Notas del 26 de febrero

A 81 años de Jose Luis Cuevas, baluarte vivo del arte mexicano.

A sus 81 años de edad, que cumple hoy, el pintor, dibujante, escritor, grabador, escultor e ilustrador mexicano José Luis Cuevas es considerado uno de los más destacados representantes del neofigurativismo.

El artista, quien goza de prestigio nacional e internacional y que ha puesto en alto el nombre de México en el mundo, se ha ganado un lugar en la historia del arte, como uno de los más destacados exponentes del dibujo, a la altura del español Pablo Picasso (1881‐ 1973).

José Luis Cuevas nació la madrugada del 26 de febrero de 1934, en la Ciudad de México, en los altos de la fábrica de lápices y papeles “El lápiz del águila”, administrada por su abuelo paterno, Adalberto Cuevas. Sus primeros años transitaron en esta capital, específicamente en la Colonia Roma, donde su familia se trasladó tras la muerte de su abuelo, señala el portal del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta). En 1941 ganó el primer lugar del concurso de dibujo infantil promovido por la Secretaría de Educación Pública (SEP), el cual le valió ser llamado “el güerito pintor”.

Un año más tarde y con tan solo ocho años, el pequeño José Luis encontró su vocación luego de apreciar los murales de Roberto Montenegro (1887‐1968), en la biblioteca de la Escuela “Benito Juárez”, y los de Diego Rivera (1886‐1957) en el Palacio de Cortés, en Cuernavaca.

Universidad de Texas compra en 2.2 mdd archivo de García Márquez

La Universidad de Texas (UT) en Austin (EU) pagó 2.2 millones de dólares a la familia de Gabriel García Márquez por la adquisición del archivo personal del fallecido nobel de Literatura, según reveló hoy esta institución educativa.

La compra del archivo, que contiene varios manuscritos, unas dos mil cartas, 40 álbumes de fotos e innumerables notas y apuntes, además de otros objetos, fue anunciada a finales de noviembre de 2014, aunque entonces no se hizo público el coste.

La transacción se realizó meses antes a través de Glenn Horowitz, un intermediario con oficina en Nueva York.

Entre los objetos más valiosos del archivo están el documento definitivo de “Cien años de soledad”, que el nobel entregó a la imprenta en 1967, y uno de los pocos manuscritos que existen de “En agosto nos vemos”, su novela inédita.

La Universidad de Texas se negó, en un principio, a hacer público el contrato de la compra y solicitó a las autoridades texanas un permiso especial para mantenerlo en secreto, contrariamente a lo que exige la ley estatal, pero la petición fue rechazada hace unos días.

Arte mexicano aterriza en Gran Bretaña


Si bien la instalación Veremos como todo reverbera (2012) de Carlos Amorales tiene su origen en las formas orgánicas de los móviles de Alexander Calder, la pieza encuentra resonancia en el binomio espectador-museo, e incluso hace de termómetro del ánimo del público, quien puede tocar los címbalos que la integran.

Para Amorales la instalación genera conciencia sobre el espacio museístico al poner a las personas en un entorno de libertad que tradicionalmente tiene restricciones. “Con el ruido que generan hay una conciencia del espacio, y la gente se pregunta hasta dónde se puede tocar o no, y se van estableciendo reglas de manera natural”, explica.

Luego de presentarla en el Museo Tamayo Arte Contemporáneo en 2013, la pieza se exhibirá en la Galería Sunley de la Turner Contemporary, a partir de marzo, donde el artista espera convertir el silencio y armonía tradicional en caos y ruido a partir de la interacción con los visitantes.

“No pongo ninguna indicación de cómo o cuándo tocarla, ni señalamientos de tiempo ni cómo hacerlo, no hay límites, pero tampoco hago evidente que sí se puede hacer y lo que ocurre es que los guardias de la sala se empiezan a hartar del ruido, y ellos mismos ponen reglas de cómo usarlo, de cuánto tiempo, en el Tamayo, por ejemplo, hasta determinaron con qué se podía tocar”.

Javier Barros Sierra hizo de la discrepancia el motor de la UNAM

Javier Barros Sierra es mucho más queel rector del 68, coincidieron su hijo Javier Barros Valero, Rolando Cordera y Javier Jiménez Espriú, quienes participaron en el homenaje con el que ayer se conmemoró –en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería– el natalicio, hace cien años, del rector magnífico, como lo llamó José Narro Robles, actual titular de ese cargo en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien reconoció que muchas de las libertades de las que hoy gozamos se consolidaron en su rectorado.

El ingeniero es, añadió Narro Robles, el constructor de una institución, la UNAM, la cual recibió en mayo de 1966 paralizada, dividida y afectada profundamente desde las estructuras del poder. Barros Sierra la sacó de esa condición.

Además, elogió su capacidad para resistir los embates gubernamentales y para mantener la defensa de los principios universitarios; es encomiable el impulso que dio a la autonomía de la institución, la proclamación del diálogo como vía de solución de los problemas, el rechazo a la violencia y el valor de la discrepancia como motor de la universidad, así como su compromiso con la juventud, con la educación superior, y los logros de su rectoría en materia académica.

Javier Jiménez Espriú, ex director de la Facultad de Ingeniería de la UNAM e impulsor de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, reconoció que el encuentro editorial es fruto de todo lo que sembró Barros Sierra.

Kubrick, resplandor creativo en Museo Marco

El universo creativo de Stanley Kubrick (NY, 1928-Reino Unido, 1999) rebasó la imagen en movimiento, para llegar al diseño, el dibujo, la arquitectura, la fotografía e incluso la narrativa que supo conjugar en películas como Senderos de gloria, Espartaco, Lolita, 2001: Odisea del espacio, y con ellas posicionarse como uno de los mejores cineastas del siglo XX.

De este universo da cuenta la muestra Stanley Kubrick que ocupará el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (Marco) con más de mil objetos, entre fotografías, modelos, pósters, guiones, cámaras, maquetas, objetos, diseños de vestuario y producción; los cuales en conjunto ofrecen una narrativa cronológica del trabajo del cineasta desde 1943 hasta su muerte.

Aun cuando se refiere directamente a las películas, no se hacen proyecciones de las mismas, sino se presentan escenografías, vestuarios y otros elementos que el propio Kubrick produjo; por ejemplo el traje de mono que usó en 2001: Odisea del espacio (1968); los vestidos de las gemelas de El Resplandor (1980); y el casco con el emblema “Nacidos para matar” del film Cara de guerra (1986).

“Se da una visión integral de quién fue el artista, no sólo un director de cine, sino que tenía un absoluto control de todo lo que hacía, y el conocimiento de todos los elementos, lo riguroso en su trabajo que hasta lo llamaban obsesivo”, refiere Beatriz de la Torre, responsable de relaciones públicas de Marco donde la muestra se presentará del seis de marzo al 26 de julio.