El Caimán Barbudo
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El Caimán Barbudo

Leonardo Padura: el sonido del silencio

Foto: Yadniel Padrón

Por Mario Vizcaíno Serrat

Aunque la naturaleza de sus oficios los separe, al menos en la apariencia, hay una condición que une a Javier Sotomayor y Leonardo Padura con un abrazo de privilegio: el premio Príncipe de Asturias.

Sotomayor en 1993, Padura en 2015, ya con el cambio de Príncipe a Princesa de Asturias, el atleta y el escritor son los dos únicos cubanos con ese premio célebre en la historia de la nación.

Sin embargo, el tratamiento mediático en cada caso fue como de príncipe y mendigo. El premio de Sotomayor tronó, removió la fibra chovinista de cada cubano con vocación deportiva, y la promoción de los periódicos, la radio y la televisión fue tan efectiva que sus ecos permanecen en el ambiente, casi 30 años después. El de Padura fue mencionado acaso por algún medio que se le escapó al encartonado sistema de prensa, y además del propio escritor y su familia, lo celebraron los amigos y los lectores a medida que la noticia se diseminó por teléfonos móviles y correos electrónicos.

Es cierto que las células deportivas de los cubanos, incluidos comentaristas y directores de medios, influye en la apoteosis de la difusión de un Príncipe de Asturias en deportes. Pero también es verdad que Cuba tiene una tradición cultural de gigante, y una sociedad que compra miles de volúmenes en la Feria del Libro de La Habana, de modo que un escritor tiene todas las condiciones para ser promovido. Si el deporte distingue a la Cuba de las últimas seis décadas, la cultura también.

Hay una neblina entre Padura, las instituciones culturales y los medios de prensa. Una distancia que lo mantiene alejado de los que deberían ser sus lectores naturales, salvo cuando se publica una novela en la Isla. Entre una y otra, el escritor cubano vivo más leído apenas aparece en eventos literarios y culturales en general de su país.

Hace poco la televisión retransmitió una entrevista que le hicieron cinco años atrás y el pasado 9 de octubre el programa Mediodía en TV transmitió una felicitación por su cumpleaños 63.

Las novelas de Padura, en cambio, están publicadas en 26 idiomas, ha recibido 40 premios nacionales y extranjeros — el más reciente, el Barcino Internacional de Novela Histórica, en Barcelona — , y desde noviembre pasado al fin ocupa el asiento que dejó al morir Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, tataranieto del Padre de la Patria, en la Academia cubana de la Lengua. Tiene varios Honoris Causa y ocho Premios de la Crítica. Es Premio Nacional de Literatura en Cuba.

Fuera de la Isla, en el lapso de dos semanas ha tomado 11 aviones para ir de un país a otro a presentarse en teatros llenos. El grupo Planeta, ramificado en medio mundo, utiliza una foto suya como cartel en ferias del libro. Integra, hace 23 años, el catálogo de Tusquets, una de las editoriales de habla hispana más prestigiosas.

Parte de esta conversación con Padura es sobre el silencio institucional en torno a él, sobre todo después de 2012, cuando, irónicamente, fue el primer cubano al que la Casa de las Américas le dedicó una Semana de Autor, a sala llena; y el Premio Nacional de Literatura, que mereció poco después, no profundizó el acercamiento a sus lectores. A partir de entonces, incluso, se le ha visto muy poco.

Lo que no ha conseguido esta distancia antinatural es vencer el interés público por su literatura, tanto de las novelas protagonizadas por el punzante Mario Conde como de cualquier otra aventura literaria que se le ocurra a un escritor obsesionado con indagar-auscultar-preguntar-cuestionar-jugar con la realidad.

Mientras, Leonardo Padura mira hacia adelante. Cumple con lo que debe y necesita hacer: trabaja, escribe, crea. Eso, además de no entretenerlo con lo que pasa a su alrededor, salvo para escribir de ello, lo ha situado en la punta de la montaña. Desde allí mira la base, donde estaría si se hubiera distraído.

¿A qué crees que se deba la condición de escritor casi invisible en Cuba?

Debo recordar que todos mis libros están publicados en Cuba, por diversas editoriales, pero principalmente con Ediciones Unión. Que tengo el Premio Nacional de Literatura del año 2012. Que he ganado ocho veces el premio de la Crítica, y no creo que haya otro autor que lo haya obtenido cinco veces… O sea, tengo los reconocimientos que se dan en el país, en este caso, otorgados por otros miembros del gremio.

