e Israel puedan estar dando pasos orquestados para escalar el conflicto sirio.

Los líderes de Israel han proclamado hasta ahora una política de neutralidad y no intervención en la guerra siria, aunque no han ocultado sus simpatías por el sector prooccidental de la oposición y les ha ofrecido ciertos tipos de ayuda. Israel ha acogido a militantes heridos en sus hospitales, donde han sido atendidos. Les ha proporcionado apoyo material, incluyendo algunas cantidades modestas de suministros militares. Junto con los estadounidenses, los asesores israelíes han entrenado a militantes sirios en Jordania, contribuyendo al trabajo del Centro de Operaciones Militares conjunto cerca de Amán.

En gran medida, el plan de Israel para la evolución futura de la crisis siria ha sido desarrollado desde la perspectiva de una “solución final” al problema de los Altos del Golán. La comunidad de expertos de Israel ha conjeturado a menudo que la desintegración de Siria sería objetivamente beneficiosa para Israel, puesto que dejaría expedito el reconocimiento internacional de la anexión de los Altos del Golán.

Se puede suponer que los miembros del gobierno israelí estén también . Y la idea de la autodeterminación de los ha abierto aparentemente la vía rápida para ese objetivo; se ha sugerido que si se crearan varios estados en el actual territorio sirio, entonces sería el interés de los drusos constituir su propia unidad política. Y puesto que esa entidad no sería factible por sí sola, tal vez quisiera “” con los drusos que viven al otro lado de los Altos del Golán, en territorio de Israel, con la idea de una unificación de unos y otros. De esta forma, Israel no solo conseguiría legitimar el territorio sirio que ocupa en la actualidad, sino que además lo ampliaría. A pesar de su naturaleza fantástica, estos planes han atraído a influyentes partidarios entre los drusos que viven en Israel (cerca de Haifa, en el Monte Carmelo) y tienen la ciudadanía israelí.

Un destacado político druso ha defendido esta postura. Ayub Kara, miembro del Likud, ha sido vicepresidente del Knesset [parlamento israelí] y ha desempeñado cargos ministeriales en varios gobiernos israelíes. que “si los drusos de Siria estuvieran amenazados de destrucción, Israel no podría mantenerse ajeno”. Una importante expansión de la comunidad drusa de su país abriría nuevos horizontes para este político. El único problema es que no hay bastantes drusos en ambos lados de los Altos del Golán que compartan esos sentimientos. No obstante, no es fácil que los políticos israelíes abandonen este sueño. El mejor resultado para ellos sería que Siria se dividiera por sí sola, sin ninguna intervención visible de Israel, un país que tiene tensas relaciones con todos sus vecinos.

Esto, más que cualquier otra cosa, es la mejor explicación para sus proclamas de autocontrol durante toda la guerra. Y cuando el Estado Islámico — que está prohibido en Rusia — estaba ampliando el territorio bajo su control, Israel se mostró preocupado por la perspectiva de que ISIS apareciera en sus puertas. Hubo incluso especulaciones en los medios en el sentido de que quizá el régimen de Bashar al Asad “no fuera tan malo, después de todo”. Ese fue el periodo en el que rusos e israelíes estaban cooperando con respecto a Siria. Sin embargo, cuando la amenaza de ISIS se ha alejado y Siria sigue unida, resurge la tentación de “poner en marcha algunas operaciones”.

La actual oleada de ataques israelíes contra Siria ha tenido, también, una importancia simbólica. Han coincidido, precisamente, con la conmemoración del 40 aniversario de la ocupación israelí de los Altos del Golán, un evento al que asistió el primer ministro Benjamín Netanyahu, en medio de los bombardeos. En un discurso pronunciado ante las tropas israelíes allí, : “El Golán es nuestro y siempre será nuestro. Es nuestro porque perteneció a nuestros antepasados y porque fue recuperado por nosotros debido a la agresión siria”. Para ser francos, esta es una interpretación bastante curiosa de la historia y de los acontecimientos recientes.

