Jugando el juego de un casado

Imagen de autoría propia

Estoy yendo a trabajar sin dormir.

Pasé toda la noche buscando alguna promoción de pasajes para ir a Madrid. Encontré varios muy baratos pero ninguno bajaba de las 428 escalas. Otros sólo permitían equipaje de mano o eran en aerolíneas con más accidentes en su haber que la Avenida General Paz.

Eso no fue lo único que hice. También comí papas fritas de paquete a las 3:32 am, a las 6:02 cosí el botón que estaba flojo en la camisa que me iba a poner hoy y… enElMedioLeEscribíUnaCartaAlHombreInfinitoDiciendoleUnMontónDeCosasLindasYPreguntándolePorTodasLasInquietudesQueMeAquejanRespectoA”nosotros”.

Lo digo así rapidito para que pase desapercibido y no me juzguen. Pero que no panda el cúnico, no hay motivos para asustarse: NO SE LA MANDÉ. Soy consciente de que a la madrugada y sin dormir se me pueden ocurrir las cosas más creativas y también las más patéticas así que decidí guardarlo en un archivo word y volver a leerlo hoy a la noche para ver más cerca de cuál de esos extremos está.

La buena noticia es que saqué los pasajes! No me salieron tan baratos pero los aboné en cuotas que voy a pagar hasta que tenga que empezar a solventar mi geriátrico.

Llego al trabajo luciendo sobredosis de tapaojeras. Quiero evitar la escena que ocurre cada vez que alguno llega con cara de cansado: lo agarran de punto y le cantan durante todo el día “Le di le di le di, le diste toooda la noche” con una melodía que no se entiende bien si es la de Ilarié de Xuxa o La mordidita de Ricky Martin.

Llego indemne a mi escritorio porque están todos metidos en la cocina comiendo los churros con dulce de leche que trajo Marcelo por su cumpleaños. Prendo la computadora y voy a la cocina a prepararme un café cuádruple, tengo que encontrar la manera de mantenerme despierta al menos por nueve horas más.

Mi teléfono vibra y veo que es un mensaje de facebook de un tal Manuel.

No conozco ningún ManuEL CASADO DEL BAR DEL OTRO DÍA!!!!! Cómo me encontró? Cómo supo mi apellido? (Qué-importa,-Vera-concentrate-en-leer-lo-que-te-escribió-el-bombón-de-anteojos-de-marco-grueso-negro!!!!).

Me dice que se quedó pensando todo el fin de semana en mí y en mi sonrisa, que lo disculpe si me parece desubicado que me escriba pero que no se quería quedar con las ganas de saber más sobre mí.

¿Desde cuándo yo le voy a contestar a un casi desconocido del cual lo único que sé con seguridad es que está casado y me está tirando onda?

Desde hoy.

Me parece una gran manera de mantenerme despierta en este lunes ojeroso.

Después de las referencias obvias a la salida en la que nos conocimos, no puedo evitar cuestionarle su mensaje, dada su condición de casado. Me cuenta que su situación es “complicada… aburrido se puede decir, buscando + de la vida”. Dice que está en proceso de separarse, que su pareja está terminada pero no se va aún de la casa porque tiene un nene muy chiquito y es muy difícil tomar la decisión de dejarlo y ya no vivir con él.

Aunque todo suena a verso, le sigo el juego. Mientras esto se mantenga en el mundo virtual, quedan alejados los miedos y las culpas (los míos, claro).

Charlamos un rato largo. Habla de manera dulce y hace preguntas interesantes. No es nada obvio en sus comentarios y eso me atrae mucho.

-Tengo una idea! te invito a almorzar así charlamos más tranquilos. -, me sorprende con la propuesta

- Gracias…pero no almuerzo con hombres en situación “complicada” -, respondo priorizando la conciencia a las ganas.

Yeye desfila por el pasillo al grito de “Veruch: te vas a Madrid??? Qué divineeee”. 
Mandé a imprimir hace un rato los tickets de avión y con esto de la charla con Manuel me olvidé de ir a buscarlos y ahora TODA la oficina sabe que me voy.

El casado insiste en vernos y yo sé que mi bandera blanca está cerca pero la estoy guardando la mayor cantidad de tiempo posible. Esta situación me genera intriga y pánico en las mismas proporciones. Intriga porque él me atrae y me dan ganas de conocerlo más, y pánico porque sé que aunque me haga la relajada y piense que esto puede ser sólo una aventura pre-viaje, mi lado realista me grita al oído que puedo salir lastimada una vez más.

Listo. Me rendí. (Ah-sos-reee-difícil-eh!).

Le digo que almorzar no puedo pero que puedo cortar un ratito tipo 3 pm para tomar algo cerca de mi trabajo. Acepta y le indico en qué bar vernos (no sea cosa que vayamos a un lugar donde esté comiendo media oficina y después todos comenten…).

Se acerca la hora del encuentro y estalla una tormenta apocalíptica. Mis nervios y yo pedimos prestado un paraguas en la oficina. Llego al bar agitada y expectante. Mientras cierro el paraguas y trato de arreglar un poco mi pelo en el mismo movimiento, alguien me abre la puerta desde adentro. Es él, con una sonrisa más grande que mis miedos.

La hora compartida pasa tan rápida como intensa. Hablamos sin parar, nos reímos y coqueteamos (hermosa palabra!) y lo más movilizador para mí: me siento sexy a través de su mirada (se es sexy como condición personal? Se es a través de la mirada del otro? Es una mezcla de las dos cosas?).

Por una hora decido olvidar que está casado. Ya sé, no es un dato olvidable pero al menos resuelvo dejarlo de lado para permitirme disfrutar del momento.

Son las 4 y tengo que volver a trabajar, caminamos juntos una cuadra bajo mi paraguas prestado.

– Acá está mi auto -, señala.

– Ok, acá nos despedimos -, le digo con tono de superada.

Él pone cara triste, se acerca para saludarme y frena a mitad de camino.

– Te iba a dar un beso pero…

Por suerte no continúa la frase y decide besarme sin permiso (que bronca el hombre que pide permiso para besar cuando la situación ya está en bandeja).

No suelo usar la palabra romántico muy seguido, me parece de cuento de hadas insulso… pero esta es una de las escenas más románticas dentro de la película de mi vida. ¿Será porque en esta historia el Príncipe usa lentes y la Princesa come papas fritas a las 3:32 am?


Leé la primera parte de Manuel acá


¿Querés saber quién soy y por qué escribo? Leé Yo soy Vera
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