Las ediciones de mis libros son ciertamente pequeñas para la demanda evidente que existe, y se reeditan poco o tardíamente, pienso que muchas veces por razones económicas y organizativas. Esas ediciones se hacen gracias a que mi editorial española autoriza ediciones para el lector cubano, por las cuales esa editorial no cobra nada, solo pide que los libros cubanos sean para los cubanos, a precios asequibles a los cubanos.

A la vez, esas ediciones circulan bastante mal, y en ocasiones no circulan en todos sus ejemplares y hasta en alguna ocasión, ningún ejemplar.

De vez en cuando, si obtengo un premio o reconocimiento, se dice algo en algún medio de prensa, incluso en la televisión, aunque así, como de paso. En otros, se ignora por completo.

Por otro lado, vivo y escribo en un país donde se dice — y así lo recogerá, espero, la nueva constitución — hay libertad de pensamiento y expresión, por lo cual supongo que no me invisibilicen por lo que pienso y escribo, pues sería ilegal o anticonstitucional.

Pero lo cierto es que tengo más presentaciones, ediciones, reconocimientos fuera de mi país que en mi país, y esas presentaciones, ediciones y reconocimientos apenas tienen eco en Cuba, cuando creo que deberían ser elementos de los que se congratule la cultura cubana, pues soy un escritor cubano, que incluso, vive y escribe en Cuba.

¿Quién o quiénes determinan tal estado de cosas? No lo sé. ¿Por qué? Tampoco… Ese quien o esos quienes lo sabrán y supongo que alguna vez sabremos sus razones.

¿Tu estado invisible se hizo más evidente a partir de algún momento?

Quizás se hizo más evidente a partir de la publicación en 2010 de El hombre que amaba a los perros, que se presentó en la Feria del Libro de La Habana a sala llena, luego ganó el Premio de la Crítica y se reeditó. En el 2012, Casa de las Américas me dedica la Semana de Autor, con cuatro días a sala llena en el mayor espacio de la Casa y cerró ese con el Premio Nacional de Literatura, y me dicen que quieren entrevistarme para la televisión cubana pero solo podía ser grabado, no en vivo.

Y comenzó el manto de silencio a hacerse más patente y tuvo su mayor y más lamentable manifestación cuando se me concedió el Premio Princesa de Asturias de las Letras en el 2015 y apenas se le dio difusión a un reconocimiento que, creo, es el más importante que ha recibido un escritor cubano en varios años.Un manto que también cubrió, entre otros ejemplos, al acto de recibimiento del Premio de Honor Ciudad de Matanzas, que estoy seguro es un premio cubano.

Soy consciente de que existen problemas materiales en la industria poligráfica cubana — también en la Industria Alimenticia, la Agricultura, etc — pero en mi caso puede funcionar más como pretexto posible que como realidad agobiante… Lo único que realmente lamento de esta situación no es mi estado incorpóreo, sino que mis compatriotas tengan tan difícil acceso a mis libros, cuando sé que hay miles de lectores potenciales que quisieran encontrarlos.

Parece contradictorio publicar El hombre que amaba a los perros, presentarla en la Feria del Libro de La Habana, reeditarla incluso, que merezca el Premio de la crítica, y luego convertirla en la posible causa de tu “estado incorpóreo”, como le llamas a esta falta de resonancia de Padura en su país…

Colega, solo puedo especular, pues nunca nadie me ha dicho nada. ¿No será también que a algunas personas les molestan mi visibilidad internacional, mis ediciones y premios fuera de Cuba? Pero, ¿sabes por qué tengo premios y ediciones fuera de Cuba? Porque trabajo, escribo siempre, y lo hago con la mayor seriedad y responsabilidad posibles, poniendo en cada libro un pedazo de mi vida (en tiempo y neuronas), en lugar de pasarme el día mirándome el ombligo. Y esas instituciones que me reconocen — tengo más de 40 premios literarios, muchos de ellos internacionales, casi todos premios que he sido el único cubano en ganarlos — , se fijan en mi trabajo, que está ahí, hecho, defendiéndose por sí solo, pues si bien no tengo promoción oficial cubana; por otra parte, sí tengo antipromoción exterior cubana de algunos medios que me castigan por decir cada palabra que digo, por escribir cada libro que escribo… Pero yo voy a lo mío, a lo que realmente importa y me importa.

¿Hay algún proyecto de llevar El hombre que amaba a los perros a la televisión o al cine?

Pues sí, pero prefiero no hablar de eso hasta que se concrete. En el mundo del cine las películas no existen hasta que existen. Solo diré que se trabaja en eso, con gente de alto nivel artístico.

