La obra de Carl Gustav Jung

Estrella Amaranto
Nov 2 · 5 min read

Para describir la obra del psicólogo, médico psiquiatra y ensayista suizo, Carl Gustav Jung, personaje fundamental en los inicios del psicoanálisis y posteriormente, fundador de la escuela de psicología analítica, más conocida como la de los complejos y psicología profunda. Bueno, como decía antes, para describir el trabajo de este eminente buscador de la magia entre la Psicología Analítica, la antropología y la filosofía, que nos explica conocimientos tan importantes como «sincronicidad», «inconsciente colectivo», «arquetipos» o los fundamentos de un legado espiritual, en donde podemos hallar todo un crisol de idearios.

Siempre que mencionamos a psicólogos famosos, el primero que se nombra es Sigmund Freud, pero, para muchos, fue Carl Gustav Jung, quien dejó una huella más profunda en el conocimiento de la personalidad y la mente humana.

Frases atribuidas a Carl Gustav Jung:

«Ningún valor psíquico puede desaparecer sin ser sustituido por otro equivalente en intensidad».
«El ser humano que promete todo es seguro que no hará nada y cada uno que prometa demasiado se encuentra en peligro de utilizar medios diabólicos para llevar a cabo sus promesas y está ya en el camino de la perdición».
«Desde la mitad de la vida hacia adelante, solo permanece vital aquel que está preparado para morir con vida».
«No podemos cambiar nada hasta que lo aceptamos. La condena no libera, ella oprime».
«Si uno no entiende a otra persona tiende a considerarlo un loco».
«Todos nacemos originales y morimos copias».
«El hombre sano no tortura a otros, por lo general es el torturado el que se convierte en torturador».
«Todo lo que nos irrita de otros nos lleva a un entendimiento de nosotros mismos».
«Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz sino haciendo consciente la oscuridad… lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino».
«La gente va a hacer cualquier caso, no importa lo absurdo que esto sea, para evitar hacer frente a sus propias almas».
«La cosa más aterradora es aceptarse a sí mismo por completo».
«El encuentro de dos personas es como el contacto de dos sustancias químicas: si hay alguna reacción, ambas se transforman».
«Un hombre que no ha pasado a través del infierno de sus pasiones no las ha superado nunca».
«El privilegio de una vida es convertirse en quien realmente eres».
«La vida no vivida es una enfermedad de la que se puede morir».
«Aquello a lo que te resistes, persiste».
«Yo no soy lo que me sucedió. Yo soy lo que elegí ser».
«Aquellos que no aprenden nada de los hechos desagradables de la vida fuerzan a la conciencia cósmica a que los reproduzca tantas veces como sea necesario para aprender lo que enseña el drama de lo sucedido. Lo que niegas te somete; lo que aceptas te transforma».
«No retengas a quien se aleja de ti, porque así no llegará quien desea acercarse».
«Su visión se aclarará solamente cuando usted puede mirar en su propio corazón. Quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta».

Se puede afirmar que aunque Jung colaborase con Freud durante años, la visión de este sobre la sexualidad como desencadenante implícito detrás de la conducta humana, nunca fue algo fácil de tragar para su discípulo Jung, quien en su mente prodigiosa de libre pensador, existían muchas más incógnitas que excedían aquellas bases teóricas de Freud.
Jung aunque fue un psicólogo clínico práctico y teórico, consagró la mayor parte de su vida a investigar otros reinos, a envolverse dentro de la filosofía oriental y occidental, también le interesó el mundo de las artes, la astrología, alquimia y la sociología. Digamos que fue un erudito en muchos saberes, como intentaré desarrollar a continuación:

Una vez mencionó que el hombre nace tres veces. La primera se refiere al nacimiento real o físico. La segunda cuando se desarrolla el ego y la tercera es el nacimiento de lo que llamó «conciencia espiritual». El cual no llegará a producirse si la persona se identifica con su «ego», debido a sus condicionamientos de conductas aprendidas o severos patrones mentales, muy poco receptivos.

No obstante, según parece él llegó a experimentar este tercer estadio del despertar en su infancia debido a un sueño extraño, fascinante y simbólico. Según el sueño estaba en una amplia sala con una alfombra roja y allí postrado en un trono se alzaba un ser extraño. Era un monstruo parecido a un árbol con un inmenso ojo en el centro. Llevaba un vestido de piel de hombre y casi no reaccionó cuando el pequeño Jung se aproximaba a él. No obstante, no pasó mucho tiempo cuando escuchó la voz de su madre, quien le gritaba desde una fosa próxima que no se acercase porque era, en realidad, «el comedor de hombres».
Aunque al principio pensó que se trataba más bien de una horrible pesadilla, no tardó mucho en despertarse en él un gran interés por todo lo onírico y lo que podía representar. Más tarde comprendió que aquel sueño podía ser una invitación para la investigación de lo que daría en llamarse lo «inconsciente», por parte de algunos psicoanalistas.

Pese a que la orientación clínica del trabajo de Carl G. Jung se fundamentaba en una psiquiatría teórica, tuvo muy claro que no se conformaba con esa reducida visión que limitaba el área del conocimiento humano, por lo que no pasó mucho tiempo, cuando incorporó a sus teorías otros fundamentos de la antropología, del arte, la espiritualidad y el legado donde se hallaban implícitas las ideas más significativas de lo inconsciente.
También estudió religiones como el cristianismo, hinduismo, gnosticismo, islamismo, taoísmo y otras costumbres porque según su pensamiento, lo espiritual era la raíz de la vida psíquica.
Para entender el pensamiento humano había que conocer también los productos que generaba, es decir todo lo cultural. Fue un claro defensor de la experiencia espiritual, pues para él era fundamental para estimular nuestra paz interior, lo cual rechazaba Sigmund Freud.

En 1944 Jung publicó «Psicología y Alquimia» mostrando la simbología de los sueños ya utilizada antiguamente por los alquimistas, así como imágenes mitológicas arraigadas en el subconsciente de la mente humana.
Por medio de esas ideas, subrayaba el carácter universal de la teoría de los arquetipos, a la vez que defendía la espiritualidad como instrumento para mejorar la salud mental del hombre actual.

Atraído por los conocimientos arraigados en las tradiciones ancestrales, descubrió los efectos psicológicos de los mandalas, cuando estudiaba la religión oriental, pues según decía en numerosas ocasiones, dicho mandala obedecía a un determinado diseño geométrico sagrado que era capaz de provocar algo revulsivo y terapéutico en nuestro interior.

Cualquier figura circular implica no solo una abstracción del cosmos, también es una llamada de atención a escuchar nuestro ser, a recuperar su armonía y propiciar un crecimiento, un despertar.

Con objeto de descentralizar el ego y de romper el ruído de los pensamientos obsesivos y que la persona hallase otras rutas de liberación hasta encontrarse ante un nuevo estado de conciencia, Carl G. Jung se sirvió de los mandalas con sus pacientes y de esta forma ayudarles a escuchar la voz interior.

Si te ha resultado interesante mi artículo, puedes ampliar el conjunto de todo el trabajo de este gran psicólogo, uno de los más ricos en cuanto a saberes, enfoques y concepciones, en sus libros: «El libro Rojo», «El hombre y sus símbolos»o «Recuerdos, sueños, pensamientos», que a día de hoy constituyen todo un un enfoque multidisciplinar para expertos, curiosos y profanos.

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