Motivo justificado, juicio nulo

de Jean Luc Pastó en Ediciones SK

Mentir es humano. La mentira es un recurso usado, de una forma u otra, por todos los seres de este planeta y, con toda seguridad, de cualquiera de los otros planetas que estén habitados por seres racionales o no.

La mentira es una herramienta de supervivencia. El fiero rugir de algunas especies sólo busca amedrentar a depredadores o contrincantes fingiendo, en muchos casos, más arrestos de los que posiblemente posean, evitando así enfrentamientos. Otros, deforman su figura o la tintan de colores certeros con el fin de parecer más grandes o aparentar otra especie que se encuentra en una posición más elevada en la pirámide alimenticia.

Por lo que, al final no sólo es humano o genérico de todas las especies, sino que además es necesario.

Estoy seguro de que me vas a preguntar por qué razón estoy defendiendo la mentira. La respuesta es sencilla, yo soy un mentiroso. No pongas esa cara. Sí, esa media sonrisa, reflejo de incredulidad. Cuando alguien te confiesa un defecto, suele ser verdad. Y sí, no me importa aceptarlo. De hecho, es sano. Pero no pretendo remediarlo, es una herramienta que, por ahora, necesito y uso con asiduidad. Te lo cuento porque no sabes quién soy. Te lo cuento porque debes saber que su uso es necesario y debes saber por qué lo es.

¿Que por qué es sano? Porque el día que no sepa que miento, que me crea mis mentiras, estoy acabado.

Que todo el mundo miente, no es nuevo para nadie. Existen mentiras piadosas, mentiras por orgullo, mentiras por miedo, mentiras por interés. Podríamos extender las etiquetas hasta obtener una variedad ingente de ellas, pero lo cierto es que todas se engloban, desde su más profunda necesidad, desde su más primitivo sentimiento, en una de estas que acabo de listar. Algunos podrían llegar a conjuntar las dos últimas, pero eso ya merecería una tesina.

Todos empezamos en nuestra tierna infancia, cuando comenzamos a conocer el repertorio de castigos más devastadores como no ver la televisión, ir a dormir sin comer o, simplemente, no hacer lo que nos apetezca. Es cuando desarrollamos la mentira por interés. A partir de los cinco años, sofisticamos los embustes representando un altruismo en el que habita un polizón en forma de egoísmo.

En esas tempranas edades, el orgullo ya nos corroe por dentro y, con tal de no doblegar esa imagen poderosa que nos hemos inventado de nosotros mismos, no aceptamos el error, no aceptamos el olvido, no aceptamos nada que, de nuevo imaginamos, nos pueda humillar.

Esta pequeña introducción ha repasado todas ellas, menos una: La mentira piadosa. De difícil juicio, suele ser una mentira bidireccional. La definición más académica, descrita en el diccionario Espasa, dice que “La mentira piadosa es una mentira que se dice con intención de no causar pena” con una frase, a modo de ejemplo, que dice “le dije que volveríamos pronto, pero fue una mentira piadosa”. Pero, atentos a esto, no dice a quién uno está esperando no causar pena.

Abstente de buscarlo en la Real Academia de la Lengua Española. Ni por el lado deMentira, ni por el de Piadosa.

Y aquí entramos en dos posibilidades divergentes donde el sujeto benefactor, y benefactor es un decir, ya que más tarde o más temprano la pena le llegará, es de vital importancia para suponer el momento en el que esta mentira pasa a formar parte de nuestro repertorio.

La mentira piadosa que desea evitar la pena ajena, que a grandes rasgos es la que, siendo verdadera nuestra convicción o no, conocemos, se aprende a una edad más madura, y no tiene por qué ser adulta. Unos, más altruistas y sensibles, la conocerán en su pubertad, mientras que otros puede que nunca la llegaran a conocer.

Después, está la mentira piadosa propia. Usada mucho antes de ser conocida como tal y, desde mi opinión, absurda, en el preciso momento de ser gestada, etiquetada y reconocida. Uno no puede mentirse conscientemente para evitarse un dolor o una pena, cuando es consciente de ella pues, como ya he dicho, va a ser consciente, tarde o temprano. Bien, pues os parecerá mentira, pero esta mentira existe. Y es una de las más usadas, destructivas y desapercibidas para su usuario.

Conocida más comúnmente por el dicho “esconder la cabeza bajo el ala”, o la imagen de tres monos ocluyéndose, dos de ellos y con las manos, dos de los sentidos más empleados desde la distancia: la vista y el oído. El tercero, completa el cuadro tapándose la boca, alegoría al hecho de no mostrar opinión sobre lo que ve y oye.

Como puedes comprobar, soy gran conocedor de las alternativas que existen y hasta el origen de cada una de ellas. Conozco hasta las que no uso. Pues así y todo, la mentira es para mí una herramienta habitual.

Aunque el potencial que ofrece la mentira es increíble, usado por los más poderosos hombres y mujeres, políticos, financieros, regentes, etc., esta no está al alcance de todos. Se debe tener una gran memoria, aptitudes interpretativas, falta de remordimientos. Nunca se sabe cuándo deberás mentir o a dónde te llevará o llegará la mentira, es decir, el conocido efecto mariposa y, por último, una sólida convicción de tus metas y ambiciones. Esta última refuerza todas las anteriores, logrando elaborar las mentiras más convincentes.

Si piensas que estas aptitudes son las que me han catapultado a lo que ahora soy y crees que eres portador de tan valiosos dones, frénate. Estos son los mínimos necesarios para iniciarte. Aparte de necesitar talento verdadero para pretender metas elevadas, son precisas otras capacidades como la estrategia, con la que se debe conocer la condición humana, y sangre fría. A veces se gana y otras se pierde, para ganar mucho más o para que no te pillen. Esta última duele, pero se aprende.

Muchos, usan la mentira de forma chapucera, para satisfacer egos propios que responden más bien a un reflejo primitivo que a una voluntad consciente de alcanzar un objetivo reflexivo. Sus tretas originan pequeños temblores cotidianos donde nada se gana.

Yo uso la mentira en mi entorno laboral y, después de tantear mucho el terreno, sé dónde pisar. Muchas veces, sobre todo poco antes de finalizar una elaborada estrategia, afecta a compañeros de trabajo que no saben ver el juego. Es un daño colateral.

Gracias a la mentira, crezco. Si yo lo hago, la empresa lo hace. Y así, estos compañeros afectados, pueden seguir trabajando en una empresa que crece. Su vida será mediocre, por supuesto. Pero con eso tienen que vivir, su falta de talento les lleva a ello. Como mínimo, coexisten conmigo en una empresa que crece conmigo.
En el seno familiar, y después de mucho practicar, he conseguido implantar un estilo de vida basado en la mentira. Todas ellas quedan a mi cargo. En este caso, se basa en mentiras piadosas bidireccionales en proporción equitativa. Con ello, consigo que todo el mundo se despreocupe y, al mismo tiempo, genere los mínimos conflictos posible.

En fin, si deseas iniciarte en la mentira, debes tener presente una norma de oro en tu cabeza, una vez empieces ¿vas a ser capaz de dejar la mentira cuando quieras? Yo, por supuesto, puedo.