Cosas muy fritas.
Estuve pensando esa idea que me botaste de las decisiones diarias; esa del bus, el transmilenio. O lo que te pasó a ti cuando te graduaste; el universo salvaje de opciones correctas cuya eventual evaluación es infinita.
Ese tema de la minuciosidad de la identidad expresada a través del conjunto de decisiones. El tema de Sartre y la naúsea, pero con un tinte incuantificable. Me di cuenta de que capaz ese es el tormento de nuestro tiempo. Que hay una repulsión a analizar realmente y de forma rigurosa aquello que acontece allá arriba en las mega instituciones -las de siempre- la sociedad, el amor , la familia, la religión, el estado, etc. Es como si el individuo enfocara su tiempo, energía y creatividad a solucionar microdecisiones a través de lo largo del día, de su exsitencia. Es un poco lo que decía Steve Jobs sobre la creatividad, algo así como que todos los días se pondría el mismo color de camisa con el mismo tipo de pantalón con el mismo estilo de zapatos porque no podía desperdiciarse en asuntos superfluos.
¿Te das cuenta? Es como si efectivamente tuvieras combustible para solucionar problemas de relevantes y lo malgastaras en cosas que no son realmente ponderantes; cosas que no te harán sentir realizado ni respetado, ni nada, absolutamente nada. Entonces me pregunto, si englobamos todo esto y nos vamos para el carajo, si este modelo no es una maquinación propia de el sistema de interconexiones de entidades. Es decir, que de alguna manera esa necesidad de ir hasta la minuciosidad de la cotidianidad suplanta nuestras macro decisiones y nos dejamos llevar por la angustia de la temporalidad. Los minutos perdidos. Como si se tratara del argumento del terrorismo (el miedo) pero desde otra perspectiva.
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