No acostumbrarse a la corrupción

Por Rab. Sergio Bergman

En esta semana que pasó se conmemoró el Día contra la Corrupción. Lamentablemente, nos acostumbramos a convivir con funcionarios que se enriquecen deliberadamente, que exponen ese crecimiento patrimonial sin inhibición alguna. Lo que debiera ser normal — vivir sin corrupción — , es la excepción.

La Argentina no se quiebra sólo económicamente, el problema es moral, es decir, cultural. ¿Dónde estamos quebrados? En la inequidad, entre lo privado y lo público. La primera inequidad, la que más duele, es la que se da entre el que tiene y el que no tiene, esa es la más vergonzosa, y es lo primero que debemos atender: millones de nuestros hermanos debajo de la línea de la dignidad del pan en un país abundante.

La falta de controles, establecidos como práctica institucional de la República, han liberado de toda inhibición a nuestros funcionarios para exhibir — públicamente — aquello que está instalado — culturalmente — en una forma de ser argentinos. La formación ética, moral y cívica de los funcionarios debería ser el antídoto frente a lo que envenena la sangre que corre por las venas de lo público.

Dar cuenta por lo de todos no es una reacción a la denuncia, sino una práctica acordada antes de asumir la función de representación. Ser representante no implica ser dueño y señor de una jurisdicción. En ningún lugar del mundo hay corrupción cero, no están todos los sistemas políticos y sociales impolutos, pero una cosa es tener corruptos en un sistema y otra cosa es, entre todos, corromper el sistema.

La corrupción está instalada en nuestra cultura y habilitada como una viveza criolla. Estamos convencidos de que no se trata de erradicar la corrupción sino de ajustarla a niveles “aceptables”, asumiendo que no podremos actuar con virtudes sino con controles que limiten nuestra naturaleza en el pecado.

Una profunda reflexión interior sobre los niveles individuales de aceptación de la corrupción es lo que debemos asumir todos como tarea pendiente.

Show your support

Clapping shows how much you appreciated Mosaico’s story.