AYAHUASCA: Mi experiencia con el subconsciente y dimensiones alternas (Parte 4— La Ceremonia)

Viernes 15 de Mayo, 2015 06:00 pm. Ahí estábamos todos reunidos, muchos en silencio observando el suelo en forma contemplativo, otros haciendo las últimas preguntas, otros ansiosos de volver a vivir la experiencia. Recuerdo muy bien que en un momento decidí hablar por teléfono con mi familia para comentarles que todo estaba bien, que no se preocuparan y que al día siguiente les platicaría como había salido todo. Antes de colgar levanté mi mirada al cielo y vi el naranja-rosado del atardecer, los últimos rayos de sol perdiéndose tras la montaña y las primeras estrellas de la noche que empezaban a brillar. Y aunque no creo en Dios algo me dijo que todo iba a salir bien y, en ese momento, toda mi ansiedad y mis nervios desaparecieron.

Oscar llegó al oratorio caminando muy despacio y en silencio. Iba vestido completamente de blanco, lo cual, de alguna extraña forma proyectaba mucha paz y espiritualidad. “Bueno, ahora vamos a pasar al oratorio, una vez adentro van a escoger su lugar y no se va a hablar más. Sé que muchos de ustedes están nerviosos, no tengan miedo. Antes de empezar voy a darles la oportunidad de que me pregunten todas sus dudas para aclararlas. Es importante que una vez dentro se relajen y suelten su miedo, de otra forma tal vez no puedan apreciar la experiencia en su totalidad”. Y así, fuimos pasando uno a uno, escogiendo nuestro lugar en el oratorio. Al entrar me llamó la atención ver cubetas en el lugar de cada persona, “para el vómito” nos comentó Gugo.

Ceremonia Ayahuasquera (source: http://sacredvalleytribe.com/)

7:00 pm. Algunas personas hincadas, otras sentadas y otras recostadas, todos escuchábamos atentamente la introducción que nos hacía Oscar sobre la ceremonia. Nos hablaba del origen de la planta, de sus usos en la medicina alternativa, los tipos de Ayahuasca que habían, etc. Esa noche nosotros tendríamos nuestro encuentro con un tipo de Ayahuasca traída desde las selvas de Colombia. Junto con Gugo, nos recalcaron que el trabajo que hacía la planta lo hacía a través de nuestro yo interno, con nuestro propio “chamán”, y por lo tanto, ellos debían intervenir lo menos posible en nuestro proceso.

Una vez terminada la introducción inició con una sesión de preguntas para todas aquéllas personas que tuvieran dudas. Básicamente todos los nuevos teníamos las mismas dudas y Oscar pacientemente fue resolviéndolas una a una. En eso estábamos cuando en medio de la sesión entró Ricardo un señor de unos 60 años, con su tapete de yoga y desenrollándolo accidentadamente en el lugar que mejor le pareció. Gugo inmediatamente se le acercó y le pidió que se colocara en otro lugar y no en el centro del oratorio. Ese instante rompió un poco con la armonía del momento y ocasionó que algunas personas se sintieran incómodas. Antes de iniciar la toma Oscar preguntó si había alguien con problemas de adicción a lo cual Ricardo respondió “Yo tengo un problema de alcoholismo”, y procedió a contar su historia, sin embargo, la lluvia no lo dejó terminar.

Ayahuasca: (Soure: https://mycotopia.net/topic/81202-preparing-for-my-first-ayahuasca-ceremony/page-7)

Permanecimos en silencio escuchando los truenos, las gotas de lluvia golpeando el techo y el fuerte viento a través de los árboles por alrededor de 15 minutos. Una vez que terminó la tormenta Oscar se levantó y nos pidió que fuéramos pasando a recibir nuestra toma. Poco a poco se se hizo una pequeña fila y en grupos de 7 personas pasaban frente a Oscar y Gugo para recibir un vaso translúcido en el cual se podía observar la cantidad del brebaje. No era mucho. Tal vez entre 100 y 200 mililitros de un líquido cafe rojizo, con textura un poco terrosa y sabor bastante dulzón para mi gusto.

Apenas tuve el vaso en mis manos, me sentí como en la montaña rusa, cuando te estás apretando el cinturón de seguridad y sabes que ya no hay vuelta hacia atrás. Tres tragos fueron suficientes para terminarme el liquido. Cerré mis ojos y pensé “Trátame bien Ayahuasquita”, abrí los ojos, le regresé el vaso a Gugo sonriendo y caminé hacia mi lugar. Me quedé hincado por como 15 minutos, tratando de absorber toda la experiencia, era increíblemente surreal. Observaba las caras de todos los participantes, tratando de poner mucha atención en mi cuerpo y en mi mente para detectar algún síntoma, alguna sensación o alguna visión. Pero no sucedía nada. Así pasaron 40 largos minutos y nada, al mismo tiempo veía como otras personas ya abrazaban sus cubetas, con sus cabellos despeinados, lágrimas en sus ojos y saliva en su boca, todo provocado por la sensación de vómito que les había llegado. “Tal vez soy de los que no vomitan”? “Tal vez mi cuerpo no absorbió bien el DMT”? y con esas preguntas me recosté con la firme intención de descansar y dormirme.