El ejército israelí está proporcionando fuego de apoyo al Ejército de Mahoma, una coalición que agrupa a combatientes de la oposición “moderada” del Ejército Libre Sirio (ELS) y del Hayat Tahrir al Sham, el antiguo Yabhat al Nusra, sección siria de Al Qaeda. Esta coalición anunció recientemente el lanzamiento de una operación militar con el pretencioso nombre de “El camino de Damasco”. Todas las resoluciones y acuerdos internacionales estipulan que estas organizaciones terroristas deben ser destruidas, no apoyadas. El reciente ataque cerca de Kuneitra realizado por las fuerzas aéreas rusas, desde Hmeymim, contra posiciones de la mencionada coalición ha mostrado que son objetivos legítimos. Israel no solo no protestó, sino que tampoco tomó represalia alguna. Y el ejército sirio, aprovechando las consecuencias del bombardeo ruso, se defendió del Ejército de Mahoma y, según las informaciones más recientes, ha modificado completamente la relación de fuerzas en la frontera con Israel.

Unos pocos comentaristas israelíes, Yosi Melman entre ellos, . Sin embargo, en los últimos meses algunos expertos israelíes han recomendado que el gobierno amplíe el papel de Israel en el conflicto. Por ejemplo, el respetado Instituto de Estudios de Seguridad Nacional ha hecho público un , titulado “El nuevo mapa de Siria y los nuevos actores: Desafíos y oportunidades para Israel”. Los autores del documento reconocen abiertamente que el acuerdo alcanzado entre EEUU y la oposición siria en 2016 ha sido una “fuente de preocupaciones” para Israel debido a su insistencia en que “ninguna parte del territorio nacional [de Siria] será cedida”. El mismo documento “el pueblo de Siria sigue comprometido con la recuperación de los Altos del Golán por medios pacíficos”. El informe afirma que este tipo de estrategias procedentes de la coalición occidental ha sido una de las razones por las que Israel ha visto con cautela las acciones del grupo.

Sin embargo, los autores consideran que ha llegado el momento de que el gobierno israelí “reevalúe las tradicionales reglas regionales del juego”. Entre “lo malo conocido” (el régimen existente) y el futuro desconocido si las fuerzas de la oposición se hacen con el poder, es crucial elegir qué tipo de realidad se está configurando, es decir, ejercer influencia sobre el futuro de Siria. El informe mantiene que es necesario intervenir más activamente en los acontecimientos y aprovecharse de los grupos étnicos y religiosos del sur de Siria, que tienen algunos vínculos con el ELS. La justificación: hay un montón de actores extranjeros metiendo sus narices en los asuntos sirios. La zona en conflicto ya está dividida entre EEUU, Rusia, Turquía e Irán. Israel no puede quedarse sentada y ver lo que allí está pasando.

Entre las posibles medidas consideradas por los autores del informe figuran la intensificación de los ataques aéreos y de los lanzamientos de misiles contra objetivos militares del régimen sirio y sus líneas de comunicaciones; cooperar con Jordania para establecer una zona de exclusión aérea en el sur de Siria; apoyar a las fuerzas de la oposición que son leales con Israel; reclutar a la población drusa para que colabore con los israelíes; jugar un papel más activo en las operaciones estadounidenses en el sur de Siria; expandir los ciberataques, y reformular nuevas “líneas rojas” más agresivas para Damasco.

Estas propuestas no pueden considerarse muy productivas u oportunas. El ejército sirio está avanzando de un modo imparable y no puede ser frenado sin una invasión a gran escala. Pero eso implicaría serias operaciones militares en un nivel estratégico, lo que necesitaría de la aprobación del Congreso de EEUU y del Knesset israelí. Además, las posibilidades de una aprobación de ese tipo parecen, hoy por hoy, dudosas. Un giro de los acontecimientos de este tenor conduciría a una seria crisis de todo el sistema de relaciones internacionales, aunque hay que reconocer que, en este momento, la situación parece avanzar hacia un escenario peligroso.


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