Si los mejores empleos son tecnológicos, ¿por qué faltan y de dónde saldrán los ingenieros?

Glassdoor, la conocida plataforma que permite a los trabajadores poner nota a sus empresas, ha presentado recientemente su último informe. En el mismo, viene a confirmar una tendencia que llevaba tiempo siendo obvia: los mejores empleos en Estados Unidos están el sector tecnológico. De los 50 trabajos mejor valorados, hasta 14 los desempeñan ingenieros informáticos. Desde data scientists hasta programadores de software para distintas plataformas, pasando por administradores de sistemas.

No cabe duda de que en el actual contexto laboral, en todo el mundo, los trabajos técnicos son los más demandados. No obstante, en España caminamos en dirección opuesta y no parece que nadie esté dispuesto a poner los medios para virar el rumbo. Cada vez son menos los estudiantes que se decantan por estudios técnicos. Si bien nuestro país siempre ha sido más de letras que de ciencias, lo cierto es que en los últimos años esa brecha se ha venido haciendo cada vez más grande. Al tiempo que los matriculados en grados de Artes y Humanidades y de Ciencias de la Salud aumenta, disminuye aquellos que cursan carreras de Ingeniería y Arquitectura.

Más allá de la dificultad para encontrar profesionales tecnológicos cualificados que ya sufren las empresas y que, a la luz de estos datos, no tiene visos de solucionarse con las promociones de graduados de los próximos años, encontrar talento se complica aún más por lo heterogéneo que se ha vuelto el ecosistema informático corporativo.

Para afrontar los nuevos retos, las empresas necesitan perfiles cada vez más variados, desde matemáticos o estadísticos para manejar el big data (los cada vez más demandados data scientists) hasta expertos en inteligencia artificial que sepan aplicar técnicas de machine learning para mejorar los procesos productivo o distintos tipos de desarrolladores especializados en lenguajes y tareas que cada vez son más variadas.

Antes, casi todo el software que empleaban las empresas se hacía con lenguajes como Java. Ahora, aunque sigue siendo el más demandado en las ofertas de empleo y buena parte de las aplicaciones para Android se basan en él, las compañías necesitan encontrar programadores que tengan experiencia en otros lenguajes que van comiéndole terreno, ya sea por el empuje de la filosofía de desarrollo agile propia de la cultura startup (Ruby, Angular, Node, React…), el auge de los dispositivos móviles (Objective-C, Swift…) o el manejo de grandes volúmenes de datos (Python, R…).

Para que la oferta se ajuste a la demanda en esos empleos tan bien valorados, todos los actores de un país (gobierno, universidad, empresas, etc.) deben poner de su parte para que se creen esos perfiles especializados y otros polivalentes capaces de adaptarse a la continua evolución del panorama tecnológico.

Sin embargo, la cantera de jóvenes tecnológicos no aumenta lo que debería y, para más inri, los profesionales que ya están en el mercado no siempre evolucionan para cubrir las necesidades de las empresas. A muchos ingenieros que superan los 40 años les resulta muy difícil superar el hándicap de un reciclaje constante (nuevas tareas, nuevos lenguajes…), lo que se suma a las barreras que se encuentran para incorporarse a entornos laboral en los que sus compañeros son muchos más jóvenes. Y no solamente las personas con las que deben trabajar mano a mano, sino también sus jefes.

En el ecosistema emprendedor, se ha extendido cierto escepticismo en cuanto a la capacidad de estos profesionales para adaptarse al ritmo de trabajo de una startup. No solo porque quienes se lanzan a fundar sus propias compañías son cada vez más jóvenes (los últimos datos sitúan la media de edad en torno a los 34 años), sino también porque muchos de estos CEOs muestran ciertos reparos a incorporar a sus equipos a personas de edad más avanzada.

Pero que el escenario tecnológico haya experimentado estos cambios no solo afecta a los profesionales más maduros, sino también a los más jóvenes y, desde luego, a las propias empresas. Si antes se podían permitir realizar inversiones a largo plazo, y luego realizar pequeñas inversiones cuando fuera necesario actualizar las soluciones o equipos que hubieran adquirido, ahora ese CAPEX ha sido desplazado por el OPEX: cada vez más compañías optan por pagar por herramientas para un uso concreto, en lugar de desarrollarlas, en previsión de que el cambiante entorno tecnológico pueda dar un giro.

España debe ponerse las pilas si quiere superar estos retos y ponerse a la altura de otras potencias. En el país vecino, por ejemplo, han creado la French Tech Visa, un visado especial para atraer a emprendedores, inversores e ingenieros para trabajar en las empresas del país. Una medida que, no obstante, se podría ver frenada por el incipiente avance de los partidos políticos de ideología xenófoba, que abogan por limitar o poner fin a la llegada de extranjeros.

En Estados Unidos hace tiempo que tomaron esa senda para que sus compañías pudieran importar talento. Una de las medidas que puso en marcha la administración de Obama fueron los visados H-1B, que permitían a las empresas estadounidenses contratar a profesionales de “ocupaciones especializadas” procedentes de otros países. Estos permisos, que solo se concedían a razón de unos 65.000 cada año, se podían prolongar durante un plazo de tres años y después las empresas podían interceder por sus trabajadores para que obtuvieran la green card.

La sensación de que estos avances están en peligro explica que uno de los principales puntos de fricción entre las tecnológicas y el presidente Donald Trump sea la política migratoria. En este sentido, la línea que siguió el republicano durante su campaña parecía encaminada a restringir la llegada de ingenieros de otros países. Muchos temen que compañías como Google, Apple o Facebook tengan que pasar controles más exhaustivos para contratar profesionales extranjeros mediante los H-1B, como por ejemplo demostrar que no hay trabajadores estadounidenses cualificados para realizar su misma función.

En España se han dado algunos pasos, por ejemplo con iniciativas para despertar vocaciones en la infancia. En Navarra fueron pioneros a la hora de incluir la enseñanza de programación en cuatro y quinto de Primaria, como parte de los conocimientos de matemáticas. Por su parte, la Comunidad de Madrid ha introducido en en el curso 2015/2016 materias vinculadas con la tecnología en los cursos de educación Secundaria.

Sin embargo, nuestro país no está sacando suficiente partido a factores como el clima y las condiciones de vida que tanto atraen a los extranjeros cuando se trata de turismo. Incluso cuando el talento recala en nuestras fronteras, parece que no es bien recibido. Lo que más destacan quienes se mudan a España para trabajar, según una reciente encuesta a trabajadores inmigrantes afincados en Barcelona, es el bajo nivel de inglés y la asfixiante fiscalidad, por lo que las autoridades deberían trabajar en ese sentido. De lo contrario, si no logramos atraer a los de fuera y los de dentro salen de las facultades a un ritmo insuficiente, al mercado laboral español le seguirán faltando ingenieros cualificados capaces de cubrir los nuevos puestos que demandan las empresas.

- El equipo de NTS

Las imágenes son propiedad de Startup Stock Photos.

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