
La Identidad del Diseño en Córdoba
Para dar comienzo a este tema voy a citar las palabras con que William Morris terminó su conferencia Arte y plutocracia, hacer más de 120 años: “Un hombre con una idea en la cabeza corre peligro de ser considerado loco; dos hombres con la misma idea pueden parecer tontos, pero no locos; diez hombres compartiendo una idea empiezan a actuar; un centenar llaman la atención como fanáticos, con mil la sociedad empieza a temblar, cien mil y ya se arma una guerra ahí afuera, y la causa alcanza victorias tangibles y reales; ¿y por qué sólo cien mil?, ¿Por qué no un centenar de millones y se logre la paz sobre la tierra? Tú y yo, que estamos de acuerdo, somos nosotros los que tenemos que responder esa pregunta”.
(De Víctor Margolín: El diseñador ciudadano, foro Alfa 2 de febrero, 2009)
Dado que Córdoba es una provincia, que por su ubicación geográfica, antecedentes históricos, culturales, económicos, sociales, han dado lugar a una convergencia muy heterogénea, que se nutre permanentemente de todas estas influencias, es difícil hablar en general de “identidad del diseño, opino sí, que esto la hace más interesante en su afán de descubrir y llegar a su verdadera esencia para lograr finalmente el objetivo de un estilo más localista con características propias que lo identifiquen.
Tal vez por el hecho de que estamos más preparados como diseñadores a satisfacer al cliente, nos preocupamos más en esto y descuidamos otros aspectos que nos permiten actuar y pensar, siguiendo una metodología del proyecto.
También la incidencia de la tecnología en el diseño, que exige una actualización permanente; que genera mucha presión y competitividad y esto a su vez lo deshumaniza.
Más que una tendencia, creo que es un anhelo tratar de hacer del diseño una disciplina más humana; teniendo en cuenta que el destinatario de éste, es el ser humano en general, lo cual supone diseñar para personas con necesidades y problemas reales.
Hay una dicotomía entre la teoría que nos ofrecen académicamente, que a la hora de la práctica no podemos o no sabemos aplicar; casi siempre estas formas de llevarse a cabo están condicionadas a lo que ámbitos sociales, económicos, culturales, ambientales; etc., determinan.
Considero que tanto lo moral, ético y aquello que tienen que ver con las costumbres, no debe perderse de vista, para preservar valores intrínsecos, es decir: ¿hasta qué punto obtengo mi propio beneficio, sin afectar el entorno?
Observo sin embargo que poco a poco vamos abandonando el área de confort, para comprometernos y responsabilizarnos más, desde esta disciplina.
Córdoba no es ajena a ella, cada vez que estas transformaciones se traducen en acciones que pugnan por manifestar quiénes somos y que queremos.
No obstante para llegar a ese punto de equilibrio debemos andar un largo camino de aciertos y errores, sin descartar el pasado, y accionando aquí y ahora, que nuestra mirada contribuya a hacer la vida más llevadera para nosotros y las generaciones venideras; eso solo será posible cuando haya un verdadero despertar de conciencia.
Alumna: Luciana Barrea
Prof.: Pía Reynoso
