La Mujer del Tiempo

Desde hace tiempo conozco acerca de la dinámica de los Bancos de Tiempo o Time Banks, sobre todo gracias a las amigas de Banco de Tiempo Costa Rica e incluso Ranulfo (mi esposo y socio) habló sobre ellos en una charla bien interesante que impartió en la Universidad de Costa Rica el año pasado.

Pero hoy quiero rescatar un detalle que me sorprendió agradablemente sobre la historia de los Bancos de Tiempo: la primera persona que creó un Banco de Tiempo fue una mujer.

Su historia

Teruko Mizushima nació en 1920 en Osaka, Japón. Durante la escuela su materia favorita siempre fueron las matemáticas. Gracias a sus buenos resultados fue aprobada en la escuela de medicina para mujeres, pero la muerte de su madre la obligó a cambiar de rumbo. Ingresó a una academia para novias donde podría adquirir las habilidades necesarias para cuidar del hogar, habilidades altamente deseables para las jóvenes mujeres en aquella época.

Extrañamente, su familia le permitió vivir una temporada fuera de su país antes de casarse por lo que decidió viajar a EUA en 1939, inicialmente para una estadía de tres años. Su viaje se acortó a un año debido a la tensa situación política entre EUA y Japón en relación a China, y la amenaza de guerra. Mizushima decidió entonces tomar un diploma corto en costura, lo que podría proveerle algunas habilidades útiles para sobrevivir independientemente en su país.

Un tiempo después de su regreso a Japón, Mizushima se casó. Su primera hija nació en medio de la Guerra del Pacífico y al poco tiempo su marido se enlistó en el ejército. Fue justamente en este periodo que surgió su inspiración inicial sobre el uso del tiempo. Una mujer joven, con una bebé recién nacida, adaptándose al nuevo reto del matrimonio, en medio de una guerra … no es de extrañar que al poco tiempo sufriera un colapso, exhausta por todo el trabajo del hogar desde las 5 de la mañana hasta media noche todos los días.

Cuando se recuperó, inició su cruzada por el derecho de las personas a reservar parte de su tiempo para ellas mismas. Empezó a dedicar sus energías a buscar nuevos medios para que las personas pudieran usar su tiempo más eficientemente, entendiendo al tiempo como un recurso disponible para todos y todas, y que no debería ser despilfarrado. Ella pensaba que, usado correctamente, el tiempo podía ser más valioso aún que el dinero.

Otra idea vino a su mente, la idea de la fragilidad humana. Después de sobrevivir a un accidente, junto con su bebé, y darse cuenta de su vulnerabilidad, se preguntó quién cuidaría de su descendencia si ella muriese. Empezó entonces a reflexionar sobre cómo las personas podrían, aun después de su fallecimiento, asegurar el bienestar de sus seres queridos.

Ella escribió:

“At the end of the war I was twenty-five with the homes of my original family and married family burnt down by air raids. I held two infant children in my arms and my husband was missing somewhere in the war zone. Looking at the setting sun over the burnt out plains I resolved that, ‘From now on, using my own strength, I will experiment with seeing whatever I can do”

Que en una traducción libre sería algo como:

“Al final de la guerra yo tenía 25 años, con las casas familiares de mi familia biológica y política incendiadas por los ataques aéreos. Sostenía a dos niños pequeños en mis brazos y mi esposo estaba perdido en algún lugar del área de guerra. Mirando hacia el atardecer sobre las llanuras en llamas resolví que, ‘De ahora en adelante, usando mi propia fortaleza, experimentaré para ver lo que sea que puedo hacer”

Aunque al principio soñó con ser diseñadora de modas, sus obligaciones la hicieron cambiar de idea. Sin embargo, sus habilidades para coser sí le fueron muy útiles. Usualmente intercambiaba sus creaciones por alimentos, con lo que evitó que sus hijos cayeran en la desnutrición que era común para los niños en esos momentos de guerra.

Al observar a sus coterráneos luchar contra las malas condiciones de la postguerra, su fe en la capacidad de las personas organizadas para salir de la adversidad, colectivamente, creció y creció. Se involucró con un grupo de mujeres que compraba productos al por mayor para distribuirlos entre las asociadas, de manera que tuvieran acceso a los recursos a un precio menor. ¡En momentos de adversidad las personas se vuelven muy creativas!

