Placebo por poderes

Cuando el enfermo no mejora, pero quien lo cuida cree que sí

Un argumento habitual en las discusiones con defensores de las mal denominadas terapias alternativas consiste en decir que una prueba de que funcionan es su efecto en animales y niños pequeños. Por ejemplo, hace poco el humorista Javier Cansado, defensor público de la homeopatía, utilizaba este razonamiento en una emisora de radio (minuto 5'25").

Lo cierto es que este argumento tiene un fallo evidente: los animales y los niños pequeños SÍ que experimentan el efecto placebo. Ya sé que estarás pensando «¿cómo les va a afectar el placebo si no tienen expectativas ni conciencia de que se les pretende curar?». Como no es el objetivo de esta entrada el explicar el efecto placebo en niños y animales, te dejo información al final del artículo por si te interesa leer información sobre este tema.

Sí, ellos también parecen mejorar al tomar un placebo.

Pero lo cierto es que no todo el placebo es atribuible a los animales y a los niños. Me explicaré contándote un experimento reciente que estudiaba el efecto placebo en niños. En dicho experimento, publicado en la revista JAMA Pediatrics, se pretendía estudiar la eficacia del néctar de agave para reducir los ataques de tos aguda en niños. Para ello se seleccionaron 119 niños con edades comprendidas entre 2 y 47 meses y se dividieron en tres grupos de forma aleatoria: en un grupo los niños recibían un tratamiento con el néctar de agave, en otro se les dispensaba un placebo, y en un tercer grupo no recibían ningún tratamiento. El estudio se llevó a cabo en cada uno de los hogares de los menores y los resultados se obtenían mediante un cuestionario que rellenaban los padres. Este test incluía preguntas sobre la calidad del descanso de los padres y su percepción de la mejora de la tos de sus hijos.

Los resultados del estudio mostraron que los niños mejoraban al recibir tanto el néctar como el placebo en la misma intensidad, lo cual descartaba las propiedades del néctar como tratamiento para la tos infantil. Pero lo más destacable es que tanto el néctar como el placebo mejoraban la tos de los niños respecto a los que no recibieron ningún tratamiento.

Los autores interpretaron estos resultados como una demostración del efecto placebo e incluso se atrevieron a justificar el uso de placebos en lugar de medicamentos.
Pero, ¿es esto realmente placebo en niños?

Placebo por poderes

En el mismo número de la revista donde se publicó el artículo mencionado sobre el néctar de agave se incluyó un editorial en el que un grupo de investigadores dudaban de que los resultados se debieran a un efecto placebo en los niños. En este editorial se apuntaba a que las conclusiones lo que daban cuenta es de la percepción de los padres del estado de sus hijos. Al proporcionarles un tratamiento a los niños los padres se habrían tranquilizado, dormido mejor y percibido menos la tos de sus hijos, lo cual habrían reflejado en los cuestionarios.

Este es un ejemplo de placebo por poderes(en inglés, placebo by proxy — lee la nota a la derecha), un concepto relativamente reciente (el primer artículo en que se introduce este término es de 2011) según el cual los familiares del paciente y los profesionales sanitarios que le atienden creen que mejora porque tienen fe en el tratamiento que recibe, pese a no haber indicadores de mejoría reales.

En un experimento cuyos resultados se publicaron en 1994 se estudiaba la percepción de un grupo de madres a cuyos hijos se les facilitaba una bebida muy dulce pero sin azúcar. Se monitorizó la actividad física de los niños mediante pulseras de medición en muñecas y tobillos y se estudió el comportamiento de las madres y su interacción con los niños. Una parte de las madres (el grupo de control) sabían que la bebida de sus hijos no contenía azúcar, mientras que al otro grupo se les mintió diciéndoles que la bebida contenía un alto contenido de azúcar, lo cual asociaban a una mayor actividad infantil.

Pues bien, las madres que creían que sus hijos tomaban una bebida extraazucarada creyeron observar una mayor actividad de los niños y estuvieron más pendientes de ellos, aún cuando las medidas de movimiento revelaron que su actividad no aumentó. Las madres presuponían el comportamiento de sus hijos a partir de una expectativa basada en una falsedad.

En otro estudio más reciente se utilizaban flores de Bach como placebo para disminuir el número de rabietas en niños de 2 a 5 años. Los datos del número de berrinches diarios antes y después del tratamiento los tomaban los propios padres, que pasaban esta información a los investigadores por vía telefónica junto con un cuestionario sobre su propio estado de ánimo. El estudio encontró una disminución del número de rabietas al iniciar el tratamiento de flores de Bach. Por las características del estudio, esta disminución estaba asociada a una mejora del estado de ánimo de los padres, que contabilizan menos berrinches por sus expectativas sobre el tratamiento.

El placebo por poderes ocurre en muchos aspectos de la práctica médica. Por ejemplo, los padres de niños con gripe se sienten aliviados y creen que sus hijos mejoran con mayor rapidez si un médico les receta antibióticos, aunque estos no sean efectivos contra los virus. También afecta a los propios profesionales sanitarios, que encuentran una respuesta positiva en los pacientes por las expectativas que les genera dispensar un medicamento determinado. Este efecto se ha observado en el tratamiento de enfermos mentales con antipsicóticos o en el uso de la secretina para la disminución de los síntomas de autismo. En ambos ejemplos los médicos querían seguir con un tratamiento a pesar de no haber signos evidentes de mejora en sus pacientes.

Es importante tener en cuenta este efecto por varias razones. Primero, porque si se cree que el paciente está mejorando se retrasa el cambio a una medicación más adecuada. Y también a la hora de diseñar experimentos para la evaluación de tratamientos que incluyan evaluaciones subjetivas del estado del paciente por parte de médicos y familiares.

Tal y como indicaba al inicio del artículo, es muy habitual en la defensa de pseudoterapias alegar su efecto en animales y niños. Además de entender que ambos sí que sufren efecto placebo (y de nuevo te animo a que leas las referencias al final) también es probable que ocurra que la mejora del paciente tampoco sea real, sino que esté en el ojo del que le cuida y confía en el tratamiento dispensado.

Actualización: Publiqué el artículo con el título «placebo por intermediación», pero lo he cambiado debido a una investigación de mi amigo Khram.


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