Por Rab. Sergio Bergman


18 es el día de enero en el que suicidaron a Nisman. Es el día de julio en el que masacraron a 85 víctimas en la sede de la AMIA. Es el día de marzo posterior al de la voladura de la Embajada de Israel, con 29 víctimas fatales.

Así como el 11 es la fecha en la que el fundamentalismo terrorista islámico ha perpetrado sus atentados profanando la vida y al Islam en distintas ciudades del mundo; los terroristas del Estado iraní, con apoyo de conexión local impune, lo hacen en Buenos Aires los días 18. Paradójico que el atentado contra la Argentina en su soberanía, como fue el caso de embajadas extranjeras, como la del Estado de Israel; o en sedes de instituciones de la sociedad civil, como la AMIA, o a fiscales de la Nación de confesión judía, como Nisman, sean los 18, ese número que en la tradición judía representa la vida (jai=18), en el terror iraní fue signado con la muerte.

Así como esta trágica coincidencia, que en el simbolismo iraní de tradición persa no es una casualidad librada al azar, tampoco lo fue la fecha en que se firmara el pacto de encubrimiento que ya se venía gestando a espaldas de todos, tal como lo anticipara Pepe Eliaschev y lo denunciara el fiscal antes de morir.

Ni más ni menos que un 27 de enero, Día Internacional de Recordación de la Shoá se firmó el Memorándum y se habilitó a Irán a que pudiera tramitar ante Interpol que se bajaran las alertas rojas para los funcionarios iraníes imputados por la Justicia argentina. Solo Nisman objetó este intento en las audiencias en Interpol mientras la diplomacia iraní apelaba y la Argentina se callaba en complicidad. Mientras los iraníes saben muy bien lo que hacen, la Argentina no puede explicar lo que firmó y ni siquiera puede hacerse cargo de la fecha en la que lo hizo.

Ninguno de estos mensajes subliminales pueden ser extrapolados a lo que sin dudas es una casualidad: que el último texto que intenta defender lo indefendible y transmutar en víctima a quien es la responsable política de este magnicidio, lleve como número la carta 18. Carta Abierta quiere cerrar una causa que todavía no ha comenzado. En su texto, el grupo de militantes intelectuales que subordinan el intelecto a la militancia, no logran limpiar la sangre derramada que ya tenía habilitación en la violencia verbal del mismo sector que representan. Artesanos de la palabra para dividir y confrontar, ¿dicen que son huérfanas las palabras que invitan a matar?

No atentan en su carta 18 contra la vida, sino contra el sentido común de millones de argentinos que somos testigos del hundimiento, no solo de la imagen pública de nuestra presidente, sino del verso del relato. Así como Isabelita será recordada por la Triple A, Cristina lo será por la muerte de Nisman.

Sin embargo, será también un 18, en este caso de febrero, que la sociedad argentina será interpelada a movilizarse en silencio para hacer escuchar el grito sagrado de libertad, desgarrados ante la falta de memoria, verdad y justicia frente a la muerte del fiscal.

Como cada 18 en la calle Pasteur, los familiares recuerdan a las víctimas de la AMIA, asumimos este compromiso a partir de marzo en la calle Talcahuano, frente al Palacio de Justicia, para clamar ¡Justicia, justicia perseguirás para que vivas!

La muerte de Nisman es una nueva causa, que se suma a la de la Embajada, la AMIA y al encubrimiento con Irán. Nisman es una causa ya no solo de su familia como deudos, ni de la comunidad judía, ni de los fiscales, ni mucho menos de la política partidaria; es una causa de la dignidad de la república que matamos en indiferencia y negligencia institucional, absorbidos por el consumo y en el no te metas.

Los 18 serán para los argentinos todo lo contrario de lo que pretendieron los asesinos locales e iraníes. De la violencia a la paz, del terror a la fraternidad, del autoritarismo de personas a la democracia de la ley. Los 18 serán de la justicia arraigada en la verdad, en una memoria completa; y, fundamentalmente, en el legado de un fiscal de la Nación que no debe volver a partir. Ya se fue cuando lo mataron, que no se vaya porque lo olvidamos. El próximo 18F marchamos en silencio. Pero los 18 de cada mes, frente a Tribunales, hagamos juntos Memoria Nisman.

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