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¿Cuándo fue la última vez que te sentiste como Michael Jordan?

… Eso es lo que le pregunté a mi pareja, Fran, mientras veíamos la nueva serie de Netflix sobre Michael Jordan, The Last Dance.

“Cuando iba a jugar al fútbol con mis amigos y compañeros de trabajo. Era el mejor en cada partido y sé que flipaban cada vez que jugaba. Qué momentos”, me dijo. “¿Y tú?”

Pues resulta que esta es una gran pregunta para ayudarte a descubrir cuál es el trabajo de tu vida. Qué es aquello que te encanta hacer. Y de eso va este artículo. Espero que disfrutes leyéndolo tanto como yo he disfrutado escribiéndolo.

Hombre con bebé posando delante de un grafitti de baloncesto
Fran, nuestro bebé y el grafitti más molón de Oporto, Portugal.

¿Qué quería decir cuando le hice esta pregunta?

Para mí, sentirte como Michael Jordan es saber que eres el mejor en lo que haces. Significa sentir que no hay nadie en la Tierra que haga lo que tú haces mejor que tú. Cuando te sientes como Jordan es como si fueras dios (el dios que tú quieras, ¿vale?) en lo tuyo. Y todo el mundo sabe que no hay otro como tú.

¿Qué respondí yo?

Le dije a Fran que me había sentido así dos veces en mi vida. Y hasta yo misma me sorprendí de que ninguna de esas dos situaciones había sido en mi puesto de trabajo actual. Te cuento.

Estudié filología en la uni (tengo un máster y todo, no te digo más). Y ahora mismo trabajo de lingüista o filóloga en una empresa muy conocida, con compañeros fantásticos, muy buenos líderes y mi propio equipo, aunque pequeño (¡hola, AH!). Me lo paso genial y se me da bien. De hecho, la gente dice que se me da MUY bien. Lo lógico sería que este fuera el trabajo en el que me siento como la versión femenina de Michael Jordan, ¿verdad? Mentira.

La primera vez que me sentí como Jordan

La primera vez que me sentí como Jordan fue cuando gané un concurso de traducción en la uni. Un porrón de estudiantes y yo teníamos que traducir un capítulo de Cumbres borrascosas de Emily Brontë del inglés al español. Yo era la única persona en el concurso que estaba estudiando filología hispánica. Los otros 50 estaban estudiando filología inglesa.

Así que a un lado de la cancha estaban mis 50 oponentes, que llevaban años estudiando inglés y la obra de Emily Brontë. En el otro lado estaba yo, que había aprendido inglés por mi cuenta. Phoebe y Mónica de Friends, la novela de Forrest Gump y Eminem habían sido mis profesores. Pero a pesar de todo, gané. Toma que si gané. Y me sentí como nunca. Según iba componiendo mi traducción, sabía que era imposible que alguien estuviera escribiendo mejores palabras que las que estaba escribiendo yo.

La segunda vez que me sentí como Jordan

La segunda vez que me sentí como Air Jordan (la leyenda, no las deportivas) fue cuando tuve la oportunidad de liderar un pequeño equipo e introducir un nuevo producto en la empresa en la que trabajaba. Convertí el pequeño equipo en un equipo enorme y el nuevo producto en el canal de comunicación más importante de toda la empresa. Y yo era la jefa de todo eso. La persona con todas las respuestas, la supervisora con mejores estadísticas, la que podía arreglar casi cualquier problema relacionado con mi producto. Sabía que era la mejor. Todos en la empresa lo sabían. Igual que todo el mundo sabía que sólo Jordan podía convertir una franquicia moribunda en una franquicia ganadora.

¿Por qué lo dejé?

Cuando le di a Fran estas respuestas, en particular la segunda, me empecé a preguntar por qué dejé ese trabajo. Me di cuenta de que se volvió aburrido. Mantener algo en lo más alto no es tan emocionante como llevarlo a lo más alto.

Así que empecé a buscar nuevos retos y encontré este trabajo de lingüista en el que estoy ahora y que me encanta. Cambiar a este trabajo me situó en la trayectoria profesional que siempre había querido. Y aunque también pasé de pez gordo a pez no tan gordo, en ese momento fue la decisión correcta y nunca me he arrepentido de ella.

Pero ahora, después de varios años en este trabajo, empiezo a sentir que ya no hay espacio suficiente para seguir creciendo ni para construir algo increíble. No hay espacio suficiente para volver a sentirme como Michael Jordan.

¿Y ahora qué?

El número máximo de puntos que anotó Jordan en un partido de baloncesto fue 69.

Sólo tengo que pensar qué significa para mí anotar 69 puntos. Cuando lo sepa, estaré bien encaminada para sentirme como Jordan otra vez.

Si no has empezado a ver la serie, te la recomiendo. Es una historia fascinante. Además, si estás en una encrucijada profesional o estás planeando buscar trabajo y no sabes por dónde empezar, Jordan puede darte la respuesta. Puedes ver la serie en Netflix.

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Katerine Santo

Katerine Santo

Linguist, tech nerd, hiker, swimmer, mum