Gregarismo en divulgación científica

Guillermo Peris
Apr 7, 2016 · 5 min read

Después de varios días o semanas de documentación y escritura— sobre todo si toco un tema en el que no soy experto — publico un artículo en el blog. Una entrada sobre divulgación científica, sobre herramientas para fomentar el pensamiento crítico o intentando convencer a creyentes en pseudociencias de que una determinada terapia no funciona. A veces escribo reflexiones rápidas que no me llevan más que un par de horas.

Y lo cierto es que mis entradas tienen una buena acogida. La mayor parte de mis amigos y seguidores en las redes sociales las suelen compartir, bien con un simple RT en Twitter o pulsando Compartir en Facebook, bien con una elaborada frase que ayuda a difundir mi trabajo. En cualquier caso, les estoy muy agradecido por ello. Dependiendo de la entrada, puede alcanzar a varios cientos o varios miles de personas. El trabajo realizado merece la pena. Debería estar más que satisfecho. O no.

Porque en la inmensa mayoría de los casos no llego a la gente que realmente querría que leyera mi artículos. Por ejemplo, puedo intentar explicar que la homeopatía no funciona de la forma más didáctica y pedagógica posible, pero sé que no voy a convencer a gran parte de mis lectores porque… ya estaban de acuerdo conmigo previamente. O contar cómo se almacena la información genética en el ADN y se fabrican proteínas a partir de genes… y que me lean biólogos. No es ese el público que querría, lo siento. Cuando escribo me esfuerzo para que me comprenda gente ajena a la ciencia o creyentes en pseudociencias — aunque a estos últimos tengo pocas esperanzas de convencerlos.

Esto hace que me pregunte, ¿estamos llegando a los objetivos que realmente nos interesan? Por supuesto que no hablo de divulgación transversal, es decir, artículos orientados a lectores con conocimientos científicos que desean estar al día de los avances en otros campos. Hablo de cuando realmente se pretende alcanzar a legos — que fue desde el principio mi intención — para evitar la difusión de mitos, transmitir a la sociedad la investigación que esta financia o alertar del peligro de las pseudoterapias.

Tampoco hablo de los divulgadores con acceso a grandes medios de comunicación, con exponentes como Orbita Laika en televisión, Aitor Sánchez , Natalia Ruíz o Javier F. Panadero en radio, o JM Mulet, JM López Nicolás o Daniel Closa en prensa escrita. Estos llegan a un público más o menos amplio según el medio de que se trate. Hablo de los cientos de divulgadores que sacan horas de donde pueden para intentar explicar sus investigaciones, principios básicos de ciencia o pensamiento crítico a la sociedad, y cuyo alcance es bastante menor que aquellos.

Y mi respuesta a la pregunta es NO. Por supuesto, es una reflexión personal con la que podéis no estar de acuerdo. Yo sí creo que el grueso de mis lectores no se corresponde con el perfil que busco.

No sé si a los divulgadores a los que conozco les ocurrirá lo mismo, aunque también depende del tipo de divulgación que quieran realizar. No sé si yo pertenezco, como lector, a su grupo objetivo. Si es que alguna vez se han planteado a quién querrían llegar.

Aunque, desde luego, comparto los trabajos de todos mis amigos y grandes divulgadores, normalmente tras hacer una lectura detallada o — si mis múltiples ocupaciones no lo permiten — en diagonal. Y no solo los artículos de blog. Ocurre lo mismo con los libros. Ahora mismo estoy sobrepasado por la lista de libros que han publicado personas a las que admiro y que realmente me interesaría leer. Y eso sin dejar de lado otros intereses personales, como por ejemplo la lectura de literatura no científica.

Y de esta forma se cierra el círculo: yo leo y comparto las entradas de amigos y divulgadores y ellos hacen lo propio con mis artículos, en una suerte de gregarismo divulgativo. Nos felicitamos y aplaudimos mutuamente, y todos tan contentos. Es lo que JM López Nicolás llama palmerismo y Sergio Palacios… bueno, eso mejor lo leéis vosotros.

Si en este punto esperáis que plantee soluciones a este (mi) problema, lo siento pero no las tengo. Espero que surjan de conversaciones con compañeros divulgadores o de una reflexión más calmada. Acepto sugerencias e ideas, así como discrepancias, por supuesto. Si recibo suficiente información y datos, puede que los incluya en otro artículo o edite este mismo.

Mientras tanto seguiré escribiendo porque, al fin y al cabo, como dijo mi amiga Laura Morrón «si sigo divulgando es por la satisfacción personal que obtengo al hacerlo».


Actualización: Muchas gracias a todos por los comentarios recibidos y la discusión generada. Me quedo con la idea de Iván Rivera de que escribimos para los verdaderos divulgadores: los lectores de nuestros blogs que después utilizarán esa información para informar y educar a su entorno más próximo.

Un seguidor me confirmó esta idea en un tuit:

Termino con esta reflexión de Natalia Ruíz Zelmanovich que escribió en Facebook:

Lecturas adicionales


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Guillermo Peris

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Aprendiendo a divulgar ciencia y desmontar pseudociencias. A veces escribo cuentos. Y a veces bailo. Cientifista (eso me dicen).

El blog de Melquíades

«”La ciencia ha eliminado las distancias”, pregonaba Melquíades. “Dentro de poco, el hombre podrá ver lo que ocurre en cualquier lugar de la tierra, sin moverse de su casa.”» Cien años de soledad, Gabriel García Márquez.

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