Mónica Rodríguez: “La literatura no debe tener un objetivo didáctico ni moralizante”

El Caimán Barbudo
Jan 6 · 10 min read
Mónica Rodríguez Suárez. Foto: monicarodriguez.es

Por Isabel Cuello Crombet

Mónica Rodríguez Suárez ganó en 2018 del prestigioso Premio Cervantes Chico, que reconoce a la literatura concebida para niños y jóvenes. A Cuba llegó la narradora española, invitada al V Encuentro Hispanoamericano de Escritores, celebrado el pasado septiembre en la ciudad de Santa Clara, en la región central de la isla. Allí conversamos una mañana, cuando se encontraba lista para regresar a su país natal.

- ¿Qué utilidad tiene en estos tiempos ser escritor?

-La utilidad de lo bello, de lo profundo, de la indagación, de la luz. Posiblemente ser escritor tiene una utilidad más relacionada con el deseo de conocer y de expresarse, de reivindicarse también, reconocerse, perdurar en el lenguaje, jugar, ahondar en la realidad o romper sus límites, más que un provecho o interés material.

- ¿Cuáles fueron tus motivaciones para comenzar a escribir?

-La lectura. Creo que no hay un escritor que no sea antes un lector. Como decía Carlos Fuentes: la escritura no empieza con uno, empieza con todos los libros que has leído. Mi abuelo tenía una enorme biblioteca en casa y yo me perdía en esos libros, diferentes de los que leía de noche en la cama. Con ellos fui descubriendo esa potencialidad y misterio de las palabras. Fueron esos escritores los que me empujaron a escribir. Al principio, poesía, después, relatos y por último, literatura de, para, o sobre niños y jóvenes.

- ¿Es importante asistir a una escuela para ser escritor?

- No es necesario, pero asistir a una escuela puede ayudar, aporta atajos. La mejor escuela de escritura es la lectura. Leer mucho y leer bien, con calidad, y después ya escribir y escribir y escribir.

- Muchos autores, aún con libros publicados, no se reconocen como escritores… ¿Qué piensas al respecto?

-Yo misma tardé mucho en atreverme a llamarme escritora, porque esa palabra encierra nombres tan grandes, talentos tan fuera de lo común que cuesta incluirse en el territorio de su jurisdicción. Pero también dentro de esa palabra se incluyen todo tipo de personas que escriben: escritor es, al fin y al cabo, el que escribe. Así pues, seamos y no tengamos miedo a nombrarnos.

- ¿Cómo es tu rutina de trabajo?

-Escribo por las mañanas, cuando mis hijas se van al instituto. Me siento al ordenador a las 8:30 con un té verde y suelo estar hasta las 14:00 o 14:30, según el día. No siempre estoy escribiendo, claro, también me documento y sobre todo releo y corrijo lo ya escrito. De hecho, en todo ese tiempo de trabajo suelo escribir, en los días buenos, cuatro páginas. La mayoría, menos.

-Después de haber bebido en aquellos libros de tu abuelo que te aseguraron un acervo literario importante, ahora, esta Mónica Rodríguez cómo lleva el equilibrio entre lectura y creación.

-La lectura es básica, el alimento de los escritores, y por tanto debemos leer aquellos textos que nos van a nutrir más y mejor. Conocer lo que otros han escrito antes y sobre todo cómo lo hicieron, es clave para trabajar con profundidad, complejidad y técnica, desde tu propia mirada.

Me apasiona leer, creo que me gusta más que escribir. En ese sentido, muchas mañanas dejaría de escribir y me tumbaría en el sofá a leer. No lo hago porque hay algo que tira de mí, supongo que una necesidad, una llamada y me peleo con el ordenador para escribir esas tres páginas, a veces con dolor, a veces con placer, y siempre dudando.

- ¿Cómo escoges los temas para tus libros?

- Tengo claro cuando algo me conmueve, me golpea, algo que desconozco o me duele. A partir de ahí quiero indagar sobre ello y escribo. El resultado puede ser un texto lírico o de humor o de misterio, un drama o una comedia, pero el tema que me obsesiona está allí desgranándose.

Otras veces comienzo porque hay una imagen o un personaje que tiran de mí y mientras escribo, voy descubriendo el tema que se me ocultaba y aparece para que trate de aprehenderlo, saber un poco más de él, de mí, de la vida. No escribimos de lo que sabemos, escribimos para saber.

-¿Cómo crees que debe enfocarse los temas del sexo y la muerte en los textos de literatura “Infanto-Juvenil”?

-Con naturalidad, sin artificios y acompañados de un lenguaje literario que juegue y mime, asombre y evoque, o que explicite, pero siempre con un sentido dentro de la historia y adecuado a la madurez del lector. Son temas para la literatura, que es el laboratorio del hombre y que debe contener todos los rincones del alma humana.