¿Cómo es el mecanismo que vincula a un ganador del Premio Nacional de Literatura con la feria del libro de La Habana? ¿Tiene derecho a ser figura central de la feria siguiente al Premio?

Pues la verdad es que no lo sé. Ha habido Feria dedicadas a Premios Nacionales y otras dedicadas a autores que no lo son. No sé quién decide quién ni cuándo. Este año que cierra estuve en cuatro ferias internacionales, el que comienza estaré en cuatro o cinco más.

¿Imaginaste que podías ser el escritor vivo más leído e invisible en Cuba?

Ni una cosa ni la otra. Desde hace muchos años vivo en un sueño permanente, pues he ido logrando con mi trabajo — siempre y solo con mi trabajo, sin halar levas a nadie — una obra y una difusión internacional que a mí mismo me asombra, pues no ha sido fácil ni por obra de la suerte. Tener desde hace 23 años detrás de mí una editorial como Tusquets, no era ni siquiera un sueño en 1995 cuando decidí dejar mi trabajo en La Gaceta de Cuba y hacerme escritor independiente, y es una realidad desde 1996. Tener ediciones en 26 idiomas, los premios que he ganado, que incluso presidentes extranjeros como Dilma Rouseff, Lula y Pedro Sánchez, o el rey de España, pidan reunirse conmigo y me confiesen que son mis lectores… Pues ni modo, como diría Pancho Villa: eso supera todo lo que había podido imaginar. Y mientras, sigo en estado gaseoso en mi propio país…

¿Hay ya algún acuerdo con Unión para publicar en Cuba La transparencia del tiempo?

Pues sí. El Consejo Editorial de Unión aprobó la publicación de esta novela para el 2019. Y espero salga. Y quizás que salga también la tetralogía de Conde, “Las Cuatro Estaciones”, que debió salir hace dos años; y que reaparezcan los ejemplares esfumados de la edición de Aurelia de El hombre que amaba a los perros, como mismo aparecieron los ejemplares esfumados de Herejes, que un buen día fueron llevados en no sé cuántas cajas a la UNEAC luego de casi dos años de editado… Y, ya en esto, me encantaría que alguien decidiera que se viera la serie de televisión de “Las Cuatro Estaciones”, que se ha visto en medio mundo y que ganó en el 2016 el Premio Platino a la Mejor Miniserie del año y…

En fin, no pido que me promuevan, solo que no les impidan a los cubanos tener acceso a mi trabajo. Porque se trata solo de eso: trabajo, trabajo y más trabajo. Si no, no hubiera nada de lo que he mencionado y, ni siquiera, necesidad de hacerme “el hombre invisible”. Al punto de que en una Feria del Libro de La Habana, hace un par de años, mi único libro publicado fue… ¡en Braille!

¿Estás escribiendo alguna novela?

Siempre estoy escribiendo: literatura — ficción, ensayo — , o guiones de cine, o periodismo. Y siempre que termino una novela me tomo un tiempo antes de empezar otra; hasta que esa otra novela me exige que la empiece a escribir. En la que estoy envuelto ahora es una historia — en realidad varias historias — sobre la diáspora cubana posterior a 1990, la dispersión de mucha gente de mi generación y quiero que sea una novela muy intensa, pero pensada con cabeza fría. Una tragedia, pero no un lamento. Y me gustaría poder llamarla como aquella novela que Carpentier no escribió: El clan disperso. Porque en esencia cuenta eso: la dispersión de un clan, un grupo de amigos, que como sabes es — los avatares de la amistad — una de mis obsesiones convertida varias veces en literatura.

A propósito de tu obra, ¿por qué decidiste ser un escritor de novelas policiacas?

En primer lugar porque me encanta leer novelas policiales. En segundo porque me gustan las novelas en las que se cuente una historia, con argumento y ganchos para atrapar al lector. En tercero, porque me di cuenta de que a través del modelo del policiaco se podía hacer literatura, de tanto nivel como te lo propusieras y fueras capaz de alcanzar. En cuarto, porque el género es tan amable que te permite hacer todos los experimentos y propuestas estéticas que se te antojen. Y en quinto porque soy un heterodoxo: cuando peor era el estado literario de la novela policiaca en Cuba, pues decidí escribir una novela policiaca cubana que fuera muy cubana, pero que no se pareciera a las policiacas cubanas. ¿Suficiente?

¿Has vuelto a leer alguna de aquellas novelas policiacas cubanas de los años 70?