Mizushima razonaba que todos tenemos 24 horas al día, y, a diferencia del dinero, el tiempo es un commodity que no es afectado por la inflación (la inflación era un gran problema en el Japón de la época, como lo es hoy para muchos países). Su propia experiencia de vida con el dinero, observando lo impredecible de los precios y el problema que implica para las personas que necesitan cubrir sus necesidades básicas, la llevó a comprender que no podemos confiar en el dinero como garantía para una vida asegurada. Incluso llegó a afirmar que el ahorro de tiempo podría proveer un sistema más confiable que el capitalismo o el comunismo, a los cuales consideraba como fallidos. Ella decía que aun cuando las personas ahorraran frenéticamente, no podrían nunca estar seguras del valor de sus ahorros en el futuro. Más aún, la posesión de dinero no podría garantizar el encontrar personas dispuestas a proveer los servicios o productos requeridos.

¿Qué tal si transformamos el dinero en una moneda que la gente pueda intercambiar para su beneficio mutuo?

Mizushima pensaba que el acto de dar y recibir tiempo podría cultivar la amistad y las buenas relaciones humanas, en una forma que no es posible a través del intercambio de dinero. Vio el potencial de esta nueva moneda para crear una nueva sociedad más cuidadosa de los demás, aumentando el intercambio de asistencia mutua en las comunidades y valorando las tareas diarias como las de las amas de casa, aquellas que no son premiadas por el sistema financiero que conocemos.

Basada en estas y otras ideas que fue delineando desde 1940, Mizushima creó el primer Banco de Tiempo de Japón (y del mundo) en 1973, el mismo año en que su hijo se casó y ella se pensionó como madre. El Volunteer Labor Bank (VLB) estaba dirigido principalmente a mujeres amas de casa. Ella basó su banco en un concepto muy simple: cada hora de tiempo dada como servicio a otros puede retribuir horas de servicio al dador en algún momento del futuro. Ella visualizó que las personas podrían contribuir con tiempo cuando sus vidas estuvieran menos ocupadas y aprovecharlas luego. De esta manera, los contribuyentes de tiempo podrían hacer un uso eficiente de su tiempo a lo largo de sus vidas y podrían recibir ayuda de otros al llegar a su vejez, cuando más la necesitarán.

Para setiembre de 1975 el “Volunteer Labor Bank” tenía alrededor de 1000 miembros. Para setiembre de 1979, el sistema contaba con más de 3000 miembros y había extendido su red por todo el Japón. Para 1983, el sistema había trabajado con más de 480.00 horas, generando una gran variedad de trabajo voluntario en áreas como cuidado de adultos mayores, personas con necesidades especiales, niños y otro trabajo voluntario en centros de salud (este sistema buscó atender el problema del envejecimiento de la población japonesa incluso antes de que fuera algo tan evidente para el país). También generó una gran cantidad de trabajo de apoyo entre sus miembros, como cuidado del hogar, cuidado de los hijos y las mascotas. Ciertamente este banco fue parte del proceso de un “movimiento cultural femenino” que está vigente aún hoy, en una lucha constante por el bienestar y bienSer de las mujeres en todo el mundo.

¡Gracias por todo, Mujer del Tiempo!

Los Bancos del Tiempo ahora existen en todo el mundo, inspirados en el legado de Mizushima. Ella aspiraba a crear una nueva moneda capaz de brindar a las personas un mayor control sobre sus vidas y de promover comunidades más amables y cálidas. Los Bancos de Tiempo pueden generar una nueva forma de capital social que promueva la tradicional reciprocidad japonesa, teniendo al ikigai o ‘sentido del significado de la vida’ como uno de sus pilares principales.

Teruko Mizushima falleció en 1996 pero sus ideas siguen vigentes y aplicándose en miles de experiencias en todo el mundo.

Para conocer más acerca del trabajo de Mizushima y otra mujeres (y hombres) visionarios que trabajan con monedas complementarias, les recomiendo los siguientes enlaces (en los cuales me basé para preparar este post):