Polémica sabiduría

La sabiduría es una habilidad que todos creemos tener. Todo el tiempo estamos aprendiendo de nuestras experiencias pero eso no nos hace sabios. Al menos no tan sabios como los famosos pensadores.

Por lo general las personas ‘sabias’ están en los libros jugando al papel de autores, los demás somos aprendices.

La sabiduría es una etiqueta de la que muchos se jactan y otros ni se toman la molestia de revisar de qué se trata. Pero no es tan fácil, tampoco es un tema de discriminación profesional sino un tema de voluntad, como el libre albedrío, uno escoge ser sabio o no. Decisiones.

Es difícil.

Es justo dejarlo todo en manos de la opinión, es la manera más fácil de hacerlo todo relativo, es justo y también sencillo. Qué piensas tú, qué piensan ellos, qué pienso yo. Que cada uno determine su manera de ser/creerse sabio como le parezca y ya está. Así es como empieza la paz y también la guerra.

Pero contrario a muchos debates acerca de otros intangibles como la felicidad, por ejemplo, la sabiduría no se ajusta precisamente a esa sensación de libertad, podemos decir que cada uno es feliz a su manera porque hay muchas formas de ser feliz pero no podemos decir que cada uno es sabio a su manera porque la sabiduría viene de una sola fuente.

Vale la pena aclarar que, aunque hay cientos de caminos para afrontar este tema, al menos esta nota no se trata de desacreditar otros posibles criterios.

Volvamos al principio.

Dios no tenía a la sabiduría en su agenda de la creación porque aún cuando no había creado nada ya la sabiduría existía.

“Dios fue quien me creó. Me formó desde el principio, desde antes de crear el mundo. Aún no había creado nada cuando me hizo nacer a mí.” Proverbios 8:22–23

Así que, como el hijo que admira su padre al trabajar, la sabiduría tuvo el placer de presenciar la creación de los mares y manantiales, los cerros y las montañas, la tierra y todos sus paisajes.

También el privilegio de ver, nada más y nada menos, cuando Dios puso el cielo azul sobre los mares y cuidadosamente colocó las nubes en el cielo. Y alguito más, entre sus recuerdos, la sabiduría también puede contar cuando Dios cerró las fuentes del gran mar y cuando le ordenó a las aguas no salirse de sus límites.

Menuda experiencia, acompañar a Dios en su oficina. Pero para Dios era mucho más que su acompañante, era su consejera.

“Cuando Dios afirmó la tierra, yo estaba allí, a su lado, como su consejera. Mi dicha de todos los días era siempre gozar de su presencia. El mundo creado por Dios me llenaba de alegría; ¡la humanidad creada por Dios me llenaba de felicidad!” Proverbios 8:31

En todo el capítulo de Proverbios 8 Dios aleja a la sabiduría de su naturaleza intangible y le da voz. Así que, sin titubear, ella aprovecha para hacer una invitación.

¿Cómo hace la sabiduría para llamar la atención?

Se para a la orilla del camino o a la mitad de la calle, para que todos puedan verla. Se para junto a los portones, a la entrada de la ciudad, y grita a voz en cuello. Proverbios 8:3

Así es como se dirige a la gente de todo el mundo, pero hace un especial énfasis en los jóvenes, a quienes llama ignorantes e inexpertos.

Y mientras les advierte que “piensen bien lo que hacen”, ella se presenta:

“ Yo soy la sabiduría, y mi compañera es la experiencia; siempre pienso antes de actuar. No me gusta la mentira, ni tampoco la hipocresía, siempre digo la verdad.” (Tomado de Proverbios 8 TLA)

Revela cuál debe ser el propósito de la vida:

“No busquen las riquezas, mejor busquen mis enseñanzas y adquieran mis conocimientos, pues son más valiosos que el oro y la plata. ¡Los más ricos tesoros no se comparan conmigo!” Proverbios 8:10–11

También una que otra característica de su personalidad:

“Los que obedecen a Dios aborrecen la maldad. Yo aborrezco a la gente
que es orgullosa y presumida, que nunca dice la verdad ni vive como es debido.” Proverbios 8:13

“Yo amo a los que me aman, y me dejo encontrar por todos los que me buscan.” Proverbios 8:17

Lo que guarda en su mochila:

“Yo tengo en mi poder el consejo y el buen juicio, el valor y el entendimiento.” Proverbios 8:14

Uno de sus poderes:

“Yo hago que actúen con justicia reyes, príncipes y gobernantes.” Proverbios 8:16

Los nombres de su agenda de contactos:

“Mis compañeras son la riqueza, el honor, la abundancia y la justicia.” Proverbios 8:18

Y para finalizar su presentación, como si estuviera en un auditorio a full, la gran sabiduría da unos consejos no menos importantes que su misma definición. Invita a los oidores a su casa a escuchar sus enseñanzas, seguido de un secreto particular: si la buscas encuentras la vida pero si la rechazas encuentras la muerte.

¿Qué clase de sabiduría es esta mencionando a la muerte con tono amenazador?

Cada uno cree en la versión de sabiduría que quiera. La que se consigue en los libros, en su profesión, en su IQ, en el dinero, en el amor, en un ídolo o en un filósofo. Pero si nos tocara hacer un ranking de sabidurías solo hay que tener un poco de sentido común para poner la sabiduría que viene de Dios en primer lugar. Es tan retadora, tan perfecta y tan difícil al tiempo. Aunque no imposible.

La biblia da algo más que un consejo cuando dice en Proverbios 1:7 que el principio de la sabiduría es el temor al Señor, quiere decir que es solo la punta del iceberg. ¿Qué viene después?

No nos digamos mentiras, es muy difícil graduarse de sabio, pero al menos tenemos la opción de buscar la sabiduría.


Escrito por Cristina Gómez
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