RUMBOS

Reseñas de El Circo Ambulante

Semáforos, arcenes, desvíos, luces largas y oscuridad. Este es el ecosistema elegido por Manuela Burló Moreno en Rumbos para arrastrarnos a una noche cualquiera en la vida de 10 almas rotas que pelean por encontrarse. Rumbos es una historia de vidas cruzadas con un lenguaje elegante y fluido, aunque no muy original, centrado en la intimidad de sus personajes.

En mitad de esa rutina caótica de la gran ciudad, en esta convivencia masificada de andenes de metro y avenidas atestadas de peatones, algunas veces tenemos la sensación de cruzarnos con cientos de vidas anónimas, de trayectorias sin nombre, y por un momento nos preguntamos por ellas como personas reales, con una historia detrás. Rumbos explora la historia de cada una estas vidas secantes: un camionero agobiado por la soledad, un par de adolescentes con vidas huecas, una mujer abandonada a su suerte o un taxista capaz de escuchar son algunos de los temas entre los que se desplaza nuestro punto de vista, que va de un personaje al siguiente tan pronto como la suerte los cruza, para ir trazando el perfil del anonimato en la ciudad de Barcelona.

Tras su difícil debut en el largometraje (Cómo sobrevivir a una despedida), Moreno presenta un nuevo trabajo muy inspirado en otras historias de vidas cruzadas y múltiples puntos de vista como Crash o Love Actually, y sin duda a rebufo de títulos recientes del cine castellanoparlante como Relatos salvajes, que a su manera han explorado esta fórmula con bastante éxito. La idea de este subgénero es la de ir hilvanando pequeñas historias de distintos personajes independientes de partida, para transmitir una sensación de universalidad en el encuentro de perspectivas con un mensaje de fuerza mayor por encima de sus protagonistas.

En esta ocasión, el rumbo de estas historias va sobre ruedas; la narración nunca se apea de la carretera (una ambulancia, un autobús, un taxi, un camión y un deportivo), que funciona como el nexo palpable, acentúa la sensación de soledad y anonimato, y a la vez pretende ser la alegoría del curso de nuestras vidas, una huída hacia delante, algo así como los ríos de las coplas de Jorge Manrique. Este punto, que parece ser el elemento innovador de la película, nos recuerda inevitablemente a Locke, que transcurre sus 85 minutos en el asiento del copiloto de Tom Hardy. Por otra parte, ese aire taciturno de la gran ciudad reflejada en el parabrisas parece prestada de Taxi driver y su descarriado De Niro.

Manuela Moreno ( izquierda) durante el rodaje de Rumbos.

Con todo, Rumbos es una película sólida, hecha con pasión y esmero por los detalles; una fotografía muy meditada y cuidada según el nuevo estilo de producción española ( La isla mínima, Toro, etc), la excelente interpretación de todos sus protagonistas (como Miki Esparbé, Ernesto Alteiro o Pilar López de Ayala, por destacar algunos), además de una banda sonora que sabe cómo tocar la tecla adecuada, conseguirán en conjunto sacar más de una lagrimita.

Pero sin duda el punto más fuerte de la cinta es su guión. Manuela Moreno consigue introducirnos con gran habilidad en la intimidad de sus personajes: con muy pocos fotogramas, el guión nos traslada todo lo que debemos saber a través de conversaciones naturales y fluidas — algo muy difícil de conseguir — que aportan tangencialmente y con cuentagotas lo imprescindible para ir formando nuestra idea del personaje, tal y como vamos conociendo a las personas en la vida real. Este discurso elegante, adornado de pequeños elementos cotidianos y apoyado por planos de cámara muy interesados por el lenguaje no verbal transmite en todo momento la sensación de colarnos en una conversación cualquiera del día de día de estas personas y nos abre de par en par su corazón.

No obstante este guión está lejos de ser excelente; aunque por separado el arco de cada personaje tiene su gancho, esto es como un equipo de figurines que en conjunto no gana partidos. Toda la tensión y el peso de guión se vuelcan en la linealidad de cada trama, y los cruces entre historias carecen de emoción o relevancia. Como decimos, el objetivo del formato es conducirnos a una conclusión más allá; Crash reflexiona sobre las consecuencias de la intolerancia y el odio, mientras que Love Actually nos muestra cómo el amor supera cualquier frontera. Rumbos en cambio nos habla de la soledad, el rechazo y el desengaño, pero no parece llegar a ninguna conclusión y no termina por revelar ningún hilo conductor. No dice nada más allá de “en la vida hay gente sola y perdida”. Al igual que sus personajes, esta película no se encuentra a sí misma y se queda huérfana de mensaje. Por todo ello, resulta aún más innecesaria la manía de este tipo de películas por sobrecargar la historia con nexos con que llamar la atención sobre la conectividad entre sus relatos; algunos detalles como el de un personaje que arroja un chicle por la ventanilla y otro en su historia lo acaba pisando, o el excesivo paralelismo entre algunas tramas, dando más bien la sensación de contar dos veces lo mismo que de aportar nuevos argumentos a lo que pretende comunicar. Todos ellos son recursos que no aportan nada desde el punto de vista narrativo y sólo ayudan a anudar una historia que en su conjunto no tiene nada más que decir.

De esta manera podríamos incluir a Manuela Moreno en esta generación de directores que, como Kike Maíllo o Alberto Rodríguez entran para refrescar el cine español inspirados por los iconos de su juventud, pero que en algunos casos se quedan más en el tributo que en un trabajo genuino. Lo más sorprendente de Rumbos es que, tras el meticuloso empeño en dirección, producción y guión, esta materia prima tan rica sea a la vez tan poco ambiciosa de cara a su mensaje, y por qué no, de cara a la innovación.

Parece por ello que aún en materia de dirección hace falta un paso al frente para imprimir un carácter más propio a sus películas, aunque visto el excelente trabajo en el ámbito lírico y estético, así como con el equipo de actores y técnico, y recordando otros trabajos como Pipas, no cabe duda de que Manuela Moreno sólo necesita un punto más de experiencia para reivindicar su sello en la industria española. Rumbos es por tanto una película de buena factura y gran sensibilidad, que sin mayores pretensiones conseguirá emocionarnos con momentos que sin duda han formado alguna vez parte de nuestras vidas.