- ¿Qué tipo de lectura para niños y jóvenes te resultaría desdeñable?

-La que a mí no me interesa es aquella que no contiene literatura, la que manosea al lector, lo constriñe y le miente, la moralista o condescendiente o irrespetuosa con la inteligencia del niño.

-¿Cuáles obras de la literatura infantil y juvenil recomiendas?

-Las que no entran en la respuesta anterior. Encontraríamos muchos libros ya clásicos, de Christine Nöstingler (Konrad, el niño que salió de una lata de conservas o Me importa un pepino el rey Comino), Roald Dahl (Matilda o Las brujas), Michael Ende (Jim Boton y Lucas el maquinista o Momo), Juan Farias (Los caminos de la luna o Un cesto lleno de palabras), Ana María Matute (El polizón de Ulises o Solo un pie descalzo). También autores más actuales como Jutta Richter (Detrás de la estación está el mar o El día en el que aprendí a domar arañas), María Teresa Andruetto, Toño Malpica, Gonzalo Moure, Ricardo Gómez, Nando López, Mar Benegas, Rosa Huertas, Alfredo Gómez Cerdá, César Mallorquí, Ana Alcolea…

Mónica Rodríguez Suárez

- Ante la creciente presión tecnológica del mundo del entretenimiento, ¿cuáles elementos incentivarían la lectura en niños y jóvenes? ¿Qué papel podría jugar el escritor, si es que le corresponde alguno?

-Es necesario que se le ofrezcan a los niños y jóvenes espacios y tiempos para la lectura desde todos los ámbitos (familiar, escuela, instituciones). Leer requiere reposo y estamos en un mundo vertiginoso. Debemos poner libros al alcance de los niños, respetarlos como lectores, acompañarlos y hablar de sus lecturas. También es importante las referencias: que vean leyendo a sus familiares, amigos, héroes de la televisión, de YouTube y otras redes…

El autor puede contribuir a incentivarlos, en primer lugar, ofreciendo una obra de calidad, honesta y respetuosa. Además, los encuentros de autor con niños y jóvenes son también una herramienta poderosa para la promoción, invitándoles al diálogo sobre la literatura, la vida y el oficio de escribir. Debemos contarles por qué es para nosotros importante leer y escribir. Contagiarlos del enorme gozo que supone leer, uno que implica el riesgo de conocerse mejor y pensar con libertad.

- ¿Qué no dejarías de comentar sobre el evento en el que participaste en Santa Clara?

-La experiencia en el encuentro de escritores fue magnífica por la calidad y calidez de los participantes, la profundidad de las ponencias y las lecturas compartidas. Comprobar que hay gente tan joven con esa sensibilidad y preparación es esperanzador. Me gustó mucho, además, esa inevitable unión de la escritura y la lectura con la música, en los descansos, en las jornadas, en la noche…

-¿Tienes preparada alguna obra nueva para publicar o estás en compás de espera?

-En 2020 voy a publicar una novela en Edelvives, Los niños del muelle, para lectores a partir de doce años (siempre es una recomendación, pues la edad depende de la madurez intelectual y emocional). En esta misma editorial espero sacar un libro-álbum. Por último, a final de año, si llegamos, una novela gráfica en la editorial Nórdica, junto a la ilustradora Teresa Novoa, sobre la infancia y juventud de la escritora y activista Concepción Arenal.

-¿Piensas que como escritora mujer has enfrentado retos mayores que los escritores masculinos?

-No, creo que he tenido la fortuna de nacer en una familia que me ha apoyado desde el principio en mi vocación, independientemente de mi sexo. Siempre he tenido una habitación propia, algo imprescindible como ya advirtió Virginia Woolf. En estos largos diez años dedicándome en exclusiva a la literatura, nunca me he encontrado ninguna situación discriminatoria. He tenido muchos rechazos y he perdido muchos concursos, pero nunca por el hecho de ser mujer. Creo que se está avanzando a grandes pasos en este terreno y más en el mundo de la literatura para niños y jóvenes. Aunque, si vemos números y estadísticas, es evidente que aún queda mucho por hacer.

- ¿Por cuál de tus libros te gustaría ser recordada?

-Creo que ese libro aún no lo he escrito. Ojalá llegue un día.

-¿Con cuál de tus libros te sientes más satisfecha?

-Es muy difícil elegir, en todos pongo gran parte de mí. Los libros que escribimos nos transforman de un modo íntimo y profundo y son importantes en una época de nuestra vida. Son nuestras cicatrices. Pero es verdad que con algunos te implicas más que con otros. El que ahora mismo considero que más me ha transformado, en el que más he buceado dentro de mí, con todos mis demonios -pero también mis luces-, es una novela de adultos basada en una experiencia personal, digamos que es un libro biográfico. No está publicado y no sé si se publicará. Tampoco sé si es del que más satisfecha me siento, pero es el que me parece más honesto, duro y revelador de todo lo que he escrito hasta ahora.

