Un santuario en peligro
El Centro de Paz para Ciegas de Jerusalén es un ejemplo de sociedad civil palestina que se desarrolla en las difíciles condiciones de la ocupación sionista
MATTHEW HATCHER

Las calles de la Jerusalén Este apenas empezaban a llenarse de gente, ya que el sol de la mañana comenzaba a calentarse durante el día. Pero Lidia Mansur ya estaba sentada en el sofá de su oficina en la escuela que ella dirige, contestando llamadas en dos teléfonos y haciendo planes para llevar a sus estudiantes a casa durante el verano.
El olor a café fresco era espeso en el aire y los gritos de los niños peleándose se podía escuchar desde el pasillo.
“Hay tanto que hacer, que necesito contactar a los padres, programar los viajes en taxi y prepararme para la limpieza de la pensión. Cuanto más vieja me hago, más parece que tengo que hacer”, dijo Mansur mientras sorbía de una taza de café humeante.
“Algo diferente”
Mansur, o “Srta. Lidia”, como la conocen sus estudiantes, es ciega desde los dos años, poco antes de la Nakba de 1948, de la que todavía tiene recuerdos vívidos (se negó a divulgar su edad exacta).
Es fundadora y directora del Centro de Paz para Ciegas, una escuela y centro vocacional ubicado en el barrio de Shuafat, en Jerusalén Este, que atiende a niñas y mujeres palestinas ciegas y con discapacidad visual, e incluye una casa de huéspedes para las que vienen de otras partes de Cisjordania.
Todos los residentes de la pensión son niñas y mujeres, y tanto el personal como los estudiantes viven en las instalaciones. Durante el año escolar, la casa es el hogar de casi 20 estudiantes, que comparten una gran habitación dormitorio.
Mansur conoce de primera mano las dificultades a las que se enfrentan las personas con discapacidad visual en la sociedad, que todavía son estigmatizadas por parte de la sociedad.
Después de retirarse de su trabajo en una organización benéfica cristiana británica para ciegas en Jerusalén en 1981, oyó hablar de dos maestras despedidas por sus empleadores debido a su ceguera. También escuchó historias de estudiantes ciegas que eran objeto de burlas por parte de sus compañeras e instructores. Estas historias alteraron profundamente a Mansur y despertaron algo dentro de ella. En lugar de retirarse como lo había planeado, sintió un llamado urgente a hacer algo.
“El Señor dijo: Ahora tienes que hacer algo diferente. Y yo escuché”.
Construyendo una comunidad
El Centro de Paz para Ciegas fue fundado en 1983 con donaciones que Mansur y sus vecinos recolectaron. Con un total de 200 dólares, se las arregló para conseguir un lugar y pagar el alquiler.
La escuela, que está registrada en los ministerios de educación de Israel y Palestina, imparte educación a las niñas ciegas y culmina con el tawjihi, el examen nacional que los alumnos de 12º grado deben aprobar en el marco del plan de estudios palestino para graduarse de la escuela secundaria.
También brinda a las mujeres mayores la oportunidad de aprender algunas profesiones, como costura y tejido en telar. La educación es impartida por profesores e instructores cualificados y la escuela tiene libros de texto en braille para sus alumnas.
Ubicada a menos de una milla de la escuela, en otra parte del barrio de Shuafat, está la casa de huéspedes en la que viven los estudiantes y Mansur. La casa es otra de las claves del espíritu de la escuela. Allí, los estudiantes viven, comen y juegan juntos, y aprenden a cuidar el pequeño jardín de la propiedad.
“Estar juntas todo el tiempo les enseña a las estudiantes auto-cuidado y habilidades sociales. Cuando llegan, muchas estudiantes no saben cómo comportarse y vivir con las demás. En el internado y en la escuela construyen una comunidad”, dijo Mansur.
Una de las alumnas, Muna, de 14 años de edad, era particularmente difícil de manejar cuando llegó por primera vez.
“Se peleaba con las otras niñas, no participaba en las actividades y no tenía ni idea de cómo cuidar de sí misma — explica Mansur — , pero ahora es una estudiante modelo. Le encanta jugar con las otras chicas en la pensión y es excelente en sus estudios”.
Transformación
La historia de transformación de Muna es una de muchas. Las antiguas alumnas de la escuela han vuelto para ayudar a dirigir el internado, cocinar e incluso enseñar a las alumnas actuales.
“Creemos no sólo en la educación, sino en tener un impacto duradero en nuestras estudiantes. Esperamos fomentar una comunidad con la que se mantengan conectadas a lo largo de su vida”, dijo Mansur sobre la escuela.
La casa de huéspedes se ha vuelto cada vez más importante a lo largo de los años, a medida que las restricciones israelíes a la libertad de movimiento se han hecho más estrictas. Debido a los puestos de control en toda Cisjordania, hay que hacer mucho papeleo y coordinar entre los padres de las estudiantes y la escuela todos los años durante los días festivos.
Desde sus comienzos, cuando Mansur trabajaba sola, enseñando, consiguiendo fondos y cuidando de las necesidades de sus estudiantes, la escuela se ha expandido. La financiación de organizaciones internacionales ha permitido a la escuela contratar más personal y acoger a más estudiantes.
Sin embargo, se ha encontrado con tiempos difíciles en los últimos años. Un donante importante, que Mansur se negó a identificar, recortó la financiación de la escuela y ahora está teniendo que encontrar formas alternativas de recaudar dinero para pagar el alquiler y hacer frente a otros gastos. En los dos últimos años, la escuela ha estado funcionando con fondos de reserva.
“Me temo que pronto tendremos que cerrar nuestras puertas si no podemos pagar la escuela el próximo año. Está en las manos de Dios y si Él está dispuesto continuaremos nuestra misión”, dijo Mansur.
Nos contó que esperaba que el dinero recaudado con la venta de jerseyes y calcetines de punto y otros artículos producidos en la escuela ayudaría a cubrir algunas de las donaciones que se han perdido hasta que se encuentren más donantes.
Matthew Hatcher es un fotoperiodista estadounidense independiente que actualmente documenta la vida en la Cisjordania ocupada.









Publicado originalmente en The Electronic Intifada
Traducción: Javier Villate (@bouleusis)
