Reencontrarse con la libertad

El siguiente es un relato enviado por una lectora del Blog El Juego del Paquete (Los contenidos son responsabilidad de su autora). 
Durante el mes de enero publicaremos historias de lectores y en febrero regresan las historias originales del Blog, escritas por
Vera Ricerca.


Si aquel invierno Baléntia hubiese tenido la más mínima percepción del cambio que se venía, quizás las cosas se hubiesen sucedido de otra manera, o tal vez no…

Una noche de chat, de esos que había antes, que para poder chatear se enviaba una solicitud, apareció Freddie, si, si Freddie, pero no Mercuri, ni el de las pesadillas… este Freddie era diferente…

Todo comenzó con un “Hola, ¿quién sos?” y así se fueron dando esas raras coincidencias de la vida en la que dos personas que no se conocían, de pronto vivían en la misma ciudad, estudiaban en la misma facultad y hasta cursaban en la misma comisión (si, si… ¡¡¡tanta coincidencia que asusta!!!). En los meses posteriores hablaban eventualmente y Baléntia lo buscaba en las cursadas, en los pasillos de la facultad y hasta en el buffet tratando de adivinar cuál de todos los chicos con los que se cruzaba era Freddie, si bien la cursada tenía un número reducido de alumnos no era sencillo saberlo porque desconocía los nombres de algunos de sus compañeros.

Una tarde de Noviembre en un intento de acercarse, él la invito a un espectáculo musical que daría con su grupo de música pero Baléntia, que claramente tenía su mente en otro lado, le respondió con un “¡Qué lindo! Bueno después te aviso” y ese “te aviso” se transformó en un olvido.

Cuando llegó el verano y con él las vacaciones, comenzaron a hablar más y más, tenían muchas cosas en común (Para ese entonces Freddie ya tenía un rostro definido). Los más grandes del rock eran sus gustos en común, y así, charla va, charla viene, se conocieron (demasiado quizás…).

Durante varios meses Baléntia fue feliz, pero esta felicidad fue mutando sin que ella se diera cuenta… a veces diferentes objetos se rompían o simplemente desaparecían curiosamente cuando ella no estaba en su casa porque hacía unos meses el destino había jugado su carta para que ellos vivieran juntos.

Las cosas funcionaban muy bien pero ante la menor cosa fuera de lugar, se desataba una tormenta en la que Baléntia se veía envuelta con la etiqueta de “CULPABLE”. De un tiempo a este su amor propio se había desvanecido y frente a los enojos de Freddie ella se quedaba paralizada, como si le hubiesen pegado los pies al suelo. Ella se bloqueaba, no podía pensar y no le salían las palabras, por más que él se enojara porque frente a estas situaciones ella no reaccionaba, ¡Y vaya que tenía argumentos de sobra para reaccionar frente a las cosas que Freddie rompía!, desde platos hasta su computadora.

Luego de esta situación tan traumática decidieron darse un tiempo pero, ¿Qué creen, amigos? Baléntia no aprendió la lección, ella necesitaba tropezarse con una piedra aún más grande para ver que ese camino no era el correcto.

Una tarde de Enero apareció una piedra un poco más grande en el camino que transitaba Baléntia, una de esas con una textura un tanto rebuscada, con recovecos difíciles de ver. Una piedra que tenía como objetivo desafiar a Baléntia y acosarla para ver hasta dónde era capaz de llegar.

Tuvieron que pasar un par de meses hasta que un día al llegar más temprano de lo habitual a su casa, nuestra amiga descubrió que quien la había acosado aquella tarde de verano no era nada más ni nada menos que Freddie, y créanme que en este momento se asemejaba bastante al de las pesadillas. En consecuencia Baléntia reaccionó y se enfrentó al hombre con las manos de cuchillos más afilados que puede haber… pero nuestra amiga necesitaba una piedra aún más grande porque, pese a que a partir de esta situación la confianza nunca volvió a consolidarse, ella lo perdonó.

Baléntia necesitaba una piedra tan pero tan grande que le permitiera reinventarse desde lo más profundo de su ser, amarse a sí misma por sobre todas las cosas y respetarse de la manera debida y vaya que costó…

Una mañana en la que ella ya estaba cansada de todas las piedras que aparecían en su camino decidió revelarse y plantear a ese Freddie que la atormentaba en las pesadillas que, si no veía un cambio, ella así no quería seguir. Dicho cambio tenía un plazo no mayor a 3 meses y fue tanta la presión que recibió Freddie que cuando Baléntia se lo dijo, todo voló por los aires y en una mañana de febrero sus objetos más preciados quedaron hechos pedazos.

Esto hizo que con todo el dolor del mundo Baléntia al fin pudiera quitarse la venda de los ojos y comenzara a decir basta de a poco, a sacar de su vida las cosas que no quería, que le estorbaban para que al fin pudieran venir cosas mejores.

Pese al miedo y la angustia pudo ver que, si bien el costo había sido alto, pudo recuperar algo muy importante… su LIBERTAD.

Libertad de expresarse y de SER ella misma por sobre todas las cosas, pero principalmente, poco a poco pudo, reencontrarse.

Una razón (Abel Pintos)
Asumí los riesgos de esta situación, 
 cada vez peor, y me fui acostumbrando. 
 Es que a veces vas y me tratás tan mal, 
 que no me hace mal, y me fui acostumbrando. 
 Claramente tengo miedo de perder. 
 
 Una razón no cabe aquí, 
 te puse a vos antes de mí. 
 Siempre dolió y no entendí, 
 te puse a vos antes de mí. 
 
 Una tregua hoy nos puede envenenar, 
 una gota más y esto ya no se sostiene. 
 Por amor, por ego o por vanidad, 
 pero la verdad es que ya no se sostiene. 
 Claramente tengo miedo de perder. 
 
 Una razón no cabe aquí, 
 te puse a vos antes de mí. 
 Nada cambió, siempre fue así, 
 te puse a vos antes de mí. 
 
 Hoy quiero dar un paso atrás, 
 se acaba aquí tu voluntad. 
 Ya no tendrás mis lágrimas, 
 no quiero más este cuento del último aliento. 
 Claramente tengo miedo de perder.

Las historias del Blog El Juego del Paquete comienzan en el capítulo “Yo soy Vera”.