El test de Bérber

“The Rule”, Dykes to Watch Out For (1985). Por Alison Bechdel.

¿Conocéis el test de Bechdel? Es una sencilla prueba con la que medir el nivel de presencia femenina en obras culturales. Se coge la pieza (película, serie, etc) y se mira si tiene 1) al menos dos mujeres con nombre 2) que hablen entre ellas 3) de algo que no sea un hombre.

Que algo falle esta prueba no significa que sea machista, y que lo pase no significa que sea paradigma de la igualdad. Pero si casi todas las obras que analizamos fallan un test tan simple, es sintomático de que algo va mal.

Igual que tenemos ese test para medir la incidencia del sexismo, pensé que sería útil crear un equivalente que midiese la incidencia del hablismo. He decidido llamarlo el test de Bérber, mezclando en homenaje el Bechdel original con la base b-rb-r. Esta serie de sonidos se han usado históricamente para reírse de la gente que habla diferente (y que han dado en castellano desde los bárbaros al bable, pasando, como es obvio, por los bereberes).

El test de Bérber quedaría así: para superarlo, una obra debe tener

  1. al menos dos personajes con nombre que hablen una variedad no estándar
  2. entre ellos
  3. sin propósito cómico o de exclusión

Veamos los puntos uno por uno.

Dos personajes con nombre que hablen variedad no estándar

Este punto viene heredado del test madre y es básico. Estamos midiendo la representación de personas que hablen distinto al canon. Si no tenemos al menos dos personas con peso suficiente para tener nombre, mal vamos.

El punto de referencia varía según el objeto a analizar. Variedad no estándar puede ser tan sencillo como un acento distinto. Por ejemplo, en una película española, alguien hablando con acento gallego sería una variedad no estándar. Pero en una película gallega, el marco cambia y la variedad no estándar podría ser emplear rasgos como gheada o seseo.

De la misma forma, la variedad no solo se trata de acentos. Es sospechoso que en una serie española los personajes, por ejemplo, catalanes, nunca hablen entre ellos en catalán. En todos estos casos, sea de forma consciente o no, se está pintando la sociedad de forma homogénea. Y eso, aparte de erróneo, es malo. Cuando ocultas la diversidad social, haces que se acabe pensando que de verdad es así de monolítica.

Que hablen entre ellos

Este punto también viene del test madre (que está muy bien pensado). ¿Por qué es importante que esos dos personajes interactúen?

La razón es que que los personajes mujeres (en Bechdel) o no-estándar (en Bérber) han de ir más allá de ser atrezzo en la vida del protagonista. Hacerlos orbitar alrededor de un personaje central perfectamente «neutro» lleva a plantear cada uno de ellos siempre en contraste con el canon y a reducirlos a ser la nota exótica. Para romper esta visión tiene que normalizarse el cruce de variedades y para ello es necesario que estos personajes creen vínculos y redes sociales entre ellos.

Sin propósito cómico o de exclusión

Este nuevo punto, que es sin duda la clave, va muy ligado al anterior. La idea de trasfondo, tanto en Bechdel como en Bérber, es la misma: el personaje no-estándar ha de estar por sí mismo y no para avanzar la trama del central. No está para que nos riamos de él, aportar gracietas, o ser «el otro» para la audiencia.

Quizá se ilustra mejor con ejemplos. El más típico es el de la película de acción de Hollywood donde los únicos que hablan distinto son «los malos», que vienen de un lugar remoto. Con esto lo que se acaba por conseguir es que hablar diferente se vea como algo extraño, de fuera, que provoca recelo y miedo.

El otro nos coge más cerca. Es el de la eterna sitcom española donde no puede faltar su chacha andaluza. ¿Qué hace este estereotipo? Perpetuar esos rasgos como ajenos y sólo apropiados para dar risa. A fuerza de ello, muchos andaluces viven en la diglosia, reprimiendo inconscientemente su acento en contextos formales.

¿Por qué se usa como chiste que un catalán suelte un «collons!» cuando se enfada? ¿Por qué se busca la comicidad al responder con un «En cristiano, por favor» ante el uso de otra lengua? Porque el chiste no es lo que se dice, sino cómo se dice. Una cosa es caracterizar. Si alguien es de un sitio, está bien que se le note. Pero hablar una variedad no estándar no debería encasillar automáticamente el personaje como mono de feria. España tiene muchos acentos, dialectos, idiomas y rasgos que están presentes en la sociedad con total normalidad y no suponen motivo de risa ninguno ni una barrera que separa entre «nosotros» y «ellos» .


Bechdel y Bérber no son razón para automáticamente descartar una obra, como ya se dijo. Pero cuando la mayor parte de la producción cultural en una muestra no supera el test, algo está fallando.

Reto a las televisiones a crear un rudo y serio héroe de acción que cecee. Les reto a sacar al aire a un presentador de informativos al que no hayan enjuagado la boca con lejía castellana hasta que suene tan aséptico como el Loquendo. A crear una serie donde la policía alicantina converse con la jueza cacereña sobre el último caso — y ambas dejen ver sus rasgos. O un drama donde la chica de Mieres, recién llegada a Madrid, llame a sus padres por teléfono y se dirija a ellos en asturiano.

Que estos planteamientos sean tan reales y suenen a la vez tan imposibles de ver indica mucho de la pobreza multicultural de las producciones de masas en España. Y de la necesidad de empezar a aplicar el test de Bérber.