Los secretos de la guerra siria: El factor kurdo
El pueblo kurdo, repartido principalmente entre Turquía, Siria, Irak e Irán, se encuentra en una encrucijada ante el desarrollo de la guerra siria. El autor cree que los líderes kurdos están cometiendo un error al arrimarse a EEUU. Es posible, pero creo que se equivoca al pensar que Rusia y Siria les ofrecen un “pájaro en mano”.

Dimitri Minin
Es trágico que a lo largo de la historia los kurdos hayan sido privados de su propio estado, a pesar de ser una de las naciones más grandes de la Tierra, contando con 30–40 millones de nacionales. En dos ocasiones en el siglo pasado, al final de la Primera y la Segunda Guerra Mundiales, estuvieron cerca de alcanzar la soberanía nacional, pero en ambas ocasiones fuerzas externas intervinieron para frustrar esas esperanzas.
Los británicos utilizaron a las tribus kurdas en su lucha contra el aliado de Alemania, el imperio turco, pero después, tras haber asegurado sus propios intereses coloniales, utilizaron la fuerza militar para anular el deseo de independencia de los kurdos. En una segunda ocasión, esos mismos británicos, ahora de la mano de EEUU, presionaron a los kurdos para que lucharan contra la penetración de los nazis en Irán e Irak, pero después de que el Tercer Reich fuera derrotado, ayudaron a los gobiernos de aquellos países a suprimir los avances protoestatales kurdos (como en el caso de la república de Mahabad). Y la historia sigue repitiéndose. De nuevo, una alianza anglosajona — principalmente EEUU, ahora — está utilizando a los kurdos como una herramienta para promover sus propios objetivos geopolíticos en Oriente Medio. Y no hay garantías de que los kurdos, a pesar de su triste experiencia histórica, no vayan a caer nuevamente en la trampa.
Puesto que los kurdos son un pueblo muy unido, los dos millones que viven en Siria han terminado en el centro de esa guerra civil. Han liberado amplias franjas de territorio en el norte del país y a lo largo del río Éufrates desde el Estado Islámico, y han proclamado la autonomía en la región kurda de Rojava.
Los turcos han advertido con inquietud que las tres principales presas del Éufrates están en manos de los kurdos y, por tanto, tienen en su poder importantes recursos energéticos, hídricos y tierras fértiles de Siria.
Los kurdos de Siria y Turquía tienen relaciones muy estrechas, tanto desde el punto de vista étnico como político, lo cual explica la especial antipatía de Ankara, y su fiera resistencia, hacia la idea de cualquier tipo de independencia para esa nación en Siria. La principal fuerza política kurda en Siria, el Partido de Unión Democrática (PYD), liderado por Saleh Muslim, tiene estrechos vínculos con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que Turquía considera como organización terrorista. Washington está de acuerdo, pero, no obstante, colabora con el PKK.
Naturalmente, los kurdos no han olvidado cómo los anglosajones les trataron en el pasado, pero, de alguna manera, parecen pensar que esta vez las cosas serán diferentes. Quizá es el recuerdo de cómo Occidente ayudó a establecer el estado independiente de Kosovo sobre los restos de Yugoslavia lo que les hace ser optimistas. Los asesores norteamericanos de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) están, probablemente, aprovechándose del “precedente kosovar” para convencer a los kurdos de que pueden contar con EEUU y, así, conseguir que luchen por los intereses del imperio. Esto no es, sin embargo, una analogía completa; hay muchas diferencias. En Kosovo, el único adversario de los norteamericanos era Serbia, que había sido debilitada por las sanciones, pero ahora deben enfrentarse a la resistencia de al menos cuatro estados: Irak, Irán, Siria y Turquía.

No existe ninguna situación que sea verdaderamente análoga a la del Kurdistán iraquí. Mucho podría cambiar allí para el 25 de septiembre, la fecha del referéndum sobre el Kurdistán iraquí, porque para entonces el ejército iraquí podría estar en sus fronteras y, gracias a su experiencia en la lucha contra el Estado Islámico, tiene una fuerza movilizada y entrenada. Es aún más probable que el Estado Islámico en Irak pueda ser completamente diezmado y borrado del mapa no antes de 2018, como se ha afirmado, sino dentro de dos o tres meses.
El territorio en manos de ISIS en Siria e Irak está lejos de ser homogéneo. Tres cuartas parte del mismo es desierto habitado por tribus beduinas, que han jurado lealtad al Estado Islámico sin integrarse plenamente en él. Los beduinos no tendrán problemas en modificar sus lealtades, como si se tratara de una bakshish o gratificación a los nuevos jefes de turno. ISIS no tiene muchas áreas estratégicas y las que tiene están todas sitiadas. Algunas, como Mosul en Irak y Raqa en Siria, caerán en cuestión de días, y otras, como Tal Afar en Irak y Al Sujnah, Deir ez Zor y Uqayribat en Siria, lo serán en semanas. Y esto tendrá un efecto dominó.
Uno no puede dejar de sentir simpatía por el triste destino de los intentos kurdos por lograr el reconocimiento internacional como nación, pero no tiene sentido tropezar en la misma piedra tres veces seguidas. Ni Washington ni Londres han ofrecido ni ofrecerán garantías para la creación de una entidad kurda independiente en Siria o un estado independiente en Irak. Tampoco existe ninguna obligación en ese sentido en ninguno de los acuerdos firmados con tanta fanfarria en las últimas décadas entre el Pentágono y los peshmerga. Cualquier otra cosa no será más que palabras vacías. Los últimos años han proporcionado muchos ejemplos del desprecio de EEUU hacia tratados legalmente vinculantes, por no hablar de sus promesas verbales, ofrecidas por “alguien en algún lugar”.
Hay que señalar que, a lo largo de la guerra siria, Rusia ha defendido los intereses de los kurdos locales. Moscú ha tratado de asegurar que los kurdos estén representados en los foros internacionales organizados para resolver la crisis siria, incluyendo las conversaciones de Ginebra, mientras que Occidente no ha levantado un dedo. Solo Rusia fue capaz de detener los planes turcos para diezmar a los kurdos en su Operación Escudo del Éufrates. Los derechos kurdos están incluidos explícitamente en el borrador de constitución siria elaborado por los rusos y propuesto a Damasco. Hace escasos días, Bashar al Asad anunció una reforma administrativa en el país y defendió que los kurdos tuvieran un lugar adecuado en todas las instituciones públicas y estatales sirias y se les permitiera realizar sus aspiraciones nacionales y culturales. Esto representa un verdadero y tangible “pájaro en mano”. Hasta hace poco, el liderazgo del PYD, encabezado por Saleh Muslim, reconoció esto y valoró enormemente la ayuda rusa.
Pero, lamentablemente, los kurdos han sido empujados hace poco a elegir imprudentemente entre este “pájaro en mano” y la oferta estadounidense de “ciento volando”. Esto es especialmente curioso después de que el Pentágono haya fracasado en su intento de que el Ejército Libre Sirio (ELS) lograra el pleno control del sur de Siria. Decepcionados por la escasa capacidad combativa del ELS y buscando a toda costa derrocar a Asad, los “asesores” estadounidenses han desplazado el centro de su atención hacia el noreste y las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), compuestas principalmente por kurdos. El derribo del SU–22 del gobierno por las fuerzas norteamericanas cerca de Raqa (se suponía que el avión iba a bombardear posiciones de las FDS, aunque lo cierto es que su objetivo era atacar posiciones de ISIS) marcó un punto de inflexión. Washington ha demostrado que considera más importante luchar contra Damasco que derrotar al ISIS y que está dispuesto, o eso dicen, a defender los intereses kurdos con todo su poderío militar. Lamentablemente, muchos de los jefes militares kurdos creyeron esto, a pesar de que supone a largo plazo una amenaza de una nueva catástrofe para la nación kurda. Esto es especialmente cierto si siguen rechazando de forma miope que el ejército sirio atraviese el territorio que controlan.

En realidad, Washington no tiene intención de comprometerse militarmente en Siria tal como hizo en Serbia, cuando ayudó a los kosovares. Incluso en sus peores pesadillas, no ha imaginado batallar contra los ejércitos permanentes de Irán, Irak, Siria y su propio aliado, Turquía, con el fin de que los kurdos logren su ansiada independencia. Y esta perspectiva no es en absoluto una fantasía, porque estos estados ven en la independencia kurda su mayor amenaza. Para Turquía, en particular, esta amenaza siempre tendrá prioridad, por delante de sus obligaciones como miembro de la OTAN o de cualquier otra alianza.
ARANEWS, el servicio de prensa semioficial de los kurdos sirios, cita incluso al exembajador de EEUU en Siria, Robert Ford, quien dijo que, en la fase final de la guerra, EEUU “no defenderá a los kurdos contra las fuerzas de Asad”. Ford afirmó que “lo que están haciendo [los estadounidenses] con los kurdos no es solo políticamente estúpido, sino inmoral. Los kurdos sirios están cometiendo un gran error al confiar en Estados Unidos”. ARANEWS no está de acuerdo y cita a otros analistas que tampoco lo están, pero es inútil: no encontrará un experto más respetado sobre la crisis siria que Robert Ford, que ha estado presente desde sus inicios.
La inmensa cantidad de territorio que controlan las FDS (hasta 45.000 km2) no mantiene a los kurdos fuera de peligro. Las fuerzas kurdas son extremadamente débiles en esas regiones (solo 30.000 combatientes) y sus líneas de comunicación son demasiado extensas. Si hay un enfrentamiento, el ejército regular sirio no tendrá problemas en romper el control de las FDS en ese área. Dos terceras partes del territorio ocupado por los kurdos — y que quieren conservar — son tierras árabes y los kurdos no tienen recursos para crear una vida normal allí. Entre Damasco y las fuerzas proturcas, no tendrían problemas para lograr que los asentamientos árabes allí se levantaran, si las cosas empeoran, y los kurdos aparecerían como los “crueles opresores”. Y no tendrían posibilidades para obtener apoyos internacionales.
Según recientes informaciones, Turquía ha emplazado un gran número de tropas en las fronteras con los cantones kurdos de Siria y está esperando la aprobación de Moscú y Damasco para atacar. ¿Y por qué, podríamos preguntar, habrían de contener los rusos y los sirios a los turcos si los kurdos han dado la espalda a Damasco y Moscú?
Los líderes de los kurdos sirios deben ahora lidiar con la enorme responsabilidad de tomar una decisión que puede ser fatídica para su pueblo. Pueden abstenerse de poner obstáculos en el camino de Damasco, ayudando a construir una nueva versión del estado en la que tendrán muchos más derechos que hasta ahora. O pueden elegir el camino opuesto, obedeciendo las órdenes de aquellos a quienes Robert Ford ha calificado como políticos extranjeros “inmorales” y embarcarse en una aventura que les llevará a perder todo lo que han conseguido.
Dimitri Minin es analista e investigador independiente.
Publicado originalmente en: The Secrets of the Syrian War: the Kurdish Factor, Strategic Culture Foundation, 24/07/2017
Traducción: Javier Villate (@bouleusis)
