Mitchell Valdés reclama datos concretos y seriedad científica
El reclamo de los expertos cubanos que estudian los supuestos incidentes de salud con diplomáticos estadounidenses

Por Sergio Alejandro Gómez, @Dominio Cuba
Aunque parecía una historia de ciencia ficción, en Cuba se tomó muy en serio la versión estadounidense de que miembros de su personal diplomático sufrieron algún tipo de daño físico durante su estadía en La Habana.
“La comunidad científica cubana y las autoridades le dieron gran importancia y trataron de esclarecer, desde el primer momento, qué podía estar pasando con los diplomáticos norteamericanos en Cuba”, asegura Mitchel Valdés-Sosa, director del Centro de Neurociencias de la Mayor de las Antillas. “Para eso se constituyó un grupo de expertos conformado por médicos de distintas especialidades, físicos, ingenieros, entre otros”.
Tras recibir el 17 de febrero del 2017 la primera notificación de los supuestos incidentes por parte de la Embajada de Estados Unidos y el Departamento de Estado, se decidió por las máximas instancias del Gobierno cubano abrir una investigación propia y llegar al fondo de los supuestos acontecimientos.
Desde entonces, Cuba ha mostrado en más de una ocasión su voluntad de colaborar con la contraparte norteamericana. Miembros de las agencias especializadas de los Estados Unidos fueron invitados a conducir investigaciones en el terreno y el FBI fue autorizado a viajar a La Habana para llevar a cabo sus pesquisas en, al menos, tres ocasiones distintas.
La cooperación era un asunto esencial dada la complejidad del caso y la inevitable suspicacia motivada por décadas de conflictos entre ambos países. Sin embargo, eso no fue lo que encontraron los cubanos en el lado de Estados Unidos.
“La información que se dio por parte de las autoridades norteamericanas fue muy limitada”, refiere Valdés-Sosa, miembro del Comité de Expertos cubanos.
“Al principio de esta pesquisa se dio una historia clínica, una especie de resumen médico, pero muy, muy parco, con muy pocos elementos, que hacía difícil llegar a ninguna conclusión”, añade tras recordar el rechazo una y otra vez de las reiteradas peticiones de su comité para obtener más elementos.
De acuerdo con la versión estadounidense, cerca de dos docenas de diplomáticos en La Habana presentaron una variedad de síntomas físicos como dolor de cabeza, dificultad para dormir, pérdida de la audición e incluso daño cerebral.
Sin embargo, los expertos cubanos señalan que se carece de contexto e información sobre las actividades previas de los involucrados.
“Una pérdida auditiva puede producirse por trauma acústico y sabemos que algunos de los diplomáticos tuvieron antes servicio militar o estuvieron en las fuerzas armadas”, refiere Valdés-Sosa. “No sabemos si esas pérdidas auditivas eran anteriores o posteriores a estar en Cuba, porque podía haber condiciones preexistentes”.
“En cualquier caso, es muy difícil interpretar una situación en ausencia de datos demográficos”, asegura.
Valdés-Sosa es especialmente crítico con un artículo publicado en febrero de este año en la Revista de la Asociación Americana de Medicina (JAMA, por sus siglas en inglés), el cual recoge un grupo de pruebas aplicadas a parte de los diplomáticos supuestamente afectados.
Firmado por investigadores de la Universidad de Pensilvania, el escrito ha sido sometido a duras críticas parte de la comunidad científica internacional.
“La tesis que sostiene el artículo es que estos diplomáticos estaban sufriendo un daño cerebral parecido al que ocurre cuando hay una concusión cerebral, pero sin trauma a la cabeza”, refiere el experto cubano.
“Esta es una afirmación bastante extraordinaria, que no se sostiene por la evidencia que se ha suministrado, ni de forma directa ni en ese mismo artículo”, añade.
Uno de los problemas más serios que tiene el texto, según Valdés-Sosa, es que describe una colección de síntomas y signos que no tienen conexión y que no se pueden explicar de manera coherente.
“Mucho de lo que se describe son resultados de pruebas que reflejan aspectos subjetivos, que una persona sometida a estrés, una persona que esté ansiosa, que esté preocupada, lógicamente lo puede referir”, añade.
También critica que fueron cambiados de manera arbitrarias los umbrales que marcan la diferencia entre una persona sana y otra enferma, como parte de la batería de pruebas neurosicológicas.
Según el criterio aplicado por el artículo de JAMA, apunta el científico cubano, el cuarenta por ciento de cualquier muestra de personas normales, de personas sanas, se diagnosticarían como enfermas.
Las preocupaciones de Valdés-Sosa son compartidas por sus colegas a nivel internacional
La propia revista JAMA publicó el pasado 14 de agosto una serie de cartas enviadas por expertos de distintas partes del mundo que cuestionan la validez del método científico aplicado en el artículo de los investigadores de Pensilvania.

Robert Bartholomew, especialista neozelandés en sociología médica, cuestiona en una de las misivas que se haya dado por descontada la hipótesis de histeria colectiva como posible explicación a los hechos.
El resto de las cartas también señalan errores en la forma en que se interpretaron los datos en el artículo original y la inexistencia de otras pruebas que podrían haber dado resultados muy distintos a los ofrecidos.
“La cantidad tan grande de inconsistencias de este artículo hace que no sea posible tomarlo como una evidencia seria de que ocurrió algún tipo de incidente como el que se reclama, que hay algún agente externo que este provocando un daño al cerebro”, concluye Valdés-Sosa.