No, no tiene sentido. Las leí en su momento, enjuicié algunas, destrocé otras, pero no creo que podría volver a leerlas.

Más de una vez has dicho que careces de imaginación. Pero en las novelas de Mario Conde has creado un universo con una simbología, una manera de funcionar, con personajes fieles a ellos, marcados por sus psicologías, vidas y visiones de la existencia propias. Todo eso, además, logra que el lector participe. Mario Conde, en especial, llega a ser un personaje familiar aunque sea un policía de la literatura. ¿Puede un escritor sin imaginación crear ese mundo? ¿O es que la imaginación para ti tiene otras dimensiones, otros alcances?

Si tengo alguna calificación literaria, sería la de escritor “realista”. Lo que escribo emana de la realidad, es mi percepción de una realidad que está allá afuera, o que estuvo en algún momento de la Historia. Soy un observador que hace crónicas, no un fabulador, y de ahí que no me crea especialmente imaginativo. Soy incapaz, por ejemplo, de escribir ciencia ficción o literatura fantástica. Los mundos que creo son la recreación de universos que existen, igual los personajes, igual los conflictos, igual los conceptos que manejo. Sin esa realidad que conozco y me duele, no podría escribir. Más que imaginación lo que tengo es capacidad de percepción de mí, de nuestro contexto, y por eso siempre digo que si bien la verdad no es absoluta, en mis libros hablo de la verdad y en ellos no hay una sola mentira sobre la realidad en que vivo.

¿A qué escritores admiras por su mucha imaginación?

Uf, qué pregunta… Hacer listas nunca me complace, porque apenas las termino me doy cuenta de que he olvidado nombres… No sé, pero te diría que a George Orwell, a Fernando del Paso, a Cortázar, a Borges… ¡a Rulfo y García Márquez, coño!… Últimamente a Michel Houllebecq… porque los otros escritores a los que admiro mucho y mucho me han aportado, serían de los “realistas” como yo: Hemingway, Faulkner, Salinger, Carpentier, Vargas Llosa, Cabrera Infante, Paul Auster, Vázquez Montalbán, Kundera… Y todos los otros de una y otra lista que estoy olvidando.

¿Te alejarías de nuevo del policiaco, como hiciste con El hombre que amaba a los perros, y emprenderías otra aventura literaria?

Por supuesto que sí. Pero fíjate que mis novelas “blancas” son a veces más negras, más policiacas –en el mejor sentido del género- que las supuestamente policiacas. Y es que para mí los géneros puros no existen, me acerco a ellos y tomo lo que me ofrecen de una manera utilitaria, porque lo importante para mí es decir algo, trasmitir ideas u obsesiones, y busco siempre la mejor manera de poder conseguirlo, sea con recursos del policiaco o con elementos de novela histórica, dependiendo de las exigencias de la historia que vaya a armar.

¿Estás al tanto de la literatura que hacen tus colegas en la Isla?

No tanto como antes. Hoy en día es más difícil por la dispersión editorial nacional, o la geográfica global. Porque a veces ni me entero de qué cosa se ha publicado en Cuba o fuera de Cuba. Porque la literatura cubana ha sufrido un proceso de descentramiento y de falta de mecanismos domésticos de promoción. ¿Cuánta gente ha leído en Cuba Archipiélago, de Abilio Estévez, quizás la mejor novela de Abilio, publicada hace tres años?

Foto cortesía del autor

Aprovechemos esta posibilidad que te ofrece El Caimán Barbudo para dirigirte a tus lectores cubanos y actualicemos el panorama que te rodea: desde hace poco ocupas el asiento que dejó Monseñor Carlos Manuel de Céspedes en la Academia Cubana de la Lengua. ¿Te propusieron como nuevo miembro por la conveniencia de tener a un escritor de resonancia internacional que garantiza otra categoría a la institución? ¿Por qué crees que demoraron en proponerte y dejaron que las academias de Puerto Rico, Costa Rica y Panamá se adelantaran?

A las dos preguntas respondo: no lo sé. Solo sé que fui elegido como académico y les agradezco a los que me propusieron y eligieron para tal distinción. Como dices, es cierto que antes ingresé como Miembro Correspondiente en las Academias nacionales de Puerto Rico, Panamá y Costa Rica y no integraba la cubana… pero así son las cosas en la ínsula. ¡Y ya estoy tan acostumbrado!… Lo único que digo y repito es que si me llaman, yo voy. Si no me llaman, me quedo en mi casa, haciendo lo que mejor sé hacer: trabajando. Hago mi trabajo sin mirar hacia los lados, sin meterme con nadie, sin quitarle nada a nadie, y disfruto lo que tengo y que me ha llegado por el resultado de ese trabajo, que es, sobre todo, la oportunidad de seguir trabajando. Y no paro, no paro. Mientras tenga energías, deseos, fuerzas, no pararé. Y creo que todavía tengo muchas energías, fuerzas y deseos. Ah, y cosas que decir, obsesiones que satisfacer.