No tendría más de 5 minutos acostado cuando de repente sentí en mi estómago una sensación de vacío y de reacomodo intestinal. “Creo que voy a…” nunca había abrazado tan fuerte una cubeta. Hacía muchos años que no vomitaba, pero ésta vez era diferente. No había dolor intestinal, nada de eso, era como si toda la “basura energética o emocional” quisieran salir de mí inmediatamente. Era algo que no podía controlar. Por más que trataba de concentrarme, era una reacción involuntaria muy fuerte que me provocaba seguir vomitando. Pero no vomitaba nada. Soló escupía un poco de saliva. Cerré mis ojos deseando que terminara eso y volví a vomitar, pero esta vez vi como si salieran de mi boca “cubos negros de carbón”, uno tras otro y de diferentes tamaños.

Efectos Ayahuasca: (source: http://psiontraining.com/tag/levitation/)

Apenas terminó la sensación de vómito, me recosté y cerré mis ojos para concentrarme mejor en la experiencia. Aunque no podía ver nada al tener mis ojos cerrados, “vi” una luz dorada bajo mis pies, era como la luz del amanecer, como cuando el sol está saliendo y comienza a iluminar las nubes y el horizonte. Y en ese momento “mi cuerpo empezó a flotar”, como levitando, lo cual me asustó un poco. Me recliné para conectarme con mi entorno y vi que aún había algunas personas terminando la toma, “Creo que ya me está haciendo efecto esta cosa” pensé. Volví a recostarme e inmediatamente vi una explosión de colores en mi “campo visual”. Miles de colores y de formas, pero particularmente esferas pequeñas. Era como si toda la realidad, todo objeto, toda textura estuviera compuesto por M&M’s de colores, “psicodelia pura¡”.

Aunque me resultaba entretenido (ya había tomado antes LSD), sabía que apenas era el inicio. No sé cuánto tiempo estuve en la etapa de la psicodelia pero supongo que fue bastante. Sin embargo aún estaba consciente sobre el propósito de estar ahí, adentrarme en mi subconsciente y tratar de resolver algún conflicto interno, si es que tenía alguno. Y si los tenía. Comencé a pensar profundamente en algunas acciones y decisiones que había tomado muy recientemente, que si bien conscientemente creía que no afectaban a nadie, inconscientemente me di cuenta que si lo hacían. Mi “yo interno” intentaba convencerme del impacto negativo que podrían tener dichas acciones tanto para mí como para mis familiares, y fue así que gradualmente terminé por aceptar que lo mejor era desistir de esos planes.

Gaia: (Source: http://www.worldipreview.com/article/the-shape-of-things-to-come)

Una vez solucionado ese dilema moral, volví a la psicodelia. Esta ocasión era como ver “The Matrix” pero en lugar de los símbolos verdes, veía M&M’s de muchos colores que escurrían por todos lados y formaban texturas y objetos. En ese momento pensaba mucho en los comentarios que había escuchado durante el día, especialmente sobre la presencia de un ente femenino durante la experiencia. No sé si fue coincidencia pero casi inmediatamente percibí la presencia de “Gaia” o del “espíritu de la Ayahuasca”? No la veía materializada en forma de una persona, era algo diferente, la veía como en una forma tridimensional, tejida entre los M&M’s de colores. En cuanto sentí su presencia le pregunté “Que es lo que tengo que solucionar?, que tengo que aprender?”. Recuerdo vívidamente que me hizo una señal de silencio llevando suavemente su dedo índice a los labios, para después señalar hacia su lado izquierdo y mostrarme una imagen, a “mi difunta abuelita”.

Mi abuelita materna falleció hace casi más de 7 años. Nunca tuve la oportunidad de despedirme de ella porque dos semanas antes de que ingresara por última vez al hospital, yo había viajado a Holanda para iniciar la maestría. El volver a verla fue algo realmente especial. La vi parada frente a un arbol grande, como un roble, cuyas ramas se extendían muy alto hacia el cielo. Detrás del árbol percibía muchísima luz dorada y blanca que iluminaba el contorno de mi abuelita de manera cálida, casi como si fuera un ángel. La expresión en su cara era de tranquilidad mezclada con un poco de tristeza o melancolía, hasta la fecha no logro descifrar porque la capté así.

