Hastiado


Hastiado. Aburrido. Quemado. Harto. Desesperanzado. Cansado. Desilusionado. Hundido.

Así me siento cada vez que alguien cercano a mí me dice que algún tratamiento-timo o potingue de herboristería «le ha funcionado». Cuando un amigo me dice que deje un tratamiento farmacológico, que no acuda al médico porque «no saben nada», que mejor me tome unas hierbas que son «naturales», que unas sesiones de reiki me irían bien. Cuando un familiar me comenta que va a llevar a su hijo a un quiropráctico u osteópata para alinearle la columna. Cuando mi mejor amiga me dice que su malestar se debe a un chakra obstruido.

Antes aún intentaba argumentar, tratar de convencer de que eso no es así, que su testimonio no es más que una visión sesgada. Que su información no es correcta, aunque la haya obtenido de una web o se la haya facilitado alguien de fiar. Que está jugando con su salud o, lo que es peor, con la de un niño inocente.

Pero con el tiempo el cansancio hace mella, sobre todo cuando quien te lo dice es un amigo a quien quieres o un familiar. En ese caso te limitas a escucharle, a asentir, a sonreír, simplemente porque no quieres entrar en ninguna discusión que sabes que no llegará a nada. Y porque no tienes ganas de discutir, no quieres malograr una relación que quieres conservar por encima de todo. Incluso por encima de su propia salud. Sí, puede que sea una actitud egoísta.

Porque sabes que ni siquiera van a hacer el esfuerzo de escucharte, de considerar los argumentos que aportas. Porque a ellos «les ha funcionado». Porque contra esa frase poco se puede hacer, salvo mirar fijamente a los ojos y esperar que nunca les pase nada. Esperar que no dejen los tratamientos que les ha prescrito un médico profesional — que sí, también los hay de los otros, de los que prescriben homeopatía, de los que creen en el «amimefuncionismo». Esperar que no caigan en las redes de «sanadores» peligrosos, como Josep Pàmies, o de la terrible bioneuroemoción, que tantas víctimas está causando ya. Esperar que tengan un poco de sentido común. Esperar que confíen en un profesional con estudios y años de experiencia antes que en los contenidos de una página web. Esperar…

Porque tengo la impresión de que cada vez son más. Ellos, los timadores. Tanto los inconscientes como los culpables por conocimiento. Gente con bata pero sin titulación homologada, con una sonrisa amplia pero sin aval científico, con la cuenta corriente llena pero una consulta vacía de técnicas efectivas, los que convencen hablando de emociones, de magia, de unicornios, pero nunca de ciencia real.

Y también son más ellos, los timados. Gente que, de buena fe, se fía de los timadores, de las páginas web, del boca a boca, del cuñadismo. Estos, los timados, mis amigos, compañeros de trabajo, familiares, estos no tienen la culpa. Quiero pensar que no la tienen, que actúan de buena fe, aunque actúen mal.

Hace tan sólo unos meses escribía esto en mi blog:

Creo que deberíamos acercarnos a los seguidores de pseudociencias tratando de entenderlos. Escuchar cuáles son sus ideas y plantearles preguntas en lugar de darles nosotros las respuestas. Y quizás en algún momento tratar de que se hagan preguntas sobre su propio planteamiento.

Pues bien, por lo que respecta a la gente más cercana a mí, amigos, familiares, compañeros de trabajo, justamente a la gente a la que más quiero… abandono. Realmente no es una decisión que tome ahora, es algo que vengo haciendo hace tiempo sin apenas darme cuenta. Por evitar, de forma inconsciente, un enfrentamiento indeseado.

Así que seguiré intentando explicar que esas terapias no funcionan, que la homeopatía es un timo ineficiente por carecer de todo principio activo, que no existe ninguna energía que el reiki desbloquee. Pero ya no será a ellos, ya no será a la gente que aprecio, ya no será mirándoles a los ojos y tratando de explicarles que se equivocan. Ya no. Será a otros, a desconocidos que lean mi blog. A personas completamente ajenas a mí.

Pero si en algún momento recapacitáis, vosotros, mis amigos, si tenéis un instante de duda, si no estáis seguros de estar haciendo lo correcto, en ese caso… preguntadme. Si tengo a mano la información que me pedís os la daré. Y si no buscaré a alguien que conozca el tema y os pueda aconsejar.

Porque dicen que la esperanza es lo último que se pierde, ¿no?


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