13 Historias de Sueños–Historia 6: César Hernández

Llegó a Estados Unidos apostando por el amor y lo que encontró fue traición

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César Hernández es un salvadoreño que llegó hace dieciocho años a los Estados Unidos apostandolo todo por quien él consideraba, en aquel entonces, “el amor de su vida”. Cruzó las fronteras de El Salvador, Guatemala y México hasta llegar a Los Ángeles en una travesía por tierra junto a un grupo de hombres que tenían diferentes situaciones, pero con una meta clara y un objetivo común: ofrecer a sus seres queridos en su país de origen un mejor futuro. Pero César cruzaba por otra misión: estaba enamorado de una salvadoreña con familia en California que viajaba entre Estados Unidos y El Salvador, y decidió seguirla.

Su partida de El Salvador fue uno de los días más tristes de su vida. “Dejar a la familia es lo más difícil que puede existir para mí que era hijo de mamá y papá, que la situación económica era complicada, pero vivíamos bien. Yo estaba en la universidad estudiando, pero me enamoré. Tomé la decisión de salir de mi país de un dia para otro; yo ya sabía que no iba a regresar. Le aposté al futuro estando enamorado y al mismo tiempo tuve que tener corazón de piedra para abandonar de esa manera a mi familia”, relata César.

Pero era más fuerte el amor que sentía por ella (no quiso dar su nombre y así la llamaremos durante todo el escrito) porque lo abandonó todo: padres, amigos y país para seguirla. Y aunque han pasado los años y ya no están juntos, no se arrepiente de la decisión que tomó.

César recuerda que ella tenía visa para viajar a Estados Unidos y la oportunidad de tramitar sus documentos, y por ende, permiso para estar legalmente en el país. Sin embargo, su caso era diferente porque ni siquiera tenía la opción de obtener algún tipo de documentación para seguirla. Y como joven enamorado se le hizo fácil llegar a la conclusión de que para seguirla tenía que hacer el viaje por tierra. Su sueño era ofrecerle una hermosa vida a la mujer que amaba. “Quería la posibilidad de ofrecerle un futuro mejor, ella quería vivir en Estados Unidos y yo quería darle eso. Yo la amaba a ella, quería estar con ella en El Salvador, Estados Unidos o en la China. Yo la hubiera seguido a el lugar que ella quisiera y así lo hice”.

Al poco tiempo de llegar a California se fue a vivir con sus cuñados, compartiendo una casa entre todos, y logró obtener un empleo como jardinero. Ella (la ex novia) era una transeúnte entre El Salvador, Los Ángeles y Washington, D.C.. Solo se vieron en dos ocasiones cuando ella tomaba vacaciones para visitar a sus hermanos. A pesar de estar en el mismo país, pasaron tres años hablando por teléfono solamente los sábados, el día libre de César.

Después de un año en California enfrentando dificultades con el idioma, decidió mudarse a Washington, D.C. “Aquí [en Washington] encontré un empleo como chofer. Además, a mi ex novia se le había metido la idea de vivir en otro lugar que no fuera California y eligió D.C.” En una ocasión ella lo visitó en Washington D.C. para vacacionar e ir de compras. César la acompañó a todas las tiendas y recuerda claramente el empeño que tenía en comprar un vestido para una fiesta especial en El Salvador.

Ella una vez vino a comprar su vestido de novia sin decirme nada. La llevé a las tiendas a ver los vestidos, pero ella se iba a casar con otro hombre y yo no sabía. La acompañé a comprar su vestido para que se casara con otro”, afirmó. “Ese mismo día terminamos”.

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Al día de hoy, César Hernández tiene cuarenta años, es chofer de una empresa constructora y tiene una esposa mexicana que conoce su historia. No tiene hijos y llevan siete años juntos.

“Con mi esposa la situación fue diferente. Yo terminé con mi ex lo cual fue algo muy difícil, pero encontré a otra mujer que ha logrado hacerme feliz. Después de estar un año conociéndonos y escapándonos del trabajo para poder vernos, logramos estar juntos. Ya tenemos mucho tiempo siendo felices y siendo libres. Hemos disfrutado la vida”, comentó César.

“Me gusta mi vida aquí pero extraño El Salvador. Aunque me he acostumbrado a la vida aquí, la idea de regresar a mi país no se ha descartado, siempre quiero regresar, mis papás están en El Salvador. Tengo dieciocho años sin vernos, mi idea es regresar y abrazarlos algún día”.

También comenta que tal vez Trump les haría un favor deportándolo porque sería la única manera de poder volver a ver a su familia. El tiempo pasa y él piensa que no tendrá posibilidad de poder volver a verlos. Por tanto cuenta que aprendió a aceptar su situación y vivir sin ellos.

César ya se ha familiarizado con el sistema laboral y estilo de vida que ofrece Estados Unidos. Dice que le gusta ser chofer porque conoce otros lugares, habla con otras personas y todos sus días son diferentes ya que tiene un horario que varía constantemente.

“Desde que llegué a Washington D.C. he sido chofer, entregaba plantas en Home Depot y después entregaba frutas en Walmart. Ahora manejo para construcción”, afirmó.

Pero por otro lado le gustaría la oportunidad de regresar a su país para formar una familia y tener un hijo ya que considera que tiene suficientes ahorros para regresar a El Salvador y poner un negocio.

“La vida aquí no me deja disfrutar. Realmente no tengo entrada ni salida en el trabajo. Unos días entro a las cinco de la mañana y termino a veces a las cuatro o seis de la tarde, a veces hasta las nueve de la noche”, puntualizó.

César tiene un mensaje especial para los jóvenes que se encuentran con la edad que él tenía cuando decidió abandonar a su familia:

“Primero que lo piensen dos veces. Cuando uno es chamaco y está enamorado siente que tiene el mundo a sus pies. Apostar por el amor me cambió la vida y me llevó a llorar lágrimas de sangre por alguien que me cambió por otro. Le diría a los jóvenes que tener pareja no es lo primordial. Hay otras cosas que importan, como el dinero por ejemplo. En mi caso, actuar con el corazón, sin pensar bien las cosas, me llevaron muy lejos de mi familia, además de perder la oportunidad de crecer profesionalmente en El Salvador. A pesar de todo, no vivo con rencor. Aprendí a perdonar y a aceptar la situación”, finalizó César.

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