¿Es cierto que reeditarán tu libro de entrevistas a salseros? ¿Hay nuevos entrevistados? ¿De quién fue la idea?

Es muy posible que el libro se reedite en el 2019, con las mismas entrevistas de la versión de 1997, a las que se añadirá una nueva con Rubén Blades en la que intentamos hacer un balance de lo ocurrido con la música del Caribe hispano en estos últimos veinte años, claro, desde la perspectiva de alguien que ha seguido siendo una figura insigne de la cultura de la región desde hace mucho tiempo. Además, yo escribiría un nuevo prólogo para dar mis opiniones sobre el proceso musical caribeño más reciente… incluida la avalancha del reguetón.

La idea de publicar esta nueva edición ha partido de un reclamo de algunas de las filiales latinoamericanas del grupo Planeta, es especial la de Colombia, donde la salsa sigue siendo una música viva. Y luego su distribución principal sería en países como la propia Colombia, Panamá, Puerto Rico, México, República Dominicana. Y si me proponen una edición cubana, yo siempre digo que sí. Que sean los otros los que digan que no.

Padura, el ya famoso decreto 349 desató las alarmas de un grupo de artistas que reclamaron más discusión con ellos porque encontraron en el documento formas de limitar el libre desenvolvimiento del arte. Independientemente de que tengas poca o mucha información sobre eso, ¿de qué debería ocuparse un decreto en el terreno de la creación artística?

Creo que lo que debió haber sido un Manual de Urbanidad y Comportamiento, que hubiera sido muy necesario — que es muy necesario en una sociedad donde cada vez más se dan manifestaciones de falta de urbanidad y comportamientos lesivos a la convivencia social — ha derivado en una Ley o Decreto que potencia el Control. Y ese Control, en este caso, va dirigido directamente a representantes de la comunidad artística en casi todas las manifestaciones. Si existían límites legales para la comercialización y exhibición de obras de arte y acciones culturales, ¿para qué añadir una Ley que puede convertirse en un mecanismo de más Control y hasta de posible censura a la actividad creativa o al menos de su presentación o distribución? Hace muchos años en Cuba existen formas de vigilancia y una política cultural. Si a pesar de ello hay obras de arte (o pretendidas obras de arte) que trasmiten mensajes sexistas, racistas, homófobos, degradantes de la dignidad humana y ofensivos respecto a los comportamientos sociales aceptados como parte de la convivencia social (en muchos casos de carácter universal) y que condenan la utilización indebidade símbolos patrios, ¿era necesario dictar una Ley o Decreto que deja un margen peligrosísimo de interpretación de unos individuos (inspectores) sobre lo que es admisible o no y sobre cómo debe el verdadero artista o el ciudadano mostrar un trabajo creativo y que, de contra, multiplica la centralización y el papel de Estado cuando en otros sectores se propone su diversificación?

En Cuba necesitamos más educación, más sentido de lo socialmente correcto (en toda la trama social) más mejoras de unas condiciones de vida cotidiana que pueden generar violencia y desidia, y no más mecanismos de posible coartación de las libertades artísticas, aun cuando algunas autoridades hayan negado que esa coartación sea su objetivo. Ojalá la cordura y el sentido del momento histórico cubano y universal se impongan y las anunciadas regulaciones de las regulaciones hechas a última hora, los nuevos debates que se anuncian vuelvan a colocar lo que es esta Ley o Decreto en el nivel de ese Manual de Comportamiento Ético, Social, Humano, que debió haber sido, que siempre debe ser… Y llegado a este punto te respondo: aunque no soy trotskista ni mucho menos estoy de acuerdo con el Trotski que proclamó que para el arte debe existir toda la libertad, toda. Ese sería el mejor decreto posible.

Ya que estamos comenzando 2019, ¿qué deseas para tus compatriotas este año?

Que la vida les sea más leve. Que puedan vivir dignamente de su trabajo. Que el discurso político y la realidad en que vive la gente se acerquen. Que el diálogo social los acompañe. Que la Cuba en que vivimos sea ahora y siempre la que soñó Martí, con todos y para el bien de todos.

Publicado en la revista El Caimán Barbudo.

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