Hablismo: el prejuicio que estaba por nombrar

Hace unos días planteé en las redes una duda:

Esta idea me venía dando vueltas un tiempo. El que piensa peor de razas distintas, es un racista. El que juzga a las personas por su clase social, un clasista. El que encasqueta estereotipos negativos a otros sexos, un sexista. Y el que juzga, estereotipa o piensa peor de la gente por cómo habla, ¿qué es?

Lo hemos visto mil veces a nuestro alrededor. Reírse de los acentos «de pueblo», poner a parir a alguien por decir andé o conduciera… E incluso con diferentes idiomas, desde tachar al aragonés de «castellano mal hablado» a creer que aprender irlandés es perder el tiempo.

Hace tiempo en Twitter jugamos con los términos lingüente y delingüente, pero creo que el matiz de delito evoca algo demasiado llamativo. A veces, lo flagrante es lo más sutil. El sexismo puede ser mandar a una mujer a fregar, pero también hacer descuentos en aspiradoras por el día de la madre. Con esto pasa igual.

Al rescate vino mi viejo amigo Viriato, quien dio en el clavo con una solución tan obvia como acertada:

Entendiendo — según una simplificación de Saussure — el habla como realización individual de un concepto social (la lengua), eso sería precisamente el hablismo: el prejuicio de alguna gente hacia la variedad de habla que una persona ha elegido, diferente a la que ellos usarían, por ser alejada del artificial canon ideal que ellos toman como referencia.

Pero, además, mirad qué sorpresa cuando escarbé un poco en el DRAE:

hablista
1. m. y f. Persona que se distingue por la pureza, propiedad y elegancia del lenguaje.

Esto es, realmente, clasismo vestido de seda. «Pureza» y «elegancia» como excusas para separar por la forma de expresarse, entre los que hablan puro y elegante y los que no. ¿Y quién tiene derecho a decidir qué es puro y elegante? Porque no nos engañemos: no hay nada lingüístico por lo que determinar ninguna forma de hablar como objetivamente más pura ni más elegante, ni mejor ni peor, ni más culta ni más educada, ni incorrecta ni mala. Estas valoraciones se hacen en base a prejuicios: en base a hablismo.

Porque hablismo es también que en una serie llena de españoles diversos que viajan por el tiempo solo usen su acento nativo los que tiene un rol cómico y el resto hablen como vallisoletanos. Hablismo es pensar que mientras la RAE no acepte delante tuya, no se puede decir; y si lo haces, eres un analfabeto. Hablismo es pensar que los niños no entenderán bien las matemáticas si se las explicas en gallego. Hablismo es ese empeño en clasificar las lenguas por su utilidad o su número de hablantes.

Pero la riqueza de lo diferente también se aplica en las palabras. No dejes que nadie te avergüence de tu forma de hablar, ni te dediques a avergonzar a nadie por la suya. Como sociedad, puede que hayamos comenzado a detectar y eliminar nuestros comportamientos clasistas, racistas y sexistas: pero ha llegado el momento de empezar a hacer lo propio también con los hablistas.