Cosas que se dicen entre empanadas y helado

Imagen de autoría propia

Una docena de empanadas para tres personas: Laura, Josefina y yo. Hay de carne picante, capresse, pollo al champignon y verdura (porque las gordas ante todo necesitamos variedad y calorías).

Con los hombres nos pasa lo mismo: nos gustan muy distintos pero nos terminan haciendo llorar siempre por las mismas cosas.

A Josefina le gustan los artistas de dudosa estabilidad laboral, que abusan de la musculosa y lucen orgullosos un bigotito a medio camino entre Cantínflas y Dalí. 
Ella se mueve por ámbitos que yo no frecuento así que siempre es interesante esuchar sus historias y saber cómo es por allí la dinámica entre hombres y mujeres.

– Les cuento la última? -, inaugura Jose la ronda de novedades.- Conocí a un chico muy copado en un evento en una galería de arte. Hablamos un rato largo y, sin siquiera saber nuestros nombres, nos despedimos. Al día siguiente me pide amistad en facebook y me cuenta detalladamente todos los pasos que siguió para averiguar quién era yo y así poder encontrarme.

– Se percibe un verdadero romántico!-, interrumpo sin-querer-hacerlo-pero-sin-poder-evitarlo, y cuando me doy cuenta le hago un gesto con la mano para que continúe contando mientras evito que el juguito de la empanada capresse me gotee por la manga de la camisa.

– Me pareció super tierno! No solo que haga todo eso para encontrarme sino que me lo cuente! Le pregunté qué estaba haciendo, como para romper el hielo y empezar a conocernos… pueden creer que me contestó recién 24 horas después??? Y eso no es lo peor!, su respuesta fue “Trabajando.”, así chicas, un gerundio suelto y un punto final, 24 horas después.

– Ah, nooooo! Y????-, pregunto mientras pienso si esto de las esperas será un mal de la época, teniendo en cuenta mi experiencia con Miguel y con el abogado.

– No le escribí más y él tampoco a mí! Volvimos a ser dos extraños en un abrir y cerrar de chat.

Se generan diez segundos de suspiros, miradas y silencio a modo de duelo tácito de hermandad femenina en honor a lo que pudo ser y no fue.

Aprovechando el momento solemne, cada una agarra su última empanada en simultáneo a ponernos de acuerdo sobre los gustos de helado que vamos a pedir (porque ante todo las gordas siempre necesitamos tener planificado el próximo alimento a ingerir).

A Laura le gustan los hombres al menos 10 años más grandes, ávidos por demostrar cuánto saben de vinos y por adquirir persistentemente camisas entre el amplio rango colorimétrico del celeste claro y el celeste oscuro (que, a no confundirse, no es lo mismo que azul).

– Si les cuento lo que pasó con “viajecito” no lo van a poder creer… -, dice Laura casi con vergüenza.

– Después de esa intensa salida no me habló más, ni contestó mis mensajitos… Ah!, pero eso sí, me ponía “me gusta” en las fotos de facebook.

– Me jodés! Se borró “viajecito” también!!! -, acota Josefina aliviada de no ser la única abandonada.

– Ojalá se hubiera borrado, chicas! Apareció a las dos semanas! Me llamó por teléfono -solo los post 45 llaman por teléfono, pienso, pero esta vez no interrumpo- para decirme que quería pedirme perdón por haberse borrado, que está en un momento de transición y que “la pasamos bien pero no estoy para meterme en una relación”.

– Lo mato! Te dice eso después de lo que propuso? Quién lo mandó a decirte todo eso si al toque se iba a borrar?

– Pará Jose, dejala terminar! (Tranqui-Verita!-Qué-pasa?-Solo-vos-tenés-derecho-a-interrumpir?)

– Se lo pregunté, chicas! Más que nada lo del viaje porque lo del estudio de sangre me dió vergüenza ajena hasta mencionarlo! Su respuesta fue: “Son cosas que se dicen”.

– Cosas que se dicen??? Por qué mejor no decís “Che flaca, en tres días te voy a dejar de hablar pero te voy a seguir poniendo me gusta en las fotos de facebook, te jode?”, así nos ahorrás ansiedades y angustias a todas, querido???

– Jaja! Sos lo más, Jose. Te juro que yo no entiendo qué les está pasando a los tipos… -, dice Laura y le hace un gesto a Josefina haciéndole notar que yo hace unos minutos que tengo la mirada clavada y la sonrisa idem, apuntando hacia la pantalla de mi teléfono celular.

– Debe estar chateando con El hombre infinito!

– Sí, chicas, perdón, pero él me hace tener la esperanza a flor de piel, y hace tanto que no me sentía así!

– No pidas perdón, nena! Qué bueno que al menos una de nosotras se sienta con essspeeerraaaannzzaaaaaa -, Josefina le pone música a la palabra y hace un pasito de baile espástico mientras nos reparte las cucharitas para el helado.

– Dale, contá qué onda!

– Toda la semana después del reencuentro estuvimos a puro chat y el domingo vino a casa a dormir la siesta, de esas que no implican conciliar el sueño en ningún momento. Después nos quedamos charlando abrazados un rato largo y me propuso una de las salidas más románticas que un hombre me puede hacer.

– Espero que no sea un viajecito!

– O ir a sacarse sangre! Jajaja!

– No chicas, me propuso ir a sacar fotos juntos por el barrio!

– Ah bueeeno…vos y tu concepción sobre el romanticismo, Vera! -, grita exagerada Josefina mientras me abraza y aprovecha para sacarme una cucharadita de chocolate con almendras.


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