Retro Relato

Corría el año 1987–88 ya no recuerdo bien, han pasado demasiados años y demasiadas cosas, pero sí que hay recuerdos que quedan indelebles en la memoria de un niño en los comienzos de su adolescencia.

El caso es que por esas fechas, algún “desalmado” me pasó una cinta pirata con un juego que marcó un antes y un después en la vida de muchos chavales, para algunos fue un juego injusto, con un desequilibrio brutal en su jugabilidad, con un sistema de control confuso y un modo de juego realmente poco amistoso…Para otros, la gran mayoría fue un salto al vacío en lo que respecta a los juegos de la época ofreciendo gráficos de leyenda para máquinas de 8bits, arriesgándose en un modo de juego no muy utilizado en ese momento, en el que predominan los arcades y los juegos de plataformas, el juego nos intenta embarcar en una compleja aventura de investigación dentro de una abadía en la que debíamos resolver unos misteriosos asesinatos que estaban sucediendo en la misma…


Momentos entrañables los que dejó este juego, que convertía las tardes de invierno con la lluvia golpeando tras los cristales en un refugió para la diversión y el reto… Recuerdo esos comienzos complicados en los que no sabías que demonios hacer, en los que pasear te resultaba suficiente para disfrutar del juego. Luego llegó la guía a modo de salvador, que abrió las puertas de los misterios que guardaba la aventura, se multiplicaban los alicientes por superarte, la emoción del reto relegó todos los inconvenientes técnicos que el juego pudiera causarnos, llegando a unirnos en un enlace virtual que traspasaba la pantalla y nos introducía con todos nuestros sentidos en la aventura, pudiendo sentir de primera mano la emoción de vernos implicados en una compleja trama de misterios, engaños y traiciones…

En el caso de lograr la conexión con el juego, era tal, que te volvías personaje de carne y hueso dentro de esta maravillosa construcción de ceros y unos, sintiendo como se entrecortaba la respiración durante las fugas nocturnas, temblar de emoción ante el enigma del espejo, perder los nervios en el laberinto.

Todo esto quedaba destrozado con la llamada del otro lado, una llamada que se manifiesta de muy diversas maneras, tantas como chavales había jugando, muchas veces coincidiendo en tiempos y maneras, siempre había algo que te separaba de tu Matrix particular, una de las más famosas pudo ser:

¡Niñ@, ven a cenar, que llevas toda la tarde metido en el cuarto!

Gracias a esos espíritus libres que se dejan llevar por sus sueños y los comparten con el resto, digo sueños porque eso es lo que hacen, fabricar sueños que todos podemos vivir, muchas veces a expensas de quedarse en un vacío después de haber parido dando todo lo que tenían, no por dinero, si tal vez para satisfacer su curiosidad, afán aventurero y porqué no su ego, están en su derecho.

Ahora, ya en el umbral de la madurez, cuanto más releo el texto que ha resultado, menos sé si éste contiene algo real o simplemente son los recuerdos confusos de un viejo jugador embriagado por el amor de la nostalgia.

Hace frío en este cuarto, ya no consigo crear las emociones de antes, algunos han abandonado el camino pero otros seguimos resistiendo, no es fácil renunciar a volver a experimentar esos momentos.

Dejo este relato que ya no sé para quién es, ni para que lo escribo, lo dejo libre, para que tal vez alguien lo pueda leer y volver a revivir esos momentos en los que la calidez de los amigos llenaba ese cuarto…