
La verdadera batalla está en el supermercado
Por Beti Ona
A menudo vemos imágenes de levantamientos acompañadas de citas típicas como “no pain, no gain” o “lo que no me mata, me fortalece”. El mundo está lleno de guerreros que levantan toneladas de hierro pero son gordifuertes, o dicho de otra manera, están a 50 semanas del punto de competición, una eternidad.
Por otro lado están los tipos que se ven bien incluso con dietas descrontroladas gracias a la combinación de juventud y genética pero rara vez entrenan fuerte porque no han cultivado ese sentimiento de poder relacionado con el entrenamiento. Viven por y para la imagen, y su imagen es tener el pack abdominal visible, tener un cabello engominado y vestir ropas de marca.
Estos dos subgrupos son novatos, infantes; y eso incluye también a personajes mayores de treinta y cinco años. ¿Quién dijo que la edad evita hacer el ridículo?
Comes mierda ¡Asúmelo!
Entrando en materia, en esta ocasión trataré el tema de la batalla real. Una batalla en la que la gloria sólo reservará espacio para algunos pocos elegidos y es compleja, no consiste en seguir un programa porque a todos nos gusta levantar pesos, no consiste en resistir la tentación y defender la dieta porque cocinar y comer lo que marca un papel no es ciencia de cohetes.
No. La batalla real está en un lugar con luz que te deja ciego, lleno de sonrisas falsas y apatía sumergida. La batalla real está el supermercado. Ese maldito lugar lleno de tentaciones, donde Eva disfrazada de empaques con un diseños perfectamente calculados, está ahí, lista, preparada y con ganas de arruinar tus planes y tus metas. No importa si tu objetivo es perder grasa, ganar músculo, mantenerte saludable o mejorar tu fuerza, nadie quiere ayudar a que tus metas alcancen su final esperado, nadie está allí para recordardate lo que te habías prometido, y los que están, están allí para darte el empujón final, para hacerte caer al acantilado de promesas y objetivos incumplidos. Nuestra sociedad moderna produce una gran cantidad de alimentos, pero el 80% de lo que hay en el supermercado es basura, veneno, porquería, mierda, algo que jamás debió haberse producido. Si se produce no es en tu beneficio, es porque hay unos tipos que se dedican a crear porquerías sin calidad pero con gran sabor, y ellos están ahí con el anzuelo, lanzando trampas por todo el lugar para captar tu atención.
Todo lo que importa ya seas culturista, levantador o simplemente alguien que se preocupa por su salud y bienestar; son las carnes, verduras, frutas, huevos, pescados y ciertos tipos de cerales integrales, el resto es basura, de hecho en un supermercado el 80% de lo que venden no sirve de nada. ¡Asúmelo!
Mi regla es que el 90% de los alimentos de la compra sean extricamente los útiles y necesarios, dejando un 5–10% para algún pequeño capricho.
Si vas a saltarte la dieta con alguna “cheat meal”, que sean helados de bajo contenido en azúcares, bebidas edulcoradas sin calorias, queso graso o frutos secos como semillas de girasol. Evita por todos los medios productos de bollería industrial, las pastas, las pizzas, los dulces y en general todo aquello que contenga gran densidad de calorías y sea fácil de consumir.
La comida es cultura, es educación, la alimentación es incluso más importante que los valores que aprendes a través de la educación para vivir en sociedad.