Reencuentro eterno con el hombre infinito

Imagen de autoría propia

Ansiedad por ver si leyó mi mensaje, nervios si me dice de vernos, cosquillas en la panza cual quinceañera minutos antes de encontrarnos.

Eso me lo provoca solo él, que es todo un misterio y yo me empeño en develarlo permanentemente.

Navego hace meses en un mar de incertidumbre y, si bien sé nadar, no tengo chaleco salvavidas.

Nos conocimos hace 8 años en un curso que hicimos juntos, un año de vernos tres veces por semana. Mucho trabajo en grupo. Cada uno en pareja. Muy buena onda mutua y nada más. Llegó diciembre y ha sido un gusto, chau.

Cuando estaba atravesando la infructífera época de Tinder (no-podés-llamar-”época”-a-algo-que-duró-5-días!), lo veo a él ofrecido como uno más en esa góndola virtual de mercadería masculina.

Hasta donde yo sabía él estaba en pareja y había tenido una hija. Le escribo a mi amiga Laura que lo conoce porque comparten ámbito laboral:

– No sabés a quién vi en Tinder? Al hombre infinito!

– Escribile! Te caía re bien y parece que se separó.

A esa combinación de hechos no tuve más que proceder:

Qué lindo que me responda con tanta buena onda, pienso.

La charla se vuelve muy activa y cuando le cuento que me separé parece interesarle más de lo que me imaginaba. Me carga por el fanatismo de mi ex novio por Star Wars y los juguetitos alegóricos que invadían mi casa (sí, uno por amor cede en cosas inesperadas). Comenta lo linda que yo le parecía y que siempre me miraba “con otros ojos” aunque los dos estuvieramos en pareja.

Me está entusiasmando más de lo esperado esto de recordar viejos tiempos.

No sé si sus comentarios son 100% reales o solo son fruto de un hombre con ganas de tener con quién dormir la siesta hoy haciendo cucharita (pueden-ser-ambas-Vera-no-seas-tan-mal-pensada). Elijo creerle y las ganas (que ahora son de ambos) se van tornando en posibilidades.

– Cuándo me invitás a tu casa a tomar unos tragos?

24 hs después está tocando el timbre en mí casa con una botella de un famoso aperitivo (Bebida amiga: inserte su publicidad aquí!) en una mano y una de jugo de naranja en la otra.

Abro la puerta y pienso “BESAME!”.

Es la misma persona que hace 8 años, pero ahora es un hombre que me gusta, me interesa, me inquieta. Sí, todo eso en un giro de llaves, un abrir de puerta y un abrazo con frotadita de mano en la espalda.

Todo lo que sale de su boca me gusta, me hace reír o me dan ganas de saber más. Está vestido lindo y huele tan bien que es hipnótico.

Ponerse al día así da gusto.

Pasamos de la picada en el balcón a preparar tragos en la cocina y de ahí al sillón. Histeriqueo del lindo, mucho. Caras cercanas y seguir hablando ya sin decir nada.

Mi monopensamiento sigue latente: “BESAME!”.

Ese beso llega, y muchos más, y todo lo demás también.

Difícil describir cuando algo es mucho más de lo que esperás, cuando todo se conecta, cuando por un rato, entre charlas, tragos y besos, te acordás lo que es ser feliz acompañada.


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