
eight o’clock
Las experiencias gastronómicas de una local y trotamundos
Lo de eigh o’clock es porque el mejor palabreo siempre lo suelto a las horas de la mañana. También porque quise hacerle el honor al café, al de las ocho. Gracias por tantos amaneceres, compañero de vida.
Ahora bien, en un mundo ideal, que no en este, puedes darle like a la reseña y llevarte 5 dólares de descuento en tu próximo ShackBurger.
Pero de pronto aquí, y ya lo verás, vienes a leer las experiencias gastronómicas que una local, y también trotamundos (depende de en dónde se encuentre), deja en portada: la abeja que hace compañía durante los desayunos en Postmark, la mirada de terror de Putin cada vez que te ve comer a Carmen, el kilo de prosciutto di Parma que echa Antonino al panini mientras canturrea «Valió la pena» (con un tonito entre Marc y Bocelli) y, entre otras historias aún por descubrirse y narrarse, la Remachadora: que te transporta a esos días cuando la vida era buena (es decir, cuando no tenías responsabilidades).
Disfruten, del viaje y la buena comida.
