Y. A. Lues
Dec 17, 2016 · 3 min read

Dado el tiempo suficiente y las decisiones inadecuadas, aprendí que todo se cae a pedazos. Fue, sino, la estáticidad, no estar en movimiento; dar por sentado las razones y no tratar, aunque sea, revertirlo.

Cuando se es mayor, uno aprende que no siempre el tiempo lo soluciona todo. El cruzar los brazos, también señal de cobardía, suele ser una actitud de ciertos (en los que me incluyo) en la que se prefiere abandonar y escudarse ante el pase del tiempo. ¿Razones?, superar dolor o la decepción provocada de una circunstancia determinada.

Pero, ¿es cura?, no lo creo. Sí, es un elemento más y quizás ayude a alivianar los sentimientos negativos, pero la indiferencia también conlleva sus consecuencias, como todo.


Dado que todos vivimos en tiempos y estados diferentes, no siempre se comparte la misma perspectiva… y no compartir la misma perspectiva lleva a discusiones y distanciamientos. De no llegar a un terreno común dentro del tiempo considerable, uno muy lentamente se comienza a desprender. Uno se aleja de aquello que le angustia y se empieza, dado el tiempo suficiente y decisiones inadecuadas, a crear un pasado doloroso.

…y es cuando uno considera “eso” como pasado que se ha llegado a un impasse. “El tiempo soluciona todo” dicen. Alivia, pero uno no olvida… y a uno lo cambia. Uno debe plantearse desprenderse de dicho pasado de forma que el recuerdo no resulte negativo, que no atormente y que pueda mirarse con distancia emocional… o uno podría arreglarlo, volver (si se puede) y hacer las paces.

Pero este escrito no trata de hacer las paces con el pasado. Este escrito trata de que no llegue a considerarse pasado. Arreglarlo antes.


Cuando la situación es reciente, cuando tus cachetes aún arden de la bronca, uno dirá cosas que no siente realmente. Uno enciega, el punto de vista se achica tanto que no verás más allá de tu nariz y de esos eventos desafortunados. Dependerá de uno dar un paso (o dos) para atrás y considerarlo. Perdonar y perdonarse.

Intento aprender a enfrentar, a no contentarse, a no dejar de pasar el tiempo, porque la vida no es estática. Lo decía Osho: la mente es lógica, intentará encontrar explicaciones a todo y se regirá en base a consecuencias, lineal y recto… pero la vida no es así, es dialéctica, zigzaguea entre extremos pero jamás, jamás, se queda quieta. Estaremos tristes y lloraremos, y con las lágrimas recordaremos, y al recordar actuaremos, y al actuar arreglaremos las cosas. Es un ciclo, ¿lo ve?, sin las lágrimas no hay sonrisas.

Aprendí que deambulo entre personas, zigzagueo, aportando en ellas lo que puedo, compartiendo granitos de arena, dándoles lo que yo anhelé por mucho tiempo, cuando la depresión y la tristeza me lo negaban.

Aprendí que uno no debe conformarse con el aislamiento, con estar lejos; acordé moverme entre la gente, volverme dialéctico… y quizá sea difícil entender para algunos, pero uno necesita, en esta vida, compartir… siempre.


Cometí errores, lector. El tiempo pasó e hice las decisiones equivocadas. Pero aprendí a perdonarme.

Ojalá usted también pueda hacerlo. No deje que el tiempo pase.

El Misterio de la Progresión

Una recolección de memorias.

Y. A. Lues

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Escritor en fuga, desmiente que se esconde pero prefiere no ser encontrado.

El Misterio de la Progresión

Una recolección de memorias.

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