Todos están casados menos yo

Imagen de autoría propia

Antes de que el ascensor toque la planta baja, acepto la solicitud de amistad de Martín en facebook. Cuando ya estoy camino a casa, me escribe por whatsapp:

Epa! Soy yo o estamos yendo al grano muy rápido? Él también habrá sentido chispas o me querrá presentar un amigo? (Respirá-hondo-y-seguí-contestando-que-esto-pinta-picante,-Verita).

Le cuento que estuve en pareja y hace un tiempo estoy soltera, le preguntó a él por su mujer, así directo, sin dudar de que existe. Me responde, igual de directo, que está casado hace tres años.

Debatimos mucho rato sobre la infidelidad, parece estar muy interesado en saber si fui infiel (y si lo sería), si estuve con alguien casado (o si lo estaría).

Le cuento de Manuel, el casado que se separó la semana que lo conocí y con el que “salimos” un tiempo.

ESTOY HIPERVENTILANDO.

“Acá” es él + yo = nosotros????

Por fin dejamos de filosofar en el aire. La sola afirmación sobre lo que pasa entre nosotros desencadena descripciones minuciosas sobre lo que cada uno despierta en el otro: sensaciones físicas, fantasías, deseos. Hablamos con una avidez digna de los que esperan diez días en la puerta para que abra el local donde venden el ultimísimo modelo del celular del momento.

Todo lo que cada uno pensó en silencio mientras estábamos juntos, se vuelve una catarata de palabras a la distancia.

Estoy parada hace diez minutos en la puerta de pilates y lamentablemente tengo que cortar el idilio virtual para entrar a la clase. Mientras guardo el teléfono, me sorprenden desde atrás Inés y Tiago:

— Con quién hablabas taaan risueña???

— Con nadie, chicos.

Cuando entramos, la profe y Marta ya nos están esperando. Inés las mira y mientras se saca las zapatillas les dice:

— Vera consiguió novio!

— Jaja! Qué decís? Nada que ver. Estaba hablando con mi hermano.

— En qué anda???

— Se casa.

Sé que tirando esa bomba evito que surja el tema de Martín y se arme un tribunal para decretar cuán bien o mal está que me guste un casado.

— Ay, me muero!!! Qué lindo!, -Tiago, emocionado, me agarra fuerte la mano.

Marta e Inés se miran entre ellas y después me miran a mí, compasivas.

— Y a vos cómo te cae que él se case y vos sigas sola?

— Me parece que te dejaste la sutileza en tu casa, Marta. Igual, ya que preguntás, me pone feliz que se case pero no que lo haya anunciado justo antes de que sople las velitas en mi cumple.

Tiago me suelta la mano y se suma a las miradas compasivas:

— Eso hizo?

Ya ubicados en las camillas de pilates, se abre el debate sobre cuán desubicado fue mi hermano o cuán egoísta soy yo por no estar del todo feliz. Todos opinan como si yo no estuviera. Miro fijo al techo y se me empieza a nublar la mirada.

La profe se da cuenta y sugiere:

— Por qué no hacemos los ejercicios en silencio?

Inés se da cuenta que estoy lagrimeando y me pide perdón por si algo de lo que dijeron me molestó.

— No es eso… es que todos están casados menos yo.

Tiago se sienta en la camilla y me dice muy seriamente:

— Vera, tu vida es mucho más emocionante que la de los casados, por qué no te dejás de joder y la disfrutás más?

— Levanto los dos hombros al mismo tiempo mientras esbozo un puchero con la boca, vuelvo a mirar el techo y sigo con el ejercicio. Sigo toda la clase en silencio y casi logro no pensar en nada. (Ah-bueeee,-todo-un-milagro,-Verita!).

A la salida tengo un mensaje de Martín:

— Avisame cuando te puedo llamar.

Le digo que cuando quiera. A fin de cuentas yo soy libre, no sé cómo hace él para llamarme un día de semana a las 9 pm sin que su mujer se dé cuenta.

Suena el teléfono y mi corazón late a cien mil revoluciones por minuto. Atiendo y pongo tono de que yo a esta hora estoy a full porque mi vida de soltera super entretenida así me lo permite:

— Hola

— Hola, perdoname que te llame, es que no paro de pensar en vos.

— …

— No te pasa lo mismo?

— Si, claro, pienso en vos, en tu hoyuelo hipnótico, en las cosas que hablamos.

— Me gustás Vera.

Me río nerviosa, como cuando era preadolescente y ponían los lentos en un baile del colegio.

— Estás casado Martín.

— Ya sé, pero no puedo evitar tener ganas de hacer mil cosas con vos.

— A mí también me encantaría pero me parece que no da.

— Por favor, no seamos racionales hoy. Por qué no disfrutamos un poco de esta fantasía?…y después el tiempo dirá.

Respiro hondo, muy hondo, y me sumo a este juego del que no tengo muy claras las reglas:

— Vos también me gustás. Mucho.

La charla se extiende por una hora. Creamos un mundo perfecto donde todo es posible porque estamos solos él, yo y todas nuestras ganas de compartir un poco de nuestras almas y mucho de nuestros cuerpos.


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¿Querés saber quién soy y por qué escribo? Leé Yo soy Vera