Capitulo 2
Doctor Lloyd
El transporte reposó en el terminal cero dos siete del magnificente edificio del Consejo. Ubicado en el centro del domo, desde allí se dirige el futuro de todos los ciudadanos bajo él. Pronto, se abrió Talbert camino por los pasillos circulares y escaleras y se encontró antes de lo previsto en el despacho de Lloyd.
El doctor Donald Lloyd resultó ser mas joven de lo esperado. Aparentaba, como mucho, unos cincuenta y cinco años y no vestía el típico atuendo de los ediles sino, solo, un guardapolvo desabrochado y algo desgastado. En su cara se sombreaban algunas arrugas y el negro de su cabello dejaba entrever varias canas. Se llevó la mano a la nariz y con el dedo medio se acomodo los lentes. Exclamó:
— ¡Teniente! Sea usted bienvenido, tome asiento por favor. — El tono de su voz era extraño pero se podía sentir cierto entusiasmo en sus palabras.
— Gusto en conocerlo, doctor. — Respondió dubitativo. — Dígame doctor ¿Que… — Lloyd lo interrumpió con un gesto de su mano.
— Yo pregunto primero. ¡Sintiese hombre! Dígame ¿Gusta usted un cigarrillo? — Sacó un contenedor color plata y un encendedor cilíndrico dorado.
— No fumo, gracias. — Era la primera vez que le ofrecían cigarrillos, el tabaco solo se permite a los ciudadanos. Lloyd encendió uno y lanzó el humo al aire.
— ¿Como fue su primer noche bajo el gran domo? Acostúmbrese a estas cosas amigo. Puede estar seguro que ya nunca volverá ahí afuera. A partir de ahora le esperan asuntos mas… ¿Como decirlo…? interesantes.
Talbert, trago saliva. Un silencio incomodo los envolvió.
— Escuche amigo — Lloyd se le acerco y prosiguió en tono confidente — Mírese, usted ya no es como ellos, las probabilidades lo ha favorecido. Usted esta de este lado ahora, del lado los ciudadanos de la Gran República. Vamos, cambien esa cara. ¿Ya había oído de mi?
— Ninguno de los que usamos sus invenciones desconoce su nombre doctor, aunque no sabia que gobernaba este domo.
— Gobernar es un verbo excesivo, solo represento a los tecnócratas en el consejo pero no me interesa la política, además no cuento con gran influencia y se lo aseguro, si la tuviera, me daría muchos dolores de cabeza. A nuestro Secretario General — Su voz desbordaba ironía a cada fonema — no le gusta la competencia.
Talbert no pudo contener la risa — No debe ser fácil. — profirió.
— Tampoco es difícil, con tal de que no lo moleste suele aprobar la mayoría de los presupuestos que le pido y no pregunta mucho. Gracias a su falta de interés en mi, y a su infinito desprecio por la gente como usted, es que esta usted aquí teniente. Pero quédese tranquilo, yo no tengo ningún tipo de recelo a los que, como usted, obtuvieron la ciudadanía y se les permite vivir bajo los domos.
— Estoy acostumbrado a ese tipo de prejuicios — afirmó — Entonces es por eso que no me informaron aún a que unidad me asignaran.
— Usted responderá directamente a mí, teniente, y formará parte de mi equipo de investigación.
— Con todo respeto, no soy un investigador.
Un hológrafo proyectó un avatar caricaturesco que hablo con voz aguda. Doctor — dijo — La mayor lo espera. Lloyd se puso de pie
— No se preocupe por eso. — sonrió y señaló al muñeco proyectado por encima de su hombro — ¿Le gusta? Inteligencia Artificial de Soporte, IAS para abreviar, es la evolución del notificador que lleva en la muñeca.
— Parece bastante útil — Se saludaron con un fuerte apretón de manos — Si gusta puedo darle uno — le susurro el doctor, con cierto tono de secreto— aunque es solo un prototipo.
— Eso me gustaría.
— Lo espero mañana, le enviaré los detalles a su notificador. Aproveche a recorrer el domo, hay mejores lugares para comer que el casino de oficiales, se lo puedo asegurar.
Las puertas se cerraron tras de él.