Evaluación de un sermón

Porqué y cómo hacerlo

Porqué evaluar un sermón

Como cristianos, en muchas ocasiones no nos atrevemos a dar una opinión negativa sobre un sermón. Consideramos que es “poco espiritual” hacerlo . Mientras que en otros momentos, somos más jueces de un discurso que iglesia bajo la Palabra. Creo que ambos extremos son erróneos.

La evaluación de los sermones deben tener su lugar en la iglesia saludable. A nivel general, todos en la iglesia estamos llamados a cuidar la salud de la doctrina y la fidelidad al texto. Cuando una enseñanza falsa es predicada, debemos de hablar la verdad en amor. Evaluamos para resguardar la verdad. (Mateo 7:15)

Por otro lado, los que nos dedicamos a la exposición bíblica debemos evaluar nuestro propio desempeño para cumplir nuestra misión. Todos hemos experimentado un sermón que expone doctrina bíblica pero que es pesado, opaco o no conecta con las personas. Entonces como predicadores, escudamos nuestra falta de habilidad con la presencia de mucha verdad. La realidad es que, como expositores, no sólo debemos evaluar nuestra fidelidad a la verdad, sino también nuestra capacidad de transmitirla. Evaluamos por amor a los que oyen. (1 Timoteo 3:2)

Además de estas dos razones, la multiplicación de maestros implica una curva de aprendizaje. Nadie es un gran predicador en su primera exposición. Por lo tanto, la evaluación constructiva de una exposición debe ser parte de la formación habitual de maestros y predicadores dentro de la iglesia. Evaluamos para formar. (Tito 2:1)

Cómo evaluar un sermón

En primer lugar, debe de haber una dinámica de evaluación. En otras palabras, no daría una evaluación a un predicador que no me lo ha pedido. Si se trata de alguien a quién yo capacito, le explicaría que es parte de nuestra dinámica de aprendizaje. Si se trata de un pastor amigo, no lo haría a menos que él me lo solicitara. Por lo tanto, evaluamos cuando hay una dinámica correcta.

En segundo, la evaluación de una predicación requiere de la actitud adecuada. Tanto el predicador como el que evalúa deben tener un acercamiento correcto. Los predicadores debemos confiar más en el poder la cruz de Cristo, que en el de nuestra exposición. Somos salvos por la cruz que predicamos, no por como predicamos la cruz. Y el que evalúa, debe de hablar la verdad en amor con el propósito de construir. Evaluamos cuando hay una actitud adecuada.

Por último, los estándares deben de ser claros y estratégicos. Un sermón tiene muchos aspectos a evaluar. Podemos hablar de la oratoria del predicador, el contenido del sermón, la lógica utilizada en su estructura, las referencias culturales y sociales, el nivel del lenguaje, o que tan bien refleja nuestra filosofía ministerial, etc. Por lo que debemos de escoger los estándares de la evaluación que estoy buscando sopesar y desarrollar. Evaluamos cuando hay estándares claros.

Evaluamos no como subversión a la Palabra expuesta, ni destrucción del expositor, sino por amor a Dios, su verdad, su Iglesia, y la ciudad.