Arbol de la Vida: (source: http://rlcfchurch.org/how-to-partake-of-the-tree-of-life/)

Sólo podía contemplarla y llorar, llorar por el gran ejemplo que significó en mi vida y por saber que su energía o amor, aún continuaba con nosotros, aunque nosotros no estuviéramos conscientes de ello. Sentí que había venido esta noche con la intención de cuidarme y de guiarme en la experiencia. Tal vez demasiado ansioso volví a preguntar “Que es lo que tengo que arreglar?, que tengo que aprender?”. No me respondió, únicamente sé que a partir de ese momento me dieron unas ganas incontrolables de reir. Me reía de todo, de las cosas que veía durante la psicodelia, especialmente me preguntaba a mi mismo “Como era posible explicar lo que estaba percibiendo/observando a la gente que nunca había experimentado algo similar?”. También me reía involuntariamente de las personas que continuaban vomitando o llorando, y no es que me burlara de ellos, por el contrario, sentía su dolor y su tristeza pero me resultaba gracioso el saber que una planta podía causar efectos tan fuertes en las personas. Mi risa era como el vómito, incontrolable. Me dolía el estómago y me corrían lágrimas de los ojos, llevaba así por lo menos una hora. De repente vino a mi mente un pensamiento que “según yo” me había enviado mi abuelita, “Cuanto tiempo tiene que no te ríes así?”

Me pudo muchísimo pensar en eso, sobretodo porque sabía que llevaba años tomándome la vida demasiado seria, tanto por cuestiones de trabajo, como por cuestiones propias de la edad. Muy pocas veces me daba la oportunidad de reirme hasta que me salieran las lágrimas, me dió mucha tristeza, pero inmediatamente volví a escuchar a mi abuelita diciéndome “A eso vienes hoy, a reirte, a despertar al niño que tienes dentro, a desenterrar una de tus cualidades, reirte y hacer reír”. Al inicio de la ceremonia creí que tal vez la experiencia me llevaría a explorar temas como mis relaciones sentimentales fallidas, o inseguridades y traumas, pero no. Al parecer tenía que volver a aprender a reir y a disfrutar de las cosas simples de la vida.

Y con esto vino otra imagen y pensamiento que aún no logro explicar del todo. Percibí cubo con esquinas redondeadas y con todos sus lados de colores diferentes, pero que también mutaba y se convertía en una esfera. Lo poco que comprendí en esa “visión” fue que nosotros los humanos complicamos increíble e innecesariamente las cosas en nuestra cabeza y que las cosas no deben ser así, la realidad es mucho más simple y debemos aprender a simplificar y disfrutar cada instante, a apreciar la sencillez de cada momento, a valorar la belleza de la que estamos rodeados, a gozar por el simple hecho de estar vivos y de poder experimentar ésta realidad con nuestros sentidos. Todos los miedos, inseguridades, frustraciones, comparaciones, anhelos, etc, son telarañas mentales que nosotros mismos construimos y con las que contaminamos esta realidad. No nos damos cuenta que en el proceso no sólo nos lastimamos a nosotros mismos, sino que también dañamos el equilibrio en nuestro entorno y los estragos se manifiestan a través de todo el espacio a través de vibraciones negativas.

Capitas del Aura: (source: http://tomokohealing.com/about/)

“Como éstas? Quieres el refuerzo?”, era Oscar, era el momento de decidir si querías tomar otro vaso de refuerzo para continuar con la experiencia. Y aunque mis visiones no eran tan extravagantes como las que había escuchado el día anterior, de alguna u otra forma me estaban ayudando, por lo que le dije que no. Cerré mis ojos y de nuevo, continué con la risa imparable. Como habían prendido las luces para indicar que era el momento de la toma de refuerzo, no podía mantener los ojos completamente cerrados así que opté por dejarlos abiertos. Estando así en el suelo, acostado de lado y con mi campo de visión limitado, observé a Oscar caminando entre los participantes, pero algo me llamó la atención, unas “capitas”. Mi madre alguna vez tomó un curso de psicocibernética y me platicaba que todas las personas teníamos una especie de “capitas energéticas” las cuales integraban nuestra “aura”.

Obviamente, siendo más joven, escéptico y “racional” eso de las “capitas” me sonaba a pseudociencia barata, hasta que las vi persiguiendo a Oscar. Cada vez que él caminaba, podía observar como unas siluetas azules y algo transparentes, lo seguían, emulando su movimiento. Era como si atravesára por mucho humo y la estela de aire limpio lo fuera siguiendo. En ese momento aunque no me sorprendió, me puso feliz. Creo que si somos energía y nuestros estados de ánimo influyen directamente en nuestra vibración energética, con nosotros mismos, con los demás y con nuestro entorno y a través del espacio. Es por eso que a veces decimos que alguna persona tiene “mala vibra” o “la sangre pesada”. Por eso debemos ser sumamente cuidadosos de sacudirnos ese tipo de energías cuando las percibamos, ya sea a través del deporte, meditación u oración. Todos somos vibraciones energéticas y estamos en sintonía con el espacio y con nuestro entorno, aunque no lo percibamos conscientemente.

Continuará…