Seis cosas que hay que decir sobre la violencia en Jerusalén y Cisjordania

La opinión de un israelí que quiere la paz y la convivencia entre árabes y judíos con iguales derechos, una visión más objetiva de la violencia de los últimos días en Jerusalén Este

La policía israelí cerca de la Explanada de las Mezquitas, en la Ciudad Vieja de Jerusalén, donde han tenido lugar los enfrentamientos causados por las nuevas medidas de control de Israel. (Foto: Hadas Parush / Flash90)
La policía israelí cerca de la Explanada de las Mezquitas, en la Ciudad Vieja de Jerusalén, donde han tenido lugar los enfrentamientos causados por las nuevas medidas de control de Israel. (Foto: Hadas Parush / Flash90)

Haggai Matar

Las tensiones en Jerusalén estallaron la semana pasada en un sangriento día que dejó cuatro palestinos y tres israelíes muertos. Las fuerzas de seguridad israelíes mataron a dos palestinos durante las manifestaciones que tuvieron lugar el viernes fuera de la Ciudad Vieja de Jerusalén, mientras que un tercer palestino fue asesinado por un colono en el asentamiento de Maale Zeitim, en Jerusalén Este. El sábado por la noche, un cuarto palestino cayó muerto en los enfrentamientos. Por otra parte, el viernes, un palestino del pueblo cisjordano de Kobar entró en el asentamiento israelí cercano de Halamish y mató a puñaladas a tres israelíes, antes de ser disparado y herido por un vecino. He aquí seis cosas que debemos tener en cuenta al hablar de la espiral de violencia de la que estamos siendo testigos.

1. No hay, y no puede haber, ninguna justificación para el asesinato de familias que están pacíficamente en sus casas. Ni en el asentamiento de Halamish, ni en el asentamiento de Itamar, pero tampoco en la Franja de Gaza. No puede justificarse por la existencia de la ocupación o porque uno viva puerta con puerta con un miembro de HAMAS que ha sido atacado por un misil israelí. No puede haber ninguna justificación.

2. Las protestas y la desobediencia civil de los palestinos en Jerusalén Este la semana pasada, que fueron seguidas de un previsible y prevenible brote de violencia durante el fin de semana, no están teniendo lugar simplemente porque no quieran pasar por los detectores de metales, como ha escrito Noa Levy. La cuestión central es, más bien, los cambios graduales que Israel está introduciendo en el status quo de la Explanada de las Mezquitas y el establecimiento de puestos de control israelíes en las entradas a la misma. Las restricciones israelíes que controlan quiénes pueden y no pueden entrar en la Explanada de las Mezquitas son lo que ha causado las protestas masivas durante la semana pasada.

3. No es exacto decir que “los palestinos han violado el status quo”. Un acto de violencia perpetrado por tres personas — un acto que fue condenado por la Autoridad Palestina, el Comité Árabe de Supervisión y todos los partidos políticos árabes de la Lista Conjunta israelí — no puede ser razonablemente cargado en la cuenta de toda una nación. Además, no olvidemos que los tres atacantes eran ciudadanos israelíes que vivían en Israel, que viajaron a Jerusalén desde sus casas de Israel, y que, por lo tanto, estaban en un territorio bajo el control absoluto de la policía y el Shin Bet israelíes. Echar la culpa únicamente al Waqf (el organismo islámico jordano que administra la Explanada de las Mezquitas debido a un acuerdo firmado por Israel hace medio siglo) por no haber evitado el ataque es simplemente absurdo.

Lo que ha pasado es que Israel ha alterado el status quo que ha permanecido relativamente estable durante los últimos 50 años.