-Si debieras escoger alguno para que nunca hubiese visto la luz, ¿cuál sería?

-Podría ser la colección de Candela Superespía, que tuvo su sentido en su momento, pero son libros de los que me siento lejana.

-¿Qué dice una autora con unos cuarenta libros editados y merecedora de tantos reconocimientos, a quienes comienzan a escribir para niños y jóvenes?

-Que lean mucho, de infantil y de adulto. Que escriban y corrijan mucho. Sin impostar la voz, sin mirar por encima del hombro, sin sentirse condescendientes o con la necesidad de moralizar. Que escriban sobre lo que de verdad les importa. Sean honestos y respetuosos, cuiden el lenguaje. Los lectores deben tener espacio para poner sus propios adjetivos, sus reflexiones, su imaginación.

Tengan en cuenta que a los niños y jóvenes debemos hablarles de todo y no engañarles, solo hace falta encontrar el modo que esté a la altura de su madurez lectora o un poco por encima. Y tengan paciencia porque esta es una carrera de fondo.

-Obtuviste el Premio Cervantes Chico, otorgado a escritores de literatura infantil, que reconoce entre otros aspectos la utilización de la obra del escritor como recurso educativo y didáctico. ¿Piensas en estos elementos antes de escribir la obra?

-La literatura no debe tener un objetivo didáctico ni moralizante. No debe instrumentalizarse. Es cierto que los escritores, como todos, tenemos unos valores y escribimos a partir de ellos, a veces para cuestionarlos. Por otra parte, las escuelas buscan una enseñanza de valores y acuden a la literatura para ello. Creo que la escritura no debe estar condicionada por esa búsqueda didáctica. Se trata de que sea el propio lector el que extraiga sus conclusiones, sus reflexiones. Los buenos textos no ofrecen respuestas, sino preguntas. Y precisamente ahí, en ese poder de hacernos cuestionar lo que somos, reside el verdadero valor de la literatura como recurso educativo. Confío en que sea este el reconocimiento que el Cervantes Chico ha querido dar a mi obra.

-Al recibirlo en 2018, te manifestaste emocionada por un reconocimiento a todo el esfuerzo de un escritor en soledad. ¿Esta condición necesaria para la creación no te ha impedido formar una familia?

-Tengo una familia maravillosa: tres hijas, un marido y un perro y también muchos amigos. No vivo en absoluto en soledad. Trabajo en soledad y reconozco que la busco y la agradezco. Sin esas horas para mí y la escritura probablemente tendría muchas más taras y sería menos feliz. Lo que no quita que un trabajo que se hace en completa soledad genera multitud de dudas, sinsabores, frustraciones… Es un esfuerzo con sus recompensas y sus incertidumbres. Un premio es, evidentemente, una gran recompensa a la inseguridad que produce el trabajo en soledad.

-¿Luego de tantos premios has sentido la tentación de incursionar en otros géneros?

-Empecé escribiendo poesía cuando era adolescente y estuve años, hasta los “veintimuchos”. También escribí relatos de adultos por un motivo muy pragmático: quería contarles a mis amigos cosas que no era capaz de contar de otra manera. Porque para eso la ficción es poderosísima: nos cuentan mentiras que encierran alguna verdad.

Desde que me dedico al mundo de la literatura para niños y jóvenes también he escrito algunas novelas inclasificables, que desde luego no son para niños, no sé si para jóvenes y tampoco sé si para adultos. Quizás solo sean para mí. Y por fin tengo la novela de la que te hablaba antes, que es indiscutiblemente una novela dirigida al público adulto,en realidad, dirigida a mí que soy adulta y, por extensión, entiendo que podría incluirse ahí.

-Una de tus obras se encuentra ahora en manos de tres productoras españolas, lo cual podría significar que en cualquier momento llegará al cine. ¿Cómo acoges la idea?

-Pues no sé si va a concretarse, pero la verdad que sería emocionante ver convertido en otro lenguaje narrativo una de mis obras.

-¿Planes inmediatos de vida? ¿Algún sueño por realizar? ¿Qué te gustaría decir a los escritores cubanos?

-Mis planes inmediatos son que la vida siga siendo como hasta ahora, que pueda seguir dedicando mis horas (en soledad) a escribir y leer y compartir el resto del tiempo con mi familia y amigos. Son mis planes y también mis sueños.

Por supuesto hay aspiraciones profesionales más pequeñas como editar con esta o aquella editorial, con este o aquel ilustrador, ganando este o aquel premio y recibiendo el cariño de los lectores, que es, en definitiva, lo que más importa.

A los escritores cubanos les diría que tienen suerte por llevar ese bagaje cultural, esa lengua cantarina y rica, esa pasión, ese mar y esa música. Ya le tienen mucho ganado a la literatura.

El Caimán Barbudo

Revista cultural cubana

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