Cuando volver no es regresar (Madrid 4)

Es mi último día en Madrid. Me despierto porque hay ruidos en la cocina, y aroma a tostadas y café. Qué lindo levantarse con la sensación del hogar compartido. Javi y Fermín me esperan en la mesa para desayunar juntos, compraron de todo para comer y exprimieron un jugo de pepino, limón y zanahoria, cuyas propiedades se esmeran por enumerar a coro.
Les cuento avergonzada sobre la corrida de cara que me hizo ayer 35G y no lo pueden creer. Fermín se ríe sin parar y Javi me mira atónito y exige:
– Necesito que me actúes la situación.
– No nene! Ya suficiente papelón pasé ayer como para repetirlo.
– En serio Vera, necesitamos entender cómo sucedió, yo hago de 35G.- Alienta Fermín mientras se sienta al lado mío dispuesto a empezar a actuar.
– Bueno, entonces vos hacés de la cantante semi rapada.- Le digo seria a Javi y ya pone las manitos tocando una guitarra invisible.
– Vamos maja! a reírse de la situación, que tragedia+tiempo es igual a comedia!
Me aflojo un poco y dirijo la escena. Cuando termina aplaudimos desaforados. Ellos se ríen de mí y yo me río con ellos.
Mi hermano mira la hora en su teléfono, se levanta y avisa que se va.
Qué onda? Ni el útimo día me va a dedicar? Me da bronca y me pone triste. No quiero que mis últimas horas en Madrid estén marcadas por esos sentimientos pero tampoco voy a dejar pasar esto, no puedo quedarme callada así que reclamo:
– Pensé que íbamos a pasar todo el día juntos.
– Tengo que entregar un laburo.
– No lo podés entregar mañana?
– No Vera, no puedo.
– Ya veo, no podés hoy y no pudiste casi ningún otro día.
– Yo no estoy de vacaciones acá, esta es mi vida y tengo mis obligaciones. Acá la que tiene que adaptarse cuando viene sos vos.
Fermín se levanta despacito y se mete en su habitación.
– Ah… veo que molesto, menos mal que hoy me voy.
– No entendés nada Vera, a mí me encanta que estés acá pero no puedo dejar mi vida por tu visita.
– Ya sé que no! Pero la verdad es que al principio pensaba que no me dabas tanta bola porque estabas demasiado con (señalo hacia el dormitorio haciendo referencia a Fermín) pero la verdad es que él estuvo super pendiente de mí y a vos te ví poco y nada.
– No serás un poco exagerada?
– Me parece que no.
– Me tengo que ir. Después ustedes me pasan a buscar y te llevamos juntos al aeropuerto
Me quedo 20% enojada y 80% decepcionada, pero Fermín sale de la habitación y me grita:
– Prepárate que en quince salimos de farra!
Decido disfrutar de los últimos momentos del viaje y concentramos en un par de horas todos los pendientes pre regreso: recorrido de despedida por todos los lugares emblemáticos de la ciudad, compra de golosinas locales para llevar al trabajo y jamones envasados al vacío para la familia. Y claro, una valija nueva de mano para poner las últimas adquisiciones.
Buscamos a Javi cerca de la Puerta del Sol y vamos hacia el aeropuerto. Fermín rema la escena porque mi hermano y yo no generamos mucho tema de conversación.
Después del check-in, me siento a solas con Javi en una de esas cafeterías de aeropuerto en las que te cobran un café más que lo que cuesta un Boeing 747.
– Te acordás cuando éramos chicos y leíamos juntos a Mafalda?
– Obvio. Cuando hacíamos cosas juntos.
– Ja! Bajá un cambio hermanita… hoy me acordaba de eso y te hice algo de regalo.- Saca una libreta forrada con el mapa de Madrid y un señalador con esta historieta de Mafalda:

La doy vuelta y escribió con su linda letra de diseñador gráfico: TE ADORO HERMANITA (Aunque a veces parezca que me quedo dormido). VOLVÉ PRONTO ❤
Se me cierra la garganta y me abraza fuerte. Algo nos pincha a ambos. Meto la mano en el bolsillo. Me había olvidado que tengo a He-Man guardado.
– Yo también tengo algo para vos!
Saco el muñequito y cuando lo ve lo agarra, le da un beso y grita:
– Fermín !!!
Lloramos de risa, y de emoción, y de despedida.
– Así los quería pillar!,- Dice el He-Man de carne y hueso y nos abraza a los dos al mismo tiempo.
Caminamos juntos hacia la puerta de pre embarque y nos despedimos emocionados.
Lloro en silencio mientras me pruebo perfumes en el free shop. No son lágrimas de tristeza, son de catársis, de transformación.
Esta vez, 23A es mi asiento y al parecer nadie compró el 23B. Mis piernas están felices de no tener la obligación de estar enjauladas. Agarro la libreta que me regaló Javi para empezar a escribir ahí mis anécdotas viajeras pero el doble asiento se apodera de mi cuerpo y duermo durante todo el vuelo. En realidad entre la cena y el desayuno, no es cuestión de desperdiciar los servicios gastronómicos de a bordo.
Soñé que era azafata y cuando le llevaba la comida al piloto me decía “Vení, seguí vos, el aterrizaje es tuyo” y yo, con los tacos, la mini y el pañuelo en cuello, me sentaba, tocaba todos los botones con cara de experta, hablaba con la torre de control, le guiñaba el ojo al copiloto y en un ratito tocaba suelo porteño sin despeinarme.
Ya despierta y mientras desayuno un pan que vino congelado y un yogurt entero sin gusto y con más calorías que un kilo de helado, pienso en mi vuelta y que no implica necesariamente regresar a lo mismo. Puede ser una oportunidad de reinventar la realidad rescatando lo bueno y transformando lo que me gustaría que sea distinto. También me doy cuenta que se me están tapando demasiado los oídos y eso puede hacer que mis neuronas no estén pudiendo hacer sinapsis, provocando que una positividad nivel-autoayuda se apodere de mí.
Así toda autoayudada, bajo del avión contenta y liviana, con ganas de llegar a casa y disfrutar de mis últimas horas de vacaciones.
En el hall del aeropuerto me quedo esperando a Lau, mi amiga que me viene a buscar pero me avisó que está demorada. Alguien me pregunta desde atrás si necesito un taxi. Me doy vuelta y es Pedro, mi ex, que está meciendo un cochecito en el que adentro se ríe un bebé.
Mi ex tuvo un hijo. Me enteré hace unos meses cuando cambió su foto de whatsapp y en lugar de sus sobrinos apareció él con un bebé fresquito en brazos, acompañado de una frase en inglés sobre los sueños, el despertar y el amor eterno.
Pedro está feliz de verme y más feliz aún de presentarme a Mateo. Dice “no duermo hace 6 días”, dice “ya te va a pasar”, dice “Cuando llora lo amo y lo regalaría al mismo tiempo”.
Parece que él también sabe ese guión a la perfección, el de los que les toca actuar en esa obra llamada paternidad, en la que hay estreno sin ensayo general.
No me impresiona que tenga un hijo, me impresiona que hable como padre.
Me cuenta que se están yendo los tres al sur y que la mujer está por ahí comprando revistas para el viaje. Es la primera escapada que hacen desde que tuvieron a “Matu”.
Me pregunta por mi vida y por un novio que cree que tengo (deducción suya basada en un comentario que le hice hace más de un año) “Ah! pensé que estabas en una relación con él, me hice toda la película!”.
Me doy cuenta que hasta hace poco, un morbo patético hubiera hecho que me guste que él haya pensado por más de un año que yo estaba de novia. Ahora solo me causa gracia.
Quizás exagero pero pienso que si me lo hubiera encontrado a la ida de este viaje no me sentiría tan relajada por verlo como me siento ahora. Pedro está bien y me pone contenta por él. En el debe y el haber de nuestra relación ya no quedó cuenta por hacer.
Desde que cortamos definitivamente (antes habíamos tenido idas y vueltas) yo estuve segura de que él no era la persona con la que quería estar, así que ahora solo resta recordar lo bueno y buscar otra persona con la que construir algo lindo, más cercano a mis deseos.
Lau me avisa que ya está afuera esperándome y comienzo a despedirme del pequeño Mateo y de Pedro, que me abraza con mucho cariño. Me emociona que sea mutuo y me doy cuenta que nuestro problema nunca fue la falta de amor, entonces cada vez que nos veamos o sepamos que al otro le pasa algo bueno, allí estará un pedacito de ese amor para celebrarlo.
Caminando hacia el auto, siento que estoy al borde de un nuevo comienzo. Tengo ganas de que me pasen cosas buenas. Se que no es solo cuestión de proponerlo pero es un gran primer paso.
Las vacaciones siempre me hacen bien pero hoy hay algo distinto, como si hubiera aprendido más sobre mí, lo que quiero cambiar y lo que quiero mostrar más.
Esta vez, siento que volver no es regresar.
¿Querés saber quién soy y por qué escribo? Leé Yo soy Vera