Fieles palestinos celebran una oración masiva en las calles de Jerusalén Este como acto de desobediencia civil después de que Israel impusiera unilateralmente controles en los accesos a la Explanada de las Mezquitas. (Foto: Yotam Ronen / Activestills.org)
Fieles palestinos celebran una oración masiva en las calles de Jerusalén Este como acto de desobediencia civil después de que Israel impusiera unilateralmente controles en los accesos a la Explanada de las Mezquitas. (Foto: Yotam Ronen / Activestills.org)

4. Es completamente posible encontrar y poner en práctica una solución de seguridad alternativa, en coordinación con el Waqf, en lugar de provocar e incendiar a la población palestina. Hay alternativas. Las advertencias para detener la espiral de violencia provinieron de la Casa Blanca, las capitales de la región e incluso de los propios servicios secretos y autoridades militares israelíes. Sin embargo, el gobierno israelí decidió seguir adelante con las provocaciones, socavando la seguridad y causando las muertes de siete palestinos e israelíes, todo ello en nombre de la “seguridad”. Varios analistas han sugerido que razones de política interna han influido en esa decisión.

5. En los últimos días, he visto un aumento dramático del número de israelíes que se refieren a los palestinos como “animales”, “subhumanos” y “monstruos”. Tal vez soy ingenuo: quizá estas ideas han estado siempre ahí. Tiemblo cuando leo estas cosas. Es deshumanización, pura y dura. Es convertir a las personas en seres no humanos y, por consiguiente, justificar cualquier cosa que decidas hacerles. Como si no existiera un contexto: una situación política, una ocupación militar, un conflicto que dura ya un siglo. Utilizar ese tipo de expresiones pinta una realidad en la que hay personas ilustradas de un lado y animales de otro. Es aterrador y recuerda a periodos más oscuros de la historia de la humanidad.

¿Cómo educar a los niños con ese tipo de ideas, pensando que el único futuro posible de esta tierra supone la extinción o expulsión de uno de los dos pueblos que viven en ella?

6. Hay una solución, y no solo sobre la cuestión de Al Aqsa y los detectores de metales, que si se acordara con el Waqf y las autoridades jordanas podría calmar las cosas fácilmente. Pero eso es solo el comienzo.

La derecha israelí sigue argumentando que la ocupación es algo con lo que se puede vivir. (Una situación en la que dos pueblos comparten esta tierra, pero uno de ellos es superior y es soberano, disfrutando de plenos derechos civiles y humanos, y el otro está eternamente subyugado y sin plenos derechos.) Eso no es posible.

No podemos mantener a casi dos millones de personas sitiadas en Gaza, sin agua, sin electricidad y con un sistema de salud precario. No podemos mantener encerrados a más de dos millones de personas en Cisjordania detrás de muros de hormigón y vallas de alta tecnología, mientras Israel sigue controlando todos los aspectos de sus vidas cotidianas… arrestando a autoridades electas y activistas, decidiendo quién puede salir del país, qué bienes pueden importar y exportar, quién puede trasladarse al trabajo o al hospital dentro de Cisjordania, qué parcelas de tierra pueden ser confiscadas para construir asentamientos en ellas, etcétera.

No podemos seguir insistiendo en una Jerusalén unida, que está realmente dividida entre “ciudadanos” judíos y “residentes” palestinos (un estatus que puede ser revocado en cualquier momento), entre aquellos para quienes las autoridades construyen casas e invierten en educación, infraestructuras y servicios sociales, y aquellos otros condenados a vivir en la pobreza. No nos podemos permitir un futuro en el que la discriminación entre judíos y árabes sea una característica incuestionable de nuestro país.

Nada de esto es sostenible. O, para ser más precisos, no podemos esperar un futuro bucólico, tranquilo y pacífico si se mantienen esos sistemas opresivos y discriminatorios. Hemos aprendido esa penosa lección una y otra vez, y, sin embargo, nos negamos a aceptarla. Hay otro camino. Podemos terminar con la ocupación y abrir un camino de paz y plena igualdad. Sin eso, nuestras vidas estarán atravesadas de la repetición interminable de situaciones semejantes a las vividas en los últimos días. Toda discusión de los acontecimientos de la semana pasada que no aborde el contexto más general estará desconectada de la